Capitulo 1

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Los gritos agonizantes, y la sangre manchando las paredes era el pan de cada día, dentro de ese lugar

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Los gritos agonizantes, y la sangre manchando las paredes era el pan de cada día, dentro de ese lugar. Las finas paredes blancas, y el piso de mármol del mismo lugar, le daba todo el toque para parecer un hospital común y corriente, o al menos eso sería si el lugar no fuera llenado de gritos desgarradores. El toque con brusquedad, me hizo regresar a la realidad. Los guardias habían traído mi desayuno, esa cosa viscosa y amarilla que había estado consumiendo desde que llegué aquí, hace catorce años. Espere pacientemente a que esta se enfriará un poco, sabía por mano propia lo caliente que está estaba.

—Si mis cálculos son correctos, hoy es fin de mes.—Observé las lineas de la pared que me ayudaban a saber cuántos días, llevaba ahí dentro.

Tome el plato de alimento, para comenzar a comer, en algún momento mi estómago se había acostumbrado a esa asquerosidad. Era eso o morir de hambre como mis otros compañeros, que habían osado ponerse demandantes por otra comida, sin embargo yo había callado mis reclamos. Tiempo más tarde me enteré que esos sujetos habían muerto, fue ahí cuando entendí que tenía que bajar la cabeza, para poder sobrevivir ahí dentro. Poco tiempo después termine mi desayuno, tendría que esperar hasta el día siguiente para volver a llevarme algo dentro de la boca.

Por la rejilla de la puerta de metal, vi como los guardias se llevaban al último sujeto que quedaba. Ahora, yo era el único sobreviviente dentro de ese lugar, lo que me quería decir, que pronto sería yo el siguiente en ser llevado a una silla metálica.

—Han pasado 200 minutos, desde que dieron las cinco de la mañana.—conte en mi cabeza el tiempo que había transcurrido.

La única forma de mantenerme cuerdo dentro de ese lugar, era contar el tiempo que pasaba desde el ocaso hasta el anochecer. Tenía que mantener mi cabeza ocupada, así no caería en la realidad. Ese había sido el error de los demás sujetos, habían sucumbido a la locura. Cuando llegue a este lugar, escuchaba todas las noches a los demás sujetos golpear su cabeza contra la baldosa blanca de la pared, otras arañar la puerta de metal o la pared y unas cuantas sus gritos mientras ellos mismos, se mataban. La escena era macabra, siempre que tenía que pasar por esos lugares, trataba de hacerlo en silencio. Las habitaciones de los demás sujetos, regularmente estaba bañada en sangre, cuando se lesionaban hasta la muerte, podías encontrar el cuerpo desmembrado de ellos. Su locura era tanta, que sucumbían a sacarse las entrañas para escapar de ese lugar.

El techo blanco, era lo único interesante además de la ventilación en el lugar, pero eso ya no llamaba mi atención, había memorizado cada tramo de mi pequeña habitación, al grado que si cerraba los ojos podría saber dónde estaban las cosas con exactitud. A veces imaginaba que estaba fuera, en los prados verdes o en el mar, mirando el cielo azul y hermoso, tal como lo describía los libros. Tenía que recurrir a menudo a estos, si quería saber cómo era el exterior, realmente no recordaba cómo era este. Había llegado al edificio con tan solo seis años, desde entonces han pasado catorce. Solo permanecían nulos recuerdos.

Nombre: Hyukjae
Nacionalidad: Coreana.
País: Corea del Sur, provincia de Busán.
Género: Masculino.
Clase de Pertenecía: Demonios Rojos.

Leí en la placa de la pared frente a mí mis datos, sino fuera por ella, no sabría siquiera cuál era mi nombre o de donde provenía. Era lo poco que sabía. Con los brazos detrás de mi cabeza, me dirigí al mundo de fantasía en el que todo el tiempo me sumergía. En él, había pasto verde, árboles de frutos alrededor y en el centro una pequeña casita, donde una sombra esperaba a mi llegada. No sabía si era hombre o mujer, lo único de lo que estaba seguro, era que siempre que llegaba a su lado, me sentía como en casa. La sombra me acobijaba en sus brazos, y me daba el calor y seguridad que anhelaba.

Salí de mis fantasías al oír la puerta de metal abriéndose, era la hora del baño. Una vez a la semana está se abría para que los experimentos como yo, tomáramos una ducha. Solo contábamos de escasos cinco minutos, si tenía en cuenta que la caminata de mi habitación hasta las duchas era de casi dos minutos, solo contaba con menos de tres minutos para ducharme y regresar antes de quedarme fuera de mi habitación. Sería lo peor que me podría pasar si me quedaba fuera de está, también por experiencia lo sabía, no de en vano tenía bastantes cicatrices en mis brazos y cuerpo.

—Es hora.

Sin pensarlo mucho, corrí hasta las bañeras, donde cerré con seguro para estar a salvo. Los demás sujetos podían ser peligrosos, al grado de matar a los demás para conseguir un poco de carne que ingerir. Era abominable. Las veces que me había quedado afuera de mi habitación, había sido participe indirecto de una sanguinaria escena, en ella había cuatro sujetos comiendo de las entrañas de otro sujeto. Este tenía las tripas salidas, y ya no contaba con el hígado, los sujetos que se alimentaban de él, me intentaron atacar, sino hubiera sido, porque la puerta de las duchas aún estuviera abierta, hace mucho me habría convertido en la comida de alguien más.

—Dos minutos, exactos.—cerre las duchas, para ponerme mi pantalón con rapidez. En mi habitación me podría mi demás ropa.

El agua de las duchas estaba helada, y el salir sin nada más que un pantalón cubriendo mi cuerpo, me hizo resentir aún más el frío. Mientras corría de regreso a mi habitación, podía escuchar gritos de otros sujetos, quienes sabía que estaban siendo devorados. También por experiencia propia, había aprendido que lo mejor era salir de mi habitación en cuanto la puerta fuera abierta, si me quedaba en ella, era voluble a qué me atacarán con más facilidad, y no tendría salida. Durante los cinco minutos que se nos daba para salir, podíamos hacer lo que quisiéramos desde salir al baño a hacer nuestra necesidades o ducharnos, hasta matar a otros sujetos de la residencia.

El conteó que la alarma daba antes de cerrar las puertas, me hizo sentir enfermo. Estaba lejos de mi habitación, no llegaría a tiempo, sino me apresuraba, pero sentía mi cuerpo pesado y demasiado frío. Sin embargo, me forcé a apresurarme cuando los gruñidos de otros sujetos cerca de mi, me hicieron saber que corría peligro. Con un gran respiro me tiré al suelo helado de mi habitación, más el golpe fuerte y gruñidos en mi puerta me hicieron saltar. Los sujetos que me querían devorar se encontraban furiosos, golpeando mi puerta para entrar, por suerte —en estás ocasiones— está era tan resistente que ni con diez hombres se caía. Después de un rato se hartaron y se fueron, o eso quise pensar.

—Pronto saldrás hyukjae. Estoy seguro de ello.—Me di ánimos a mi mismo antes de ponerme a dormir.

Otra cosa que me hacía mantenerme cuerdo, era el saber que en algún momento saldría de ese lugar y sería una persona común y corriente como los demás. Debía mantenerme cuerdo, si quería encajar en la sociedad. Aunque ellos temieran de la gente de ojos de color rojos como yo, ellos pensaban que los ojos de este color significaban sangre, masacres y matanzas. Teníamos que ser aislados de la sociedad.

RED | EunhaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora