Draco Malfoy no siempre fue el engreído chico malo de Hogwarts, Helena Whalen lo sabe perfectamente, ha sido su mejor amiga desde que tiene memoria y nunca creyó que eso cambiaría. Sin embargo, sus vidas tomaron caminos diferentes por un instante, e...
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Todos sabían que vendrían tiempos difíciles, Helena, Harry, Hermione y Ron no regresarían el siguiente año a Hogwarts, irían en busca de los Horrocruxes. Harry regresó a Privet Drive, pues ahí estaría a salvo, al menos hasta que cumpliera la mayoría de edad. Hermione se fue con sus padres, aprovechó todo el tiempo que pudo con ellos, Ron volvió a la Madriguera y Helena regresó a casa con su padre, no quería volver ahí porque le traía recuerdos, pensó en todo el tiempo que desperdició cuando peleaba con Draco.
—¡Ya llegué! —dijo la ojiazul entrando a su casa.
—Bien, hija, empaca todo lo que puedas —dijo Richard con su varita en mano cerrando todas las cortinas.
—¿Por qué? —preguntó Helena temerosa.
—¡Tú sólo hazlo! —ordenó su padre tomándola de los hombros y la miró preocupado. Helena supo lo que se avecinaba así que apresuradamente subió a su habitación a empacar todas sus cosas. La chica tomó un bolso mediano y le hizo un hechizo de expansión, comenzó a guardar todo hasta que sólo se veía la cama y algunos muebles. Se colgó la bolsa y salió de su habitación, cerró la puerta y al levantar la mirada se decepcionó un poco, se había acostumbrado a ver un par de ojos grises saliendo del cuarto de enfrente. Helena entró a la habitación que había utilizado Draco mientras se quedaba en su casa, estaba vacía, al parecer no había ni rastro de que alguien la había utilizado, siguió vagando por el lugar y revisando cada esquina, abrió un cajón y encontró un cuaderno con tapas negras y en el centro estaba el símbolo de Slytherin en plateado.
—Seguramente es un cuaderno de Hogwarts que olvidó —se dijo Helena en su mente, aunque parecía más un diario que un cuaderno, lo abrió, se sentó en la cama y comenzó a hojearlo. En una página se leía la fecha "5 de junio de 1991", el cumpleaños número once del rubio, sin embargo no había nada escrito, ella tomó su varita y apuntó hacia la hoja—. Revelo —musitó, unas letras aparecieron pero apenas y eran visibles. Helena se acercó para ver si podía distinguirlas, en eso sintió que el diario la absorbía y la chica cayó en la sala de estar de la Mansión Malfoy. Observó a su alrededor y vio a un Draco de once años sentado en el sofá con un sobre en sus manos, Lucius y Narcissa estaban del otro lado discutiendo sobre a dónde debía ir el chico.
—Le ha llegado su carta, es mejor que vaya a Hogwarts —dijo la mujer.
—Durmstrang es mejor opción —replicó su esposo.
—¿Sugieres que nos mudemos al norte para que pueda asistir?
—No, pero puedo hablar con su director y hacer que lo acepten.
—Yo quiero ir a Hogwarts, padre —dijo Draco mirándolo—, tal vez Helena vaya también.
—Hijo, ella asistirá a Beauxbatons, su madre así lo decidió.
—Como sea, yo no quiero ir a Durmstrang.
—Lo discutiremos cuando regrese —dijo Lucius saliendo de su casa. Narcisa se acercó a su hijo y pasó su brazo por sus hombros.