Introducción.

120 9 0
                                        

Y nadie ve como ella
Ellos pueden decir que hace ella
Y ella nunca muestra sus sentimientos
Pero la tonta en la colina
Ve el sol que se esconde
Y los ojos en su cabeza
Ven al mundo dar vueltas.

La inanidad siempre ha inundado mi ser desde que tengo memoria; mamá decía que nunca fui como las demás niñas de mi edad, no jugaba con muñecas, no pataleaba por algún vestido o sombrero que me era negado por falta de economía para simplemente llenar un aspecto superficial de la mente femenina, y me rehusaba a la idea de recorrer el llano emocional que mis progenitores me habían mostrado con su ejemplo. Y puedo creerle, ¿es eso lo que me impidió sentir tanto afecto como las demás personas? ¿o será alguna enfermedad mental crónica? No lo sé, pero a veces le temía. Le temía a la idea de no pertenecer a algo... o a alguien. A no tener la capacidad de amar y ser amada.

En un mundo en el que el amor juvenil y apasionado impregnaba los cuerpos, mentes y almas de bohemios adolescentes envueltos por el rock and roll, skiffle y la cultura rebelde naciente americana y que se había transportado hacia los puertos liverpulianos mi presencia no encajaba.

A veces, tienes la suerte de encontrar una persona tan loca o tan extraña como tú, pero, cuando la vida te sonríe, encuentras a más de una persona y, encuentras amistad y amor.

Jamás fui una persona que se sintiera perteneciente a un solo lugar y menos a una sola persona en el plano del amor romántico. Nunca busqué algo más allá de un enredo pasional de una sola noche. Nadie jamás había sido tan relevante o interesante como para quedarme para siempre.

Pero algún día tenía que ocurrir. Esa persona al final llegaría.

Y para bien o para mal esto nos rebasó, para salirse de control.

De lo que trataba de huir, terminó por atraparme. No me di cuenta en qué momento o de qué forma pasó. Vino enmascarado como mi primer amor, mi solución... pero finalmente, mi perdición.


B U S I N E S SWhere stories live. Discover now