carta 1.

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14 de enero, 1930.

Querida Lucrecia:

       Espero que se encuentre bien. Perdone si la estoy molestando pero desde ayer estoy pensando en lo que me dijo.
Me alegra que nos entendamos tanto, siento que a usted le pasa lo mismo. He tenido tantas amigas pero nunca me habían marcado tanto como usted, es una persona maravillosa.
Con respecto a su pregunta, no creo en Dios. Por más descabellado que suene, siento que no necesitamos a nadie allí arriba para tener cosas buenas en la vida, y esa fiesta me lo ha demostrado.

Espero su respuesta con ansias, y me gustaría que algún día vuelva a la ciudad así puede pasar una tarde conmigo y tomar el té.

         Con cariño, Amanda.

1930: cartas prohibidas. (L)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora