Prólogo

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Estaba en una sala oscura, tanto que no podía ni ver su propio cuerpo y aunque intentara moverse no podía por las sogas que le sujetaban firmemente a la silla.

Intentó gritar pero no pudo por la mordaza que le habían puesto en la boca.

No entendía nada. Estaba aterrada y las lágrimas salían sin control porque no solo no sabía donde se encontraba sino también porque desconocía las intenciones de su "secuestrador".

Iba a seguir forcejeando con las cuerdas cuando la puerta se abrió y por fin pudo visualizar mejor donde estaba por las luces de fuera.

La sala tenía las ventanas destruidas y sustituidas por ladrillos y por lo que pudo divisar también tenía una pequeña mesa en un rincón.

Identificó el lugar en un momento, era el sótano de su propia casa, el cual le habían prohibido entrar en cualquier circunstancia.

Dejó de darle importancia a eso porque una persona se acercaba peligrosamente a ella.

No podía ver bien su rostro porque estaba en contra de la luz y la sombra le tapaba la cara, pero así que llegó junto a ella lo reconoció de inmediato.

Soltó un jadeo ahogado.

- Querida - susurró el hombre cerca de su cara llorosa - No llores pequeña, todo estará bien.

Poco a poco sacó la mordaza que le cubría la boca pero antes de que ella pudiera siquiera gritar, él hombre le tapó la boca con la mano y le susurro bajito en su oído.

- No hagas nada tonto - estaba tan cerca que sentía su aliento rozar su cuello - O puede costarte caro no solo a tí

- Papá, ¿p-porque haces esto? - preguntó la niña nerviosa con las lágrimas empapando sus regordetas mejillas - ¿Ya...ya n-no me quieres?

- Claro que te quiero pequeña - le respondió el mayor sosteniendo su rostro entre sus dedos y mirándola con indiferencia todo lo contrario a su tono de voz que era aterradoramente dulce - Solo hago esto porque me desobedeciste hija.

No entendía a qué se refería.

Ella era una niña muy obediente, siempre había hecho todo lo que sus padres le decían sin rechistar, no se acordaba de alguna vez haber desobedecido a su padre y mucho menos hecho algo para que llegara a "secuestrarla" porque los padres no hacían eso, o si?

- Sabes querida, me pesa mucho tener que hacer esto contigo pero has hecho algo que no te puedo perdonar - regañó con voz dura y fría, nada comparada a la dulce que estaba utilizando antes.

- Pero papá, no me acuerdo de haber hecho nada malo - habló con seguridad en la voz porque aquel era su padre, podría querer castigarla pero nunca le haría daño - Por favor déjame ir, prometo hacer todo lo que tú y mamá digáis - suplicó la niña ya cansada de estar allí.

- Lo siento, pero no puedo - aclaró con indiferencia para apartarse y caminar hacia la mesa donde habían algunas cosas parecidas a herramientas que ella no había notado antes - Has visto demasiado y no puedo arriesgarme.

Empezó a caminar hacía ella con lo que parecía ser un cuchillo, pero era más pequeño.

Ella empezó a removerse desesperadamente intuyendo las intenciones del hombre que veía como padre, pero que ahora no pasaba de un desconocido.

Ella podría ser una niña de diez años, pero eso no significaba que no fuera inteligente lo suficiente para saber que iba a pasar a continuación. Y estaba asustada, muy asustada.

Su padre llegó junto a ella y cuando estaba por decir algo ella aprovechó esos segundos de distracción y le pateó las partes bajas.

Él gimió de dolor y cayó de rodillas al suelo soltando el cuchillo, la niña se estiró lo más que podía en la silla y con sus pies empujó el cuchillo hacia atrás hasta que sus dedos rozaron la lámina.

No le importaba que ahora sus dedos estuvieron sangrando, empezó a cortar las cuerdas que la ataban a la silla consiguiendo soltarse y casi rompiendo la muñeca por la posición que tuvo que estar para hacerlo.

Se levantó de un salto y empezó a correr hacia la puerta que estaba entreabierta.

Cuando su mano tocó la perilla, sintió una mano agarrarla del brazo y empezar a arrastrarla lejos de la puerta de salida a lo que ella empezó a patalear y a gritar todo lo que podía.

Alguien debía escucharla, tenían que hacerlo.

El hombre, que ya se había recuperado de la patada la volvió a sentar en la silla, pero esta vez él mismo la sujetaba con fuerza mientras ella seguía pataleando y gritando por ayuda.

Un golpe en la mejilla la hizo callarse.

- ¿¡Que hiciste mocosa estúpida!? - la presión en sus brazos era mucho más grande y estaba segura que quedarían marcas - Te aseguro que acabas de firmar no solo tu sentencia.

La niña empezó a llorar porque sabía que ahora no tenía posibilidades de escapar y que probablemente no saldría de allí.

Unas pisadas y una vocecita débil y ronca por el sueño se escucharon fuera de aquella habitación logrando estremecerles a los dos.

- ¿Hermana? - llamaba la voz con duda mientras se acercaba más y más en donde estaban ellos - ¿Estás ahí?

- Joder - escuchó que decía su padre por lo bajo.

Sintió un enorme alivio cuando escuchó esa voz que conocía tan bien y que tanto adoraba.

Iba a salvarla, iba a vivir un día más gracias a su salvador.

Cuando creía que por fin iba a salir de allí en una pieza, su padre susurró de forma casi inaudible.

- Grave error niña

La voz se acercaba más y más hasta que cuando por fin dió con la puerta y la abrió se quedó sin habla mirando la escena horrorizado.

- ¿E...E-Eri?

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Holiiii (/^v^)/

Este es el prólogo de esta historia que la verdad vengo planeando hace meses y por fin me animé a publicar, espero que os guste.

Soy nueva en todo esto y realmente espero que disfrutéis de esta hermosa historia, porque yo definitivamente me estoy divirtiendo muchísimo escribiéndola, así que nada, solo vengo a escribir todo esto abajo de todo como la pendeja que soy \(>v<)/

Unsolved / Tododeku/ Au: PolicíaStories to obsess over. Discover now