A lost dog and beats of the rain

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Nota antes de comenzar: ¡Hola! Primero que nada, el fanart de la portada pertenece a DARR. Bueno, cada capítulo de esta pequeña novela llevará por título el nombre de la canción que escuché para inspirarme a escribirlo. Se las recomiendo mucho. Espero les guste y si pueden dejen sus comentarios, ya que siempre me ayudan mucho para mejorar mi escritura. Disfruten.

ASIAN KUNG FU generation - A lost dog and beats of the rain

-Tu madre nunca esperó nada de ti y aún muerta la sigues deshonrando.

Las palabras se suspendieron en el denso ambiente como una neblina húmeda y sofocante. O por lo menos, así era como Kim Tae-hyung las imaginaba. Por fuera, parecía mas bien distraído, mirando los enormes goterones que se escurrían en la ventana. Sin embargo, tales palabras le herían en el fondo. Su tía, la hermana menor de su madre, quien se hallaba sentada frente a él ya no medía el tono ni la severidad de su discurso. No la culpaba. A sus veinticinco años sabía ya de sobra lo mucho que le irritaba a la gente hablar con él por más de diez minutos. En especial si se le preguntaba por alguna verdad. Por más problemas que pudiera evitarse, él era el tipo de persona que no le salían bien las mentiras.

Así pues, aquella tarde había acabado por contarle a su tía el motivo por el cual había perdido su empleo y la razón por la que debía de salir de Corea inmediatamente.

- ¿A qué hora dijiste que te vas mañana? - preguntó ella poniéndose de pie con movimientos buscos.

-Mi vuelo sale a las cinco de la mañana. - respondió él con su característico tono de voz monótono, agradeciendo en el fondo que el concurso de talentos que pasaba por la televisión abierta fuera a comenzar pronto. Sólo así su tía dejaría de sermonearlo. -Pediré un taxi. No hace falta que me despidas, tía.

-Menos mal. Porque no pensaba hacerlo.

La mujer cruzó la puerta corrediza y se dirigió hacia la pequeña sala de estar para encender el televisor. Tae-hyung dejó transcurrir unos minutos hasta que la mujer estuviera bien adentrada en el espectáculo para poder escurrirse fuera del apartamento sin ser notado. Bajó por las escaleras de emergencia hasta la planta baja y antes de salir a la acera se metió un cubo de goma de mascar con sabor a fresa a la boca. Dejó que el sabor artificial se le disolviera en la legua. Después salió a la calle.

Era una noche oscura y la lluvia seguía cayendo, fría y tupida. Los automóviles se embotellaban en la avenida mientras él los contemplaba con cierto aire de alivio al tiempo que hacía bombas con la goma de mascar. Esos pobres conductores con aspecto de oficinistas debían sentirse igual de atrapados que él hacía unos momentos en el apartamento de su tía. ¿O quizás como él durante toda su vida?

Masticó la goma y luego soltó un suspiro.

No debía estar parado allí, en primer lugar. Alguien podría verlo, reconocerlo y llamar a...

Un escalofrío le recorrió la espalda, pero se desvaneció pronto. Por supuesto, Tae-hyung le temía a una inesperada muerte a manos de un sicario chino contratado por el esposo de su ex amante, pero le causaba el mismo pánico ser rotundamente olvidado.

En unas horas se marcharía de Seúl por un tiempo indefinido y, ¿acaso alguien de acordaría de él alguna vez?

El Zanahoria

Con suerte, sus alumnos de primer grado lo recordarían en el futuro con ese apodo tan ridículo que le habían puesto. ¿Por qué El Zanahoria? Quizás nunca lo descubriría. Pero incluso los demás profesores sabían del dichoso pseudónimo y nadie se había molestado en defenderlo o reprender a esos niños. Porque, evidentemente a él no le hacían caso.

Había sido profesor de primer grado en una escuela primaria por casi un año y no había logrado ni una sola vez controlar a su grupo. Aún a esas alturas no lograba descifrar por qué. Había concluido la universidad con relativa suficiencia. Conocía la teoría, había pasado bien los exámenes y las acreditaciones. Todo indicaba que podía ser un buen maestro, pero... no lo era.

Te lo dije.

Sí, su madre se lo repitió hasta el cansancio, que lo de ser maestro no le iba y que mejor estudiara algo donde no tuviera que aparecer mucho enfrente de otras personas.

-Mejor se bibliotecario o contador...

Pero si Tae-hyung quería enseñarles a los niños de primaria, ¿por qué iba a ser tan difícil? Tampoco era como que quisiera ser diplomático o presidente. Él sólo quería ser la persona que marcara el principio en el camino de cientos de niños que se convertirían en el futuro de una prospera nación. Quería abrir sus mentes y otorgarles las alas para volar.

Pero para desgracia suya se encontró un montón de pequeños individuos tan malévolos como adultos a quienes por más que quisiera, no podía controlar.

¿Cuántas veces se halló en medio del salón, con los brazos cruzados, fingiendo estar molesto y repitiendo los nombres de los niños que brincoteaban y lanzaban cosas alrededor de él para que le prestaran atención?

Patético...

Pero fue en uno de esos tantos días que notó la presencia del único niño que le notaba y quien permanecía en su asiento, mirándolo con aire expectante de aprender algo nuevo. A decir verdad, fue por él, Kiki, por quien decidió no darse por vencido. Así a los pocos meses, ambos se volvieron inseparables. Kiki no tenía amigos tampoco por tanto pronto acabaron tomando el almuerzo juntos para hacerse compañía y hablar sobre libros y películas.

Debido a esta especial simpatía entre alumno y maestro, llegó a los odios de la madre de Kiki lo encantador y magnífico que era El Zanahoria. Aunque por otro lado los demás padres de familia exigieran un cambio de profesor para sus hijos al varios de ellos haber descubierto los libros de los infantes casi en blanco.

Así, una breve y formal invitación a tomar el té a casa de Kiki, llevó a un café menos formal, y a otro hasta que meses después el niño los encontrara, a él y a su madre consumando relaciones carnales en su propia cocina. Tae-hyung recordaba con claridad el rostro de Kiki al descubrirlos. Sus labios secos entreabiertos, las mejillas encendidas, la nariz escurriendo por un orificio un líquido espeso verdoso, los ojos como platos.

Le había arruinado la vida al único niño que lo quería.

Por eso había aceptado ser expulsado de la escuela al día siguiente. Por eso había decidido tomar sus cosas y abandonar su departamento cuanto antes. Por eso soportaba las amargas palabras de su tía. Por eso estaba parado allí afuera, esperando que el marido de su ex amante lo mandara a acribillar por un sicario chino montado en una motocicleta.

Porque se lo merecía.

Pero, a fin de cuentas, nadie lo acribilló. La lluvia cesó y Tae-hyung escupió la goma de mascar insípida en una jardinera. Al volver al apartamento, tomó un breve descanso para luego coger su maleta y llamar a un taxi para marcharse al aeropuerto.

Antes de abordar, su móvil timbró un par de veces. El muchacho dudó en contestar. Pero finalmente descolgó.

- ¿Sigues aquí? - inquirió la voz del otro lado. Era la madre de Kiki.

-Estoy a punto de irme.

-Lamento oír eso. De verdad. Pero creo que es lo mejor. Mi marido no ha parado de buscarte.

-...

-Ojalá y las cosas hubiesen sido diferentes. Siempre pienso eso, ¿sabes? Ojalá y nos hubiésemos conocido antes. En la universidad, por ejemplo.

-Ya tengo que irme.

-Yo también. Mi marido está dormido, pero tengo miedo de que pueda despertar en algún momento. Hasta luego y... Te quiero.

Hubo un silencio incómodo y por último ella colgó.

La verdad era que él también la quería, pero ya daba igual lo que él sintiese. Sería olvidado por sus alumnos, sería recordado sólo por Kiki con odio.

Tiró el móvil a un contenedor de basura antes de subir al avión. Si iba a marcharse a un lugar lejano era para comenzar desde cero. 

A Lost Dog Singularity  | Kim Taehyung fanficStories to obsess over. Discover now