Capítulo 1. Bienvenido de nuevo.

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Los estudiantes dejaban escapar la euforia contenida en los anteriores sets, los gritos de aliento a los jugadores resonaban en la cancha, algunos de los carteles flotaban sobre las miles de cabezas de los jóvenes hechiceros. Roque sostenia su cartón al parecer en blanco y lo agitaba sobre su cabeza mientras observaba y gritaba a favor del equipo gris.

El joven de cabello rubio saltaba y se deslizaba por la cancha con mucha cautela sin perder la compostura, el enorme monstruo frente a él agito su garrote de madera para golpearlo pero él salto directo a su cabeza en donde lo recibió con una patada que provocó que en unos segundos se desplomara pesadamente en el suelo, en donde resplandecieron las runas alrededor de toda la cancha, el brillo se intensificó hasta que el troll desapareció volviéndose polvo.

Roque se levantó emocionado y gritó agitando el cartel. El chico rubio volteo y lo observó molesto acercándose poco a poco hasta llegar frente a él.

-Tranquilízate un poco.

-¡Pero eso fue increíble! Ese movimiento que hiciste y luego la patada ufff- Dijo intentando imitar sus movimientos.

-Todos los partidos dices lo mismo, incluso en los entrenamientos.

-¡Es que eres increíble! Nadie podría hacer lo que tu.

-A excepción de todos los jugadores del equipo y los demás que juegan de otras escuelas.

-Te quitas demasiado el crédito, todos sabemos que eres el mejor jugador de la escuela.

-Olvídalo, vamonos ya.

-¿Contigo? ¿Yo? ¿Ahora?

-Si no quieres puedes quedarte aquí.

-¡Si quiero! ¡Si voy!

Ambos caminaron juntos hasta dejar la cancha, aun lograron escuchar los gritos y parloteo de los espectadores pero se limitaron a seguir su camino sin prestarles atención.

Roque miraba de reojo al otro chico, él era desde todos los ángulos posibles apuesto. El cabello rubio le llegaba hasta la espalda baja, sus ojos dorados resplandecían con la luz y su piel lechosa solo lo hacia resaltar a cualquier lugar al que fuera. En comparación a él, Roque llegaba a sentirse algo acomplejado, su estatura con trabajo sobrepasaba el metro y medio, su cabello castaño se dirigía en todas direcciones al estar cortado tan descuidadamente (Y es que él mismo se lo recortaba cada mes para ahorrar algo de dinero), a su parecer lo único que podría hacerlo ver bien eran sus ojos pues eran de un color peculiar, en ocasiones se eran azules, en otras verdes dependía mucho de la luz y el angulo desde el que se observaran.

A pesar de todo esto, Roque era un chico bastante alegre, parlanchín y muy amigable. Se llevaba bien con todos los chicos de su clase y en ocasiones hablaba con chicos de otros grados pero no tenia como tal un solo amigo. Muchas veces la ansiedad le ganaba y se alejaba de todos para poder recuperar el aliento, la uncia excepción desde que había llegado a la academia hace dos años era Kol, en un principio su apariencia había llamado su atención pero con el tiempo había caído por completo enamorado del delgado chico y este lo había descubierto casi al instante pues la actitud tan torpe de Roque lo delataba por completo.

El día de hoy sería especial, Roque se había decidido a confesarse propiamente, su plan era simple: Asistir al partido como cada viernes, después ir juntos a la reunión en la ciudad y al terminar regresar a la academia y mostrarle el lugar secreto en el jardín en donde por fin se le declararía. ¿Qué podía hacer? Era un romántico empedernido de primera y no le molestaba para nada.

-¿Qué clase de reunión es?- Kol interrumpió el silencio.

-Mmm... Algo sobre plantas mágicas, no preste mucha atención cuando lo anunciaron.

Alea iacta estWhere stories live. Discover now