Inicia la travesía

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Siendo guiado por Yuki, el grupo caminaba furtivamente por el bosque que rodeaba al claro. El conocimiento del bosque por parte del silfo, había resultado tan eficaz, que hasta el momento, no habían tenido que enfrentarse a las patrullas enemigas. Sin embargo, era preciso reconocer, de ser el grupo un poco más grande, la tarea se hubiera visto dificultado enormemente.

La aparente tranquilidad de la zona, no obstante, no impedía que Frederick caminara con el arma cargada, al igual que los elfos que los rodeaban, quienes mantenían en todo momento desenvainadas sus espadas. Transcurridos unos minutos, sin embargo, dicha precaución demostró ser ineficaz: una enorme bola de fuego impactó de lleno en la vanguardia del grupo eliminado de un solo golpe una buena cantidad de elfos… Cuando el resto se recobró del impacto inicial, observaron horrorizados como avanzaban amenazantes dos gigantescos dragones negros. De inmediato los elfos entraron en acción: atacaron con suma precisión a las bestias, ataque al cual se unieron Frederick y Yuki.

La batalla, sin embargo, estaba casi perdida, pues a percepción de Frederick,  era como si se atacar con palos y piedras un pequeño tanque: los elfos que carecían de sus famosas “espadas de sangre”, especializadas en el combate con dragones, un error que costó la vida de la mayoría y amenazaba con costar la vida de todos los miembros de aquella pequeña expedición.

Fue Yuki, sin embargo, quien pudo desarrollar una estrategia para evitar que aquellas bestias siguieran acabando sistemáticamente con los elfos: conjurando una fuerte ilusión visual y auditiva generó imágenes de un centenar de elfos, armados con espadas de sangre,  corriendo para unírseles a la batalla. Por fortuna el hechizó funcionó como esperaba, siendo que los dragones, al percibir el peligro de aquellos atacantes, decidieron levantar el vuelo en busca de algunos camaradas que se les uniesen a la lucha.

Los pocos elfos sobrevivientes, cuatro en realidad, bastante heridos, emprendieron la rápida marcha hacia el bosque, junto al general, su esposa y el silfo.

— Esto no va bien — Frederick pensaba en voz alta buscando una posible salida, había visto lo que tan solo dos dragones habían logrado y sabia que encontrarse con algún otro sería fatal — Yuki, ¿Cuánto falta para llegar a la carretera? — Preguntó preocupado.

— ¿Carretera? — el silfo pregunto desconcertado.

— Los caminos hechos por hombres — Danna tomó la palabra.

— Mmm, con que ahora les llaman carreteras— El silfo guardo silencio, en parte para ubicar la ruta más rápida y en parte preguntándose por que les llamaban carreteras si los humanos ya no usaban carretas para los largos viajes — yo creo que unos diez minutos, a buen paso, hacia el este.

— Sin embargo los dragones aún podrán perseguirnos — Frederick,  aún pensaba en voz alta.

— Eso es bastante improbable señor— uno de los elfos había tomado la palabra — los dragones aún recuerdan como fueron cazados en otras épocas, y siendo sus mentes más bestiales que racionales dudo mucho que se dejen ver cerca a los que consideren un asentamiento humano, incluso una carretera … al menos por ahora.

— ¿Por ahora? — Danna no pudo evitar formular aquella pregunta.

— Si… por ahora — Oris, uno de los elfos respondió— Cuando la era del caos inicie, dudo mucho que esas bestias se controlen… incluso los verdes intentarán sobrevivir.

— ¿Era del caos? — Frederick había salido de su abstracción — ¿a qué demonios se refieren?

— A la muerte y transformación de nuestra madre tierra tal y como la conocemos — Yuki hablaba solemnemente — Como saben cada raza es guardiana de un elemento, cada elemento pasa de generación en generación a específicos portadores, seres que cumplen ciertos requisitos de herencia espirituales y familiares. Surge, sin embargo una pregunta: si un portador muere sin que exista un heredero, ¿qué es lo que ocurre? — El silfo tomó un respiro y continuó con su explicación — Pues, según nuestras investigaciones, la esencia del elemento se diseminaría en las demás esencias, otorgárosle a cada una un poco del control sobre el elemento que perdió su esencia. Linwëlin me temo, busca ser portadora de la luz nuevamente y, junto a Kralovna, buscan eliminar a sus enemigos, si lo logran reunirán el poder de las esencias sin portador  en sí mismas, convirtiéndose literalmente en una deidades con un profundo odio hacia todo y todos, deidades que solo traerán muerte y destrucción, y peor, que tendrán a cientos de elfos y dragones para cumplir con sus caprichos.

Nathalie y los Portadores de los ElementosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora