~ Ost ~

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La noche era tranquila, y las casas en el reino se mantenían en un silencio sepulcral.

Un hábil joven se deslizó a través de las sombras en las calles de tierra, como si de un espiritu se tratase. Llevaba el uniforme blanco con morado y celeste del reino.

Avanzó entre techos y paredes hasta divisar ese balcón con la puerta abierta, y otro chico en el mismo, mirando al cielo. Su sonrisa se escapó sin quierer, y su corazón se agitó, lleno de vida; apresuró sus pasos, al mismo tiempo que evitaba tropesar con algo.

Ya cerca, cruzó la cerca de manera y se detuvo frente al balcón, alzando la vista hacia este.

- ¡Junggukie! - susurró, apoyando sus manos a los lados de su boca.

El chico bajó la mirada, expresando su felicidad mediante una enorme sonrisa. Con cuidado, bajó por la enredadera cerca del balcón y cayó en los brazos del recién llegado.

- Han - dijo en el mismo modo - te extrañé, todo el día.

- Y yo a ti, mi pequeño conejo de la suerte -

Ya con los pies en el suelo y las emociones en el cielo, ambos corrieron a la casa del árbol que estaba a unos poco metros.

Pero se preguntarán, ¿qué hacían esos dos en una época tan terrible como esta? ¿En donde gobernaba la dinastía Min?

Han Sung no lo sabía y tampoco quería entender de por medio; solo quería estar a lado de ese "aldeano" que tanto amaba.

Tras cerrar la pequeña puerta, ambos se miran fijamente a los ojos, completos al fin.

- Oh Jeonggukie, ¿acaso te pones más bonito cada día? - le preguntó, acariciando su mejilla.

- N-No, claro que no, hyung - sonrojado, juega con sus dedos - usted es el que más fuerte y dulce se pone.

- Solo quiero protegerte - confiesa, tomando ambas mejillas - aunque con eso, despierte la ira de la emperatriz.

- No hyung, no lo haga -

- Todo sea por ti, mi pequeño conejo de la suerte - insiste, robandole un inocente beso - ¿irás a mi graduación de aprendiz?

- Claro que si, Sunggie hyung - afirma, perdido en la mirada contraria - no me la perdería por nada.

- Seré el más grande guerrero que todo este reino podrá conocer -

- Y yo estoy feliz de verte crecer... -

Han Sung no lo aguanta por mucho y vuelve a besar a su pequeño secreto con toda la pasión que lleva en el corazón.

Lo conoce desde que ambos eran niños, y él salía a recorrer las calles junto a su rey, aprendiendo sobre la cultura y los mandamientos básicos del reino.

Aún recuerda que en esa época su rey era bueno; y no como ahora: frío, mentiroso y malvado. No lo culpaba: gobernar no era fácil, pero, al menos, él deseaba poder volver a conversar con el niño que alguna vez lo adoptó como súbdito.

Sus pensamientos se dispersaron cuando se dio cuenta de a qué había llegado el beso, y en donde estaban ambos ahora. Adoraba ver a su pequeño novio colorear esas blancas mejillas con ese carmín tan repentino, y de como su piel lechoza se marcaba tan fácil con sus chupetes. Amaba los jadeos ahogados, como se retorcía bajo sus manos.

Porque Han Sung sabía que era el único que podía provocar eso; y que nadie más podría reemplazarlo.

Su relación a escondidas llevaba ya mucho tiempo, cinco años para ser exactos. Y ver como el cuerpo de su amado reaccionaba como si fuera la primera vez lo hacía sentir especial.

The Last: Anpanman [Ost]Stories to obsess over. Discover now