Sasuke no era torpe ni mucho menos, pero a sus siete años, aun subido a un pequeño banco, le costaba manipular las sartenes y ollas calientes. Esto causaba que acabara con pequeñas quemaduras en sus manos. Por su puesto, ni que hablar del fregadero; el lavaloza era resbaloso y él era muy pequeño aún, por lo que en más de alguna ocasión terminaba con un vaso o plato roto.
Aquella noche, fue tanta su frustración de volver a quemarse que acabó por cocinar más de la cuenta. Mucho más de la cuenta. Decidió guardar el exceso en tuppers mientras pensaba en qué hacer con ello, pues no quería desperdiciarlo ni que se echara a perder...
Lo que se le ocurrió parecía una locura, pero de todos modos terminó ahí. En la puerta del departamento de Naruto. Después de todo, pensó, él estaba tan solo como él. Tocó la puerta, esperando no hacer el ridículo, puesto que su relación con el rubio no era precisamente la mejor. Sin embargo, era la única relación que el pequeño de cabellos negros tenía. No se llevaba ni bien ni mal con nadie más.
Al comienzo, nadie (o más bien, Naruto) contestó. Sasuke dudó que el rubio estuviera fuera a esas horas, haciendo travesuras, por lo que volvió a tocar. Fue entonces que una voz se escuchó por el otro lado de la puerta, intentando imitar a una anciana y anunciando que Naruto se había mudado a la aldea vecina.
...jaja.
—Naruto, sé que eres tú -le espetó el pelinegro, quien por supuesto, no cayó en la treta ni mucho menos parecía divertido ante tal truco.
El rubio abrió de golpe la puerta, sorprendido por quien se hallaba al otro lado. Al comienzo pensó que el Uchiha estaba ahí para burlarse de él, puesto que aquel día el rubio había fallado el jutsu de clones una vez más. Debido a esto, le preguntó qué hacía ahí un poco a la defensiva.
—¿Ya cenaste?
Naruto volvió a abrir sus enormes ojos azules con sorpresa con ellos. Momentos más tarde, los dos estaban sentados a la mesa del rubio, cenando el arroz con albóndigas que el pelinegro había preparado de más. No se dijeron mucho mientras comían, particularmente porque Naruto tragaba como pozo sin fondo (Sasuke ahora esperaba haber hecho suficiente).
Fue al terminar que el de ojos azules no dudó en preguntar a qué se debía la visita con cena incluida. No era que no estuviese agradecido, después de todo, apenas y recordaba la última vez que comió algo que no fuera ramen instantáneo. El arroz estaba delicioso y suave, y las albóndigas estaban llenas de sabor. Pero era sumamente extraño tener al pelinegro en su departamento y más sin pelear o con golpes de por medio, como solían terminar todos sus encuentros en la academia.
—No me di cuenta y cociné de más —le respondió, mientras juntaba los tuppers que había traído —. Pensé que tal vez no habrías cenado aún... así que decidí venir.
Naruto no sabía que decir. No habían charlado mucho, pero debía admitir que le agradaba la compañía. Claramente, su relación con Sasuke no era la mejor, pero el pelinegro siempre lo ha tratado como un igual, a diferencia de otros, que como el resto de la aldea, lo tratan como un espacio desperdiciado.
Tenerlo ahí en su departamento había sido agradable y si era honesto consigo mismo, no quería que el momento acabara. Rápidamente, colocó frente al pelinegro un enorme bote de helado de chocolate con chispas y lo retó a un juego de cartas. Sasuke al comienzo se mostró un poco reticente, debido a la hora y al hecho de que mañana debían ir a la academia...
—¡Quédate un rato más! ¿qué pasa? ¿tienes miedo de perder?
Y listo. Sin darse cuenta, llegaron a la madrugada jugando y comiendo helado. Ninguno de los dos pensó en su soledad, en la tristeza, en el frio constante que los rodeaba cada vez que regresaban a casa; porque aquellos lugares que los cobijaban del exterior no podían llamarse hogar. Eran tan solo casas. Esa noche fue diferente. Hubo risas y competencia sana. Un ambiente amigable y cálido, que Naruto nunca antes había sentido y que Sasuke hacía mucho que había perdido.
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Quédate un rato más
FanfictionNarusasu, fluff. Naruto nunca tuvo a nadie. Sasuke se quedó solo. Su relación no es la ideal entre dos niños, pero ambos añoraban la compañía de alguien más. Ninguno tenía a nadie que cuidara de ellos cuando enfermaban, cuando tenían algún problema...
