But it's (not) okay if you do

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Apenas lo conocían por aquel entonces y Brendon no tenía muchas expectativas en él... Sus primeras malas impresiones se mantuvieron firmes durante algún tiempo y no era por sus capacidades como músico, ni siquiera por el currículum que presentó. 

Era Weekes, que parecía llover con hombros caídos y apenas hablaba; miraba a todos lados pero a ellos no les miraba nunca a la cara.

Brendon enfurecía en los ensayos; irían de gira y Weekes llegaba tarde cada vez, oliendo a limpiador de limón y el abundante cabello pegado a la cara por el sudor. Se disculpaba –aunque la historia se repetía al día siguiente–, tomaba su bajo y entre canción y canción, se pegaba la misma plumilla de siempre a la frente o se la llevaba a la boca, como si no tuviesen montones de ellas en el estudio.

Spencer y su paciencia infinita se reían de Brendon, los errores no pesaban para él y Brendon tarde o temprano tuvo que ceder.

Pero ver a Weekes sobre un escenario a varios metros de distancia y tocando perfectamente era muy distinto a tenerlo dormitando a su lado; con las largas piernas  flexionadas contra su pecho y una expresión de total paz a pesar de estar encerrado en una furgoneta en la que a penas cabía.

Brendon nunca le vio esa cara estando despierto.

Era muy extraño como permaneció en su banda aun cuando no lo quería allí, pero se acostumbró a él y al cabo de unos años le invitó a su boda. Dallon Weekes iba de gris y la camisa que llevó combinaba con sus ojos... y con los de su señora.

Brendon abandonó su rutina de quejarse por todo lo que Dallon hacía o no hacia, sólo para compartirlo todo con él.

Era muy curioso que la convivencia empezaba a no ser  suficiente para él, y es que ya no le era suficiente sentarse a su lado en cada transporte que tomaran porque no tenía la seguridad para tocarlo; no era suficiente compartir una habitación de hotel porque apenas y se hablarían, se darían la vuelta al vestirse y Dallon no dormía nunca por gastarse la noche hablando con su esposa, hablaban de ellos y de sus retoños. Dallon soltaba palabras de dulce y usaba un tono de voz pegajoso que fue deseando que usara para él.

Brendon no dormía nunca por escuchar a un matrimonio enamorado extrañándose.

Pero para Dallon era sólo un trabajo, uno de verdad que consiguió después de limpiar muchas alfombras y el no poder siquiera permitirse un corte de cabello quedó muy atrás; los fanáticos empezaban a respetarlo, lo aclamaban en el escenario, y para Brendon era sentirse confundido y frustrado, empezó a querer creer que cada canción que Dallon escribía era para él y los besos que fingían darse eran sólo eso, fingidos.

Entonces Spencer dejó Panic!... Y Dallon lo intentó, con la cara hecha un desastre de tantas emociones cuando Brendon dijo 'No', y decidió que el show debía continuar. Un par de reemplazos más y de repente toda la banda debía salir uniformada al escenario, era bellamente estético pero Dally parecía un pingüino triste.

Y entonces lo dejó.

Se fue y seguía pegándose la misma plumilla de siempre a la frente y se convirtió en glitter con sonrisas que sólo eran para Seaman detrás de su batería.

Era un Dallon muy diferente a cuando estaba en su banda y Brendon lo ignoraba por horas en el estudio, en los aeropuertos y en cualquier lugar en donde estuvieran a menos de dos metros de distancia, y Weekes parecía no notarlo; saberse ignorado no parecía importarle, y a Brendon no debía importarle en lo más mínimo.

Entonces coincidían algunas veces y más veces Dally seguía siendo glitter, y no había nada más que un 'hey' muy, muy tenue y muy pocas veces estaban tan cerca y tan lejos... Pero verlo a distancia era mejor que no verlo. 

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