El inicio

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Nadie quiere ver y nadie quiere dar.

Sus pies se movían cansados y adoloridos a través del camino rocoso, su polera negra estaba mojada provocado por el sudor exhalado de su piel armiña, estaba tan cansado sin embargo seguía caminando sin saber muy bien a donde. Solo quería escapar.

Se detuvo de golpe al sentir un peso sobre sus hombros cansados y aunque quiso seguir sólo volvió a detenerse, le cayó el peso de la realidad. Sus ojos apagados divagaron en el cielo obscuro pensando y rememorando cada momento pasado, una lágrima cayó sin aviso y su pecho dolió como si espinas se clavaran desangrando poco a poco su corazón herido, su cabeza adolorida sólo le recordaba los gritos y la angustia de rostros que una ves sonrieron con él y por él, se sintió mal por no mirar atras sin embargo su cobardia se empecino recriminandole por pensar en eso cuando ahora estaba a punto de desmayarse pero poco duró y la verdad dolorosa lo ahorcó  dictandole una pena de por vida, se arrepiente tanto pero ya no hay salida... entonces no pudo más y cayó de rodillas lastimandose al impacto pero poco le importó, su alma dolía más. Miró sus manos temblorosas. Estaban sucias. Tampoco importó y las acercó a su rostro para esconder sollozos lastimeros.

Diste todo...

No, no, di nada

No, tu diste lo que pudiste...

¡No!, yo... Yo...

La temperatura bajó de sopetón y su cuerpo crispo bajo la brisa helada que ya conocía, sin embargo no se movió ni un centímetro, sabía lo que estaba a punto de pasar y eso no le dio paz como la primera vez, no se sentía seguro, es mas, sólo quería huir y olvidar pero...

¿Que estas dispuesto a dar...?

Todo. Daría todo.

Y los que logran ver y desean dar podrían estar perdidos.

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