Puedes conocer a alguien más, huir de mí tanto como quieras. Puedes engañarte en mente y cuerpo, incluso fingir que estaban predestinados, pero tu y yo sabemos, que no puedes alejarte demasiado.
🦋Leer bajo su responsabilidad (material sensible)
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Está allí, de pie, conversando con todos y sonriendo de esa forma en que solo él sabe sonreír. Es alto para su edad, con ropa de marca que su madre le ha comprado en rebajas. Su cabello que antes estaba arreglado, ahora se ha desordenado por el viento que sopla en la tranquila playa.
Solo estamos él y yo... Y nuestros padres.
Papá tiene una extraña manía en mirarle con admiración, como si fuese lo mejor que a esta familia le pasó. Yo solo le miro con rencor, sabiendo que será él quien me destroce.
Pero debo quedarme callado, sentado en la arena inmóvil y fingiendo estar demasiado cansado como para acercarme. Le veo corretear detrás del pequeño perro que mamá le ha regalado de cumpleaños. Es desagradable la manera en que parece disfrutar de enloquecerme. Primero con su expresividad, luego con su ropa mojada que le eriza la piel y lo hace parecer vulnerable.
Jungkook, apenas tiene 10 años. Mientras yo, estoy a mitad de mis quince.
Ellos no me toleran, lo saben fingir demasiado bien, pero ninguno se fija en los detalles. En la manera en que papá me arroja los supresores sobre la cama, diciéndome que será mejor tener cuidado, que no quiere un accidente o que Junkook me vea hecho un desastre. La forma en que mamá me dijo que no sabía cómo tratar conmigo, ella me hacía sentir fatal solo con una mirada. La manera en que todos parecen señalarme con el dedo y aunque no lo dicen, sé lo que están pensando; es una abominación.
Sonrío por lo bajo, enterrando el mentón en mis brazos que reposan sobre mis rodillas, no es una buena sonrisa, ni feliz, ni triste. Es una mueca desdeñosa que no se quita de mi cara. Pero no puedo evitar sonreír, porque esto recién comienza y si antes era un martirio, ahora es mil veces peor.
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Yoongi está allí cuando llego en la noche. Es un alfa, el primero que conozco al cual no le desagrado.
Lástima que sea mucho más grande. Pero supongo que entiendo porqué le gustan los fenómenos, aunque sean menores de edad. Después de todo, Yoongi es un alfa pero su apariencia dista mucho de lo normativo. De los malditos estereotipos en los que nos han encasillado.
Él es brusco en carácter, pero amable conmigo. Me deja sentarme horas en el feo sofá de su departamento mientras me quejo del pequeño problema en casa.
–Creo que estás siendo inmaduro– susurra besando mi cuello–, el niño no es un problema grave. ¿Te gusta esto?
Asiento y estiro el cuello mientras me sujeto a su camisa. No hemos llegado muy lejos, ni siquiera me ha besado en la boca, dice que si lo hace corre el riesgo de encapricharse y ahora, no necesita estar colado por un mocoso. A mí no me importa realmente, Yoongi es bueno y sus caricias son lo mejor de mi día, así que estaría bien con que se encaprichase.
–Lo es, no hablo solo de que mis padres hayan decido... Hgm... que sea el centro de atención.
–¿Acabas de gemir?– él se detiene y me despeina el cabello– No lo hagas para otros alfas, te perseguirán por el resto de tu vida.
Ruedo los ojos por su extraña manera de coquetearme y dejo que me siga tocando los muslos con sus grandes manos pálidas, las cuales suben y bajan hasta el borde de mis shorts de gimnasia.
–No estoy celoso de él...
Susurro y me percato de que estoy pensando en Jungkook cuando Yoongi comienza a subir la intensidad de sus besos en mi cuello. El repelús que invade mi cuerpo me hace alejarlo y ponerme de pie.
–Ey ¿Estás bien?
–S-solo, creo que debo irme a casa, ya es demasiado tarde.
Yoongi suspira arrojando unas monedas sobre la mesita de café.
–Para el taxi.
Las tomo y le doy un sonoro beso en la mejilla, el cual me responde con un toque en mi trasero. Al salir de la casa guardo las monedas en el bolsillo de mi chaqueta. Siempre me da dinero para el taxi, aunque mi casa quede a menos de tres cuadras. Quiero decirle que algunas veces me siento como si me estuviese pagando indirectamente por una sesión de tontos besos, pero siempre guardo silencio, seguramente debido a que me han enseñado que mi palabra no vale demasiado.
Y no me estoy compadeciendo, yo tengo parte de la culpa, pero sigo siendo un niño, uno torpe y angustiado que se ha quedado solo demasiado rápido. Todo por haber nacido diferente.
Entonces me detengo en la acera frente a casa. Él está en los escalones, sentado de puños apretados, vistiendo uno de mis suéteres el cual le queda inmensamente grande. Parece enfuscado, mirando en la oscuridad de la noche hacia todas partes, hasta que sus ojos se topan con mi cuerpo.
No comprendo que está sucediendo, pero gracias a la farola que alumbra la calle, noto el color que se apodera de sus mejillas, ha estado llorando, hay rastros de lágrimas que los comprueban, me mira pestañeando varias veces antes de entrar en la casa corriendo de prisa.
Ha estado actuando raro, observándome demasiado y aunque le detesto, me da miedo que descubra este sentimiento, después de todo, tan solo es un niño... uno más dañado que yo.