Observar sus pequeños ojos de un azabache color es una de las maravillas en mi mundo; sentir ese pequeño roce de su cuerpo contra mi brazo cuando caminamos juntos, me saca un delirante suspiro. Él es todo mío y me encantaría decir que de igual manera soy suyo, pero sé que en el día a día real, eso sólo sería fruto de mis sueños.
Podría mirarle todos los días sin agotarme, sin importar cuanto escocieran mis ojos por intentar no pestañear para no perderme ni siquiera como respira. Él es todo mío, sin importar que no lo sepa, sin importar que él no me quiera, sin tomar importancia de que sea sólo su mano derecha en la vida.
Ahí se encontraba él, detrás de un amplio y fino escritorio de color mármol, sobre él yacían un par de fotografías personales de mi jefe, su hermana y padres, y por su puesto, una fotografía de él y su actual novia; el resto serían el resto de cosas que encuentras en un escritorio, incluyendo un ordenador de última generación.
Todo dentro de esa habitación estaba colocado de manera totalmente simétrica, como si el decorador padeciera de un trastorno obsesivo compulsivo. Un enorme ventanal al fondo de la habitación iluminaba por completo cada rincón, debían ser pasado medio día a juzgar por la intensidad de luz. Un leve aroma a pino, y un peculiar aroma que conocía de memoria, embriagaban toda la habitación, incluso, podría jurar que aún podía olfatear cierta cantidad de desinfectante por la oficina.
—De acuerdo, entonces le tendré el informe a primera hora de la mañana, señor.—, sin haber captado por completo las oraciones que acababa de articular, intenté retomar el objetivo principal de la conversación.
—Sé que puedo confiar en que harás un gran trabajo, Samuel.—, se puso en pie mientras, con un delicado y firme movimiento, ajustaba las mangas de su suave y fina camisa verde olivo.
Me dirigí hacia su saco, que estaba justo alado de mí en un costoso perchero; el Licenciado Guillermo estaba a punto de retirarse por hoy, la jornada laboral para él fue más corta de lo usual, no quería ser impertinente y cuestionar el porqué de su acción, podría tenerme una confianza particular, pero sigo siendo un subordinado para él, algo así como su secretario personal.
Con mucha calma me acerqué a su inminente presencia, aún siendo un poco más alto que él, me seguía pareciendo mucho más gigante que yo.
Amaba esta parte de mi trabajo, en realidad, cada momento que se relacionara con tenerlo tan cerca mío; el poder admirar su fino y joven rostro a tan solo 10 centímetros de mi presencia, me enloquece. Sentir su costosa colonia, ese delicioso y embriagante aroma que conocía de sobra, entrar lentamente en mis fosas nasales, me derretía de deseo, alborotando mis hormonas para desear tenerlo sobre mí, derrochando placer absoluto.
Debía admirarlo en secreto, cualquier detalle podría incomodarlo, y lo menos que deseo es que alguien me aparte de su lado, y aún peor, que me remplace como si nada... claro que eso jamás podría permitirlo, de verdad yo pertenezco a su lado.
Al ponerme de espaldas a él, para poder vestirle con su saco, inhalé fuertemente, después de todo, el resto del día no podría volver a verlo, no hasta esa misma noche.
—Por cierto, fuera de temas laborales...—, escuché como tragó en seco, ¿podría ser que aquél inmutable hombre estuviese nervioso?—. Me preguntaba si conoces alguna florería que esté por los alrededores. Hoy es una tarde muy especial; finalmente le propondré matrimonio a mi novia, y quiero darle un pequeño detalle inicial, pero no he tenido tiempo de comprar las flores.
Podía sentir su última oración clavarse como cientos de agujas sobre mi piel, estaba planeando casarse, no, era un hecho, se casaría; esa rubia zorra de quinta no perdería la oportunidad de quedarse con sus millones para toda la vida, ¿es que no comprendía que ella no le conviene?, ¿ no logra notar que ella no lo mira con los ojos llenos de amor?, ¿que no disfruta su roce o sus caricias? A ella sólo le interesan los millones en su cuenta bancaria, no su persona. Era el colmo.
Pude sentir como todo mi cuerpo se tensaba de pies a cabeza, mi mente estaba hecha un caos y en mi garganta un enorme nudo se colocaba. Fui un idiota al pensar que esa veinteañera sería un simple pasatiempo para él, me he descuidado demasiado... lo he descuidado por completo, arruinará su vida y todo esto es mi culpa; debí hacer algo contra ella en cuanto escuché en la oficina rumores de su existencia.
—Sí, a un par de calles hacia el norte puede encontrar una. Es muy grande, se ve que está bastante surtida. Seguro encuentra lo que busca, señor —, intenté sonar lo más relajado posible, acomodé por completo su saco y retrocedí un paso, dispuesto a alejarme de él.
—Perfecto. Siempre tienes la respuesta a todo, Samuel.
Me miró de reojo, tenía una sonrisa muy risueña en el rostro, sus mejillas se ensanchaban hacia los costados, sus ojos se achinaron considerablemente, estaba feliz de pies a cabeza. Por primera vez, su felicidad no me fue contagiada, no me sentí a gusto con su hermoso semblante; estaba lleno de rabia, tenía deseos de estampar su cabeza contra el fino escritorio, tal vez un par de golpes haría que reaccionara y se sacara a la rubia de la cabeza.
Sé que estaba hablándome, podía escuchar el ritmo de su melodiosa voz, pero, esta no significaba nada por el momento. No lograba procesar lo que me estaba diciendo, no entendía que estaba pasando. Observé como me sonrió de frente y comenzó a retirarse de manera lenta, no sin antes recoger su maletín y sus llaves.
Antes de darme cuenta por completo, me encontraba totalmente solo en la oficina. El ambiente ya no significaba lo mismo a comparación de hace unos minutos, ya no lograba sentir la paz que me contagiaba el lugar. Una ola de frialdad invadió todo mi panorama de un momento a otro, pero sentía como si mi cuerpo ardiera; estaba ardiendo y él lo había provocado, como siempre... pero esta vez no era deseo, era una incontrolable furia.
Mis puños no podrían estar más apretados, sentía como mis uñas se clavaban en mi palma, pero no podía controlarme, no estaba haciéndolo y tampoco lo estaba intentando. Tenía que detenerlo, debía hacer algo. Tengo que salvar su vida, no puede arruinar asínuestras vidas.
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Atadura.
FanfictionConquistaría al mundo con una mano si la otra me la tomaras tú... pero, tal vez para eso me hace falta clavar tu mano a la mía.
