Habían pasado algunos días desde su regreso a Ciudad de México, y ya se había visto un par de veces con Esteban, su exmarido y padre de sus hijos. Pero cada una de esas veces había removido sentimientos que ella creía muertos, todo la tenía muy confundida, ella quería que todas esas emociones siguieran enterradas, no quería volver a sufrir, a pesar de que cada vez que se encontraba a solas con Esteban, y la veía de esa forma que la derretía lo único que anhelaba era volver a estar junto a él. Pero había muchas cosas que los separaban. La principal, decirle a sus hijos que ella había muerto y no confiar en su inocencia, a pesar de que le había jurado que ella no había disparado esa arma...
Ese día fue a las empresas San Román con el fin de ver a Leonel y dejarle claro que ella no estaba interesada en él como hombre, sino que sólo podía ser su amiga y nada más... ya se retiraba de la oficina cuando Esteban y Ana Rosa, salían de la suya, encontrándose los tres en el pasillo.
AR: Si yo fuera supersticiosa empezaría a preocuparme por tanta coincidencia
E: no sabía que estabas en la oficina de Leonel (luego de inspeccionarla con la mirada)
M: Vine a hablar con él, sobre ese asunto que tanto te preocupa (Notando su mirada y diciéndolo con un dejo de sarcasmo)
E: Me gustaría platicar contigo un momento (haciéndole señas para que entrara a su oficina) pasa por favor...
M: No sé si tu prometida esté de acuerdo
AR: Ay, por favor. Como crees que voy a molestarme porque Esteban salude a una antigua amiga...
M: Con permiso entonces (siguiendo a Esteban a la oficina)
Una vez dentro...
M: Nuevamente le pedí a Leonel que me viera solo como una amiga, pero no estoy segura de haberlo convencido
E: Tienes que hacerlo, no quiero que Leonel se ilusione contigo
M: ¿Qué te pasa? ¿Por qué me hablas así?
E: Disfrutas que otro hombre te dedique su atención y que se pueda enamorar de ti ¿verdad? Sí, Si lo disfrutas. Te gusta sentir su admiración, su afecto. Pero no lo voy a permitir ¿me oyes? ¡No lo voy a permitir! (Tomándola bruscamente por los brazos)
M: ¡Esteban!... (girándose para tratar de huir de sus brazos)
Esteban la tomó nuevamente de sus brazos y la giró bruscamente, su boca fue directo a la de ella buscando su sabor... veinte años sin probar sus labios y ahora que la tenía entre sus brazos le sabía a gloria. María forcejeó unos segundos, hasta que se rindió al placer que le producían sus besos, siempre fue así, Esteban era su debilidad, esos labios sabían cómo hacerla bajar sus barreras y ahora estaba ahí, respondiendo con la misma intensidad que Esteban a ese beso.
Sus sentidos se nublaron y no se dio cuenta que Esteban la tenía arrinconada contra su escritorio, mientras su boca vagaba por su cuello y bajaba hasta estar en medio de sus pechos. Sus manos acariciaban sus piernas, para posteriormente abarcar su trasero y restregarse contra su entrepierna.
Ambos ya estaban demasiado excitados, María fuera de si, comenzó a quitar la corbata y el saco de Esteban, mientras que él hacía lo mismo con ella, dejándola sólo en sostén. No se dieron ni cuenta cuando ya estaban escasamente vestidos, lo justo y necesario para llevar a cabo la culminación de su pasión.
E: Eres hermosa, María... (besando su boca) lo sigues siendo (llevando su boca a la copa del sujetador y succionando un pezón por encima de la tela)
M: Esteban...
Sobre el escritorio no quedaba nada que impidiera seguir con el fuego que los estaba consumiendo por dentro. Esteban se acomodó entre sus piernas, hizo a un lado la braguita de encaje con su mano mientras que la otra jugueteó con su entrada para ver si ya estaba lista para él. Y vaya que lo estaba, de un solo empujón se sumergió en su interior, llegando hasta lo más profundo de su ser...
