Parte única.

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De esa manera se sentía.

Como un monstruo,

Un ser sin corazón,

Alguien despreciable.

Se puso de pié, el brazo lastimado hizo que el arma en la mano se arrastrara repiqueteando en la grama.

No dolía del todo, estaba más que acostumbrado para entonces. Guardó el arma siendo una de sus favoritas en uno de los bolsillos de la campera negra, opaca por de la suciedad.

Se arrastró de nuevo a su apartamento, no sabía en qué momento se había convertido en eso, cuando el olor a sangre, pólvora y hierro se volvieron tan buenos conciliadores del sueño, tampoco lo entusiasmaba del todo.

Una noche más.

Una monstruosidad más.

Había regresado a hell's kintchen más que todo por los recuerdos, y porque al menos había gente mala a la cual asesinar.

De esa manera se engañaba, se convencía a sí mismo que lo que hacía estaba bien. Que mataba para mejorar la ciudad, no porque en realidad las pesadillas le nublaban el juicio hasta saciar al monstruo que salía en las noches.

Respiró profundo, pensando en si había sido suficiente, si por fin dormiría hasta la mañana siguiente (para la que no faltaba mucho) o si por lo menos, ya no despertaría.

Ya nadie hablaba de un castigador, ya no habían comentarios de dos bandos moralistas opuestos discutiendo si las acciones de el hombre con la calavera en el pecho eran buenas o malas. Ahora se hablaba de un asesino, de un hombre sin escrúpulos que mataba por placer, un psicópata descontrolado.

Y talvez era así, él lo creía de esa manera, él se sentía de esa manera.

Pero los carnavales no son eternos.

Él la llama "La noche memorable".

Cerca de las 22:30 sentía que estaba por caer en la primera ronda de sueño, esa en la que las pesadillas lo atormentaban despertando a la bestia, pero no pasó. Por primera vez desde que toda la fiesta sangrienta inició, él había tenido insomnio.

Se sintió como un presagio, no sabe si bueno o malo pero así se sintió.

A las 23:00 alguien tocó a su puerta, pero no se movió, no era como si tuviera amigos que vinieran de visita ¿Saben? Más los golpes simples siguieron por pequeños momentos, uno más tardado del siguiente denotando la vergüenza de quien realizaba la acción. Decidió levantarse, pensó que lo peor que podría pasar es que le le reventaran un balazo en la frente, o lo mejor.

La puerta develó a un hombre de piel banca, con la ropa muy mojada y cabellos de un castaño rojizo que no podría descifrar muy bien su tonalidad.

--Disculpe, es muy tarde y yo no bebería estar aquí, pero me han robado y no sé donde estoy.

La mirada perdida del muchacho le delató la discapacidad del individuo.

No supo como actuar, llevaba años sin interactuar con personas normales. Se sintió momentáneamente paniqueado.

--Disculpe, de seguro soy una molestia, me retiraré ahora mismo.

No lo iba a dejar que se fuera, el jovencito no se veía exactamente flacucho pero bueno, era ciego.

--Si se va ahora, nunca va a llegar a su casa.

El invidente no lo observó pero si interceptó su áspera y gruesa voz como si de una antena se tratase.

-- No es como si pudiera hacer algo más.

Respondió, con una sonrisa que cualquiera vería como sencillamente encantadora.

Sonrisa que encantó el dolido corazón y mente de Franklin Castle.

Monstruo [FRATT]Where stories live. Discover now