Lo que nunca te dije.

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14 de diciembre 18XX

Para mi Sebastián.

Querido mío,

Quisiera comenzar esta carta, contándote sobre mi pasado... Sé que sabes mucho sobre mí (más de lo que me hubiera gustado que supieras), pero aún así, quiero plasmar mis patéticos sentimientos en este trozo de papel que  -solo por esta ocasión- será mi muy muda y comunicativa confidente.

Sebastián mío...
Desde pequeño he sido bastante débil y enfermizo. Heredando el asma de mi madre Rachel, me convertí sin querer en un hijo sobreprotegido, y por supuesto, subestimado.
Siempre quise ser como el inalcanzable y muy osado, conde Phantomhive: Vincent Phantomhive... mi padre.

Siendo sincero, un nudo comienza a formarse en mi garganta...
Realmente me está costando escribir todo esto, pues como sabrás, la sinceridad o confianza, no son propias de mí.

¿Sabes?, a pesar de ser tan débil y vivir en una burbuja de fragilidad, fui muy feliz.
Mis padres siempre fueron muy afectuosos con nosotros.
Nadie se percataba que el tiempo pasaba y pronto ambos crecíamos... Mucho menos nos percatamos que cada vez que padre volvía a la mansión con una victoria más a su favor por cumplir perfectamente bien los "encargos" de la reina, nuestra familia estaba más cerca de su final.

Recuerdo bien que una noche en donde me encontraba totalmente desprotegido y casi moribundo, caí en la desesperación y cólera, pues, quise que realmente la muerte me tomara de una vez por todas.

Madre siempre se culpó por heredarme aquella enfermedad, y padre parecía desesperarse un poco por mi condición.
Ellos nos amaban, pero siempre supe que fui un inútil... y repito, aún así, fui feliz.

Esa noche, entre mi malestar físico y ansiedad, me odié (fue la primera vez que lo hice), me odie porque era la sombra de él.
Porque nadie más se percataba de mi inútil existencia, nadie se interesaba en mis sueños y anhelos, porque ante la sociedad, quien importaba era él... nadie quería (a excepción de ellos tres) a él hijo que quedaría sin herencia.

"Perdóname hermanito", fue lo que Ciel dijo aquella noche.
Por descuido mío, vió mis amargas lágrimas y logró descifrar el porqué de mi pena.
Esa noche dijo que me amaba y que daría lo que fuese para que todos vieran "lo importante" que era.

Ciel me amaba...

¡Sebastián, mi hermano me amaba... y yo me atreví a tomar su nombre!
¡Soy un maldito!

Uno de mis dos más grandes pesares fue saber que ellos me amaron y yo..., yo no pude salvar siquiera a mi amado gemelo, Ciel.

Después pasó lo que sabes...

Tan solo recordarlo, me hace sumirme en una gran tristeza y temor.
Nunca quise verme débil ante ti, pero era inevitable ocultarme de mi mismo.

Cada noche era un martirio, pues inevitablemente lamentaba mi existencia y el pacto que hice contigo.

Cariño, ¿podrías perdonarme por eso?

Lo nunca dichoTempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang