Maldita.
Esa era la descripción de su vida.
Siendo el hijo del hombre más rico de toda Norteamérica y el nieto del hombre más poderoso del Medio Oriente uno pensaría que tenía la vida resuelta, que era feliz y que todo lo tenía en bandeja de plata... Más equivocados no podrían estar. Damian no era feliz. No tenía la vida resuelta. No era como otros chicos de su edad. Era el menor de la familia, el cuarto hijo a pesar de ser el único descendiente de sangre, el incomprendido de la familia y la oveja negra de aquellos que lo rodeaban.
Su madre lo había abandonado hace años, llevándole junto a su padre y dejándolo a su cuidado como si de un perro se tratara, como si solo fuera una obligación que debían compartir. A él nunca le importó realmente que su madre lo dejara allí para luego irse, y tampoco le importó que su padre nunca lo viera verdaderamente como un hijo. No lo juzgaba, al fin y al cabo su padre ya tenía tres perfectos hijos, ¿para qué querría otro engendro más?
Eso es lo que Damian pensaba, que él sobraba allí, en la mansión, en el mundo. Dick era el niño de oro, el hijo perfecto y que todo hombre desearía tener, el padre que él mismo nunca tuvo. Jason era el más parecido a él mismo, el rebelde de la familia al que su padre amenazó con desheredar en más de una ocasión, el ex soldado que poseía un bar en la ciudad. Drake era el chico listo, el de más altas calificaciones y el orgullo tanto de la empresa como de su padre, el niño de sus ojos y aquel al que iría a parar el mando de las empresas de su " familia".
Y ante todo esto, ¿quién era Damian?
¿El hijo bastardo? ¿El niño arrogante y malcriado al que cuidan sólo por obligación? ¿Un engendro no deseado?¿ El demonio de la familia?
Damian no era el chico agradable y el mejor amigo de todos.
Damian no era el soldado rebelde por el que todos se preocupan en secreto.
Damian no es el genio que sólo obtiene 10.
A Damian no le gustaba socializar.
A Damian no le interesaba servir a un país que no era el suyo.
A Damian no le importaba dirigir las empresas o no.
Damian era Damian.
Y Damian no sabía quién era.
No tiene sentido...
Pero había pasado mucho tiempo desde la última vez que algo en su vida lo tuvo verdaderamente.
Él fingía ante las masas, dando una sonrisa falsa y una actuación convincente en cada fiesta, en cada evento, en cada entrevista.¿Acaso no podían ver que todo era falso? ¿No se daban cuenta que todo era actuación? ¿Que él estaba roto y que daba entre frases gritos de ayuda? Pero no, el resto del mundo solo observaba al hijo y futuro heredero de Bruce Wayne, el padre del año, el hombre predilecto de Gotham, la luz en la oscuridad, el Salvador de la ciudad y bla, bla bla...
Damian estaba maldito, y ellos no lo sabían.
Maldito de talento.
Él era capaz de pintar el más hermoso de los cuadros, dibujar el más bello de los rostros, escribir el más perfecto de los poemas, componer las más emocionantes melodías, cantar con la más melódica de las voces. Pero su padre no apreciaba su arte, pensaba que era una pérdida del talento que podría estar concentrando en sacar cuentas o hacer tratos con empresas extranjeras. El único que lo comprendía era Alfred, porque estaba seguro de que todos en su "hogar" desconocían acerca de la existencia de sus cuadros, sus rostros dibujados, sus poemas, sus melodías y sus voces.
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Su Voz
FanfictionDonde no existen capas, ni héroes, ni villanos, ni poderes, ni demonios. Donde sólo existen ellos: chicos rechazados, chicos a los que nadie quiere. Chicos que desahogan sus realidades con música. ¿Por qué lloran? ¿Por qué se encierran tras muralla...
