Homicidios en el Gran Hotel

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Recostado en su sillón y con la pipa en mano, Roberto no dejaba de darle vueltas a la idea de que, a pesar de ser un detective con muchos años de experiencia nunca podía anticiparse a un caso; aunque esa mañana se levantó con la sensación de que tendría uno por resolver....

Blanca Suárez trabajaba para el Gran Hotel, uno de los mejores hospedajes de Buenos Aires de 1950. Como un día cualquiera, llega, se coloca su uniforme y pasa a saludar a Ernesto, su noviecillo el conserje. Cuando llega al mostrador y no lo ve le pareció raro y más que algunas cosas estaban fuera de lugar, siendo el tan responsable y ordenado

Da la vuelta, le acomoda todo y le deja una nota

Te tengo una noticia que adelantara nuestros planes. Te espero en las calderas cuando termine el horario del almuerzo y yo termine de limpiar las habitaciones.

Te quiero, te querré por siempre.

Siempre tuya, B.

Siguiendo con su día, Blanca golpea cada puerta de las habitaciones y luego de que sus hospedantes bajen al almuerzo ella entra, acomoda todo, trapea muebles y pisos, a la ropa sucia le pone el número de habitación y la guarda para llevarla al lavadero. Llegando a la 5ta planta empieza a hacer cada vez más y más calor, sigue golpeando puertas y pidiendo que bajen pero en la nro. 178 no sale nadie, vuelve a golpear y como sigue sin siquiera escuchar ruidos dentro decide entrar. Lo que encuentra es un desorden monumental: vestidos sucios, el abrecartas debajo de la cama, joyas por doquier.

Esos vestidos sucios eran preciosos, algunos parecían tener sangre seca, o barro, no sabia muy bien pero como le habían aclarado el primer dia de trabajo que lo que estaba dentro de las habitaciones no le importaba a ella, decide mirarse frente al espejo con uno. Se veía hermosa, y ya deseaba ella ser la dueña de esa hermosa y refinada prenda. Al aumentar cada vez mas el calor, decide bajar y pedir que se baje las temperaturas, de paso dejaba la ropa en lavandería.

Caminando muy tranquila, ya cerca de las calderas, empieza a hacer un calor que no la deja respirar y apresurada en su caminar se topa con un hombre con medio cuerpo dentro de una de las estufas. Horrorizada grita por auxilio y es lo ultimo que recuerda.

Roberto Madero, detective con una larga trayectoria, es solicitado para resolver misterioso caso en Gran Hotel, y sin saber que había pasado llega encontrándose con una gran conmoción y al dueño muy enojado. Este ultimo apenas ve al detective se le acerca

-Buenos días detective, me gustaría hablar con usted... Mire, a mi lo único que me interesa es que nadie se entere que pasó. Que ninguna persona que se hospede aquí se vaya por un incidente con uno de los empleados. Ellos ya saben muy bien que no pueden decir nada o se quedaran sin trabajo, lo mismo para usted.

Y dicho esto, el Sr. Bahlke se retira.

Madero se acerca a la escena del crimen y se encuentra con una señorita tirada en el suelo y un hombre con medio cuerpo calcinado dentro de una de las estufas de las calderas.

-A ver, necesito que se queden solo los testigos. ¡Los demás vuelvan a su puesto de trabajo!- gritó el detective

Y así quedaron dos personas: la mujer que hasta hace 5 minutos estaba en el piso desmayada y un hombre. Después del primer largo interrogatorio no sacó conclusiones y se dirige para hablar, nuevamente, con el dueño del hotel aclarándole que le de una habitación porque tenían un homicidio por resolver y le iba a llevar más tiempo del esperado.

-Blanca Suárez, me gustaría hacerle otras preguntas- le dice el detective a la joven mucama.

-Si, señor, lo que usted quiera. Ernesto, quien ha fallecido, era mi novio, teníamos planes juntos... Yo quiero que se haga justicia y se sepa todo. Escuche murmurar que su hipótesis es que se suicidó, pero yo lo conozco, el seria incapaz de hacer algo as..- y es interrumpida por otro grito proveniente del testigo, que traía una mujer en brazos.

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