Bogotá D.C ~ viernes 4 de octubre del 2019 ~ 5:00 A.M
~ Odio ese maldito sonido. Joder... Te amo tanto como te odio~ .
Son los primeros pensamientos en los que mis dos hemisferios se ponen de acuerdo día tras día cuando escucho aquel despertador.
No sé si es por mi déficit de atención o mi conciencia tambaleante, que recién abre los ojos entre las fronteras de aquel plano en el que me custodian las sábanas noche tras noche y la rutinaria mierda a la que me invita mi despertador. Poco a poco me deja de importar en lo que las frías lagrimas de los frailejones de aquellos paramos sobre las sabanas circundantes de esta gran ciudad recorren todo mi cuerpo. Día tras día, madrugada tras madrugada. Recibo la caricia de aquella ducha helada que me permite volver a nacer día tras día. Luego de vestirme y tender la cama, tomo mis cosas y agarro ansiosamente una rebanada de pan tieso que aliste de sobre la despensa en la noche anterior. Bajo las escaleras mientras me atarugo a bocanadas de pan seco exhalando apresuradamente en lo que intento mantener un ritmo. Luego de salir de la torre de 6 pisos en la que vivo hacia la puerta de la recepción para luego salir y echarle un último vistazo a la oscuridad que esta por desvanecer. Me ajusto la maleta entre los hombros y me dirijo a la estación.
El olor a café inunda las calles, los negocios abren, una gran sonrisa invade a los vecinos que se saludan iniciando un nuevo día de trabajo. Los rayos del sol poco a poco avanzan sobre las cordilleras de la ciudad, cubriéndola con una cálida y fraternal luz que grita "Buenos días". Rebotando con cada edificio, cada casa, cuadra y rincón de la ciudad, disipando la niebla y parcialmente el frío de la madrugada. Continúo corriendo, dejando atrás el vapor de mi aliento y desechando las migas de pan residuales en la ropa.
Llego a la estación y me encamino hacia el instituto. Las ciencias humanas me apasionan. La psicología es algo que me ha gustado toda mi vida, y aunque algunos digan que me moriré de hambre buscando trabajo; No dejare de hacer lo que me gusta. Después de todo. Soy lo suficientemente terco como para luchar por mis propias convicciones.
Tomo un Libro de mi mochila, Lo leo en lo que estoy de camino; "Delirium, de Lauren Oliver". El comienzo de una trilogía, y hasta el momento, mi libro favorito. Trata sobre un mundo en el que el Amor es considerado una enfermedad, a la cual se le intenta erradicar por encima de todo lo demás. Magdalena (El personaje principal), a pesar de ser un personaje ficticio, el solo imaginarla me hace amarla en su intangibilidad. ~Joder, como me encantaría que compartiéramos el mismo plano~. Sigo leyendo mi libro párrafo a párrafo. No logro tener una imagen clara de ella. Pese a la descripción de sus facciones, no soy capaz de dibujarla en mi mente. Solo veo un cuerpo delgado y ligeramente atlético con un hermoso cabello castaño. Su rostro es sumamente borroso, aunque. Sin conocerla o verla en alguna ilustración; se me dibuja una sonrisa en el rostro cuando veo alguna chica en el transporte publico que logre encajar en lo mas mínimo con aquellos hermosos rasgos.
Llegue antes de lo esperado. Guardo el libro en la mochila, y corro a la salida antes de que el autobús cierre sus puertas. Bajando del vehículo me encuentro con unos amigos (Ana, Wendy, Diego y Jorge)
Ana y Wendy estudian licenciatura en lenguas modernas. Tienen grandes capacidades sociales, y dotan de una percepción muy amplia de las entonaciones de la voz en una persona. Esto y el lenguaje corporal les permite lograr interprender una situación de forma no verbal cuando no conocen muy bien el idioma. Pues son de primer ingreso pero con algunas palabras clave y lo anterior, se adaptan a pasos agigantados entre sus clases.
-¿Cuándo salgamos de clases vamos por unas polas? -. Dice Diego, frunciendo el seño.
-¿Cuidado dejas que amanezca, no? -. Dice Wendy, con aquella sonrisa que siempre hace realzar sus pómulos.
ESTÁS LEYENDO
La jaula de mi mente
Misterio / SuspensoLas prisiones subjetivas no son muy diferentes a las tangibles. No todo es lo que parece. El amor, la tristeza, la lujuria y el odio. Jamás son suficientes. Bienvenidos a la jaula de mi mente
