Algunas personas nacen con la tragedia en las venas. Tú pensabas que definitivamente era verdad, más aún, te considerabas el vivo ejemplo. Es verdad, eras muy afortunada, estabas en la universidad que querías, llevabas un registro perfecto de calificaciones, y hablabas cada noche con tus padres para contarles los detalles de otro "emocionante día". Cuando habías llegado a Seúl todo parecía sencillo, nuevo, fascinante. Fascinante aeropuerto, fascinante transporte público, fascinantes habitaciones para estudiantes, fascinantes paletas de melón, fascinate leche de banana, fascinantes contenedores de basura con compartimentos para separar correctamente los desechos. Tres semanas después el panorama había cambiado un poco, ahora todo lo fascinante era digno de maldición. Maldito sistema educativo, maldito estilo de vida caro, maldito kimchi de tienda de conveniencia, maldito ramen de bol de cartón.
Tenías una beca, pero las necesidades no podían ser cubiertas con unos cuantos wones, menos cuando había libros que comprar, copias que sacar, y libretas e internet que pagar. Eso era lo que te había orillado a buscar un empleo de medio tiempo. Justo en el centro de la ciudad había una cafetería que estaba contratando barista; el letrero que lo solicitaba llevaba más de un mes colgado. No te parecía rara la falta de aplicantes, pues el lugar era una locura casi todo el tiempo, las filas eran interminables, claro que no era sencillo atender a tantas personas. "Un empleo para valientes", pensabas, sin sospechar que esa "valiente" terminarías siendo tú. Esperabas no tener que trabajar ahí, pero cuando una crisis nerviosa por estrés escolar te había llevado a conocer el Hospital Universitario local, no tuviste otra opción. Tu seguro médico cubría casi todo, menos la ronda extra de medicinas que habías tenido que tomar, por ello, la única alternativa fue presentarte en el café, rezando para no volverte loca en el proceso. Al aplicar para el empleo no habías tomado en cuenta que no sabías nada de café (o bebidas, en general), no tenías experiencia y, bueno, ¡ni siquiera eras barista! Pero el chico a cargo estaba tan desesperado por conseguir personal, que dejó ir ese insignificante detalle, tu inexperiencia no lo inmutó ni un poco y hasta te había prometido capacitarte él mismo.
Trabajar en el café era mejor de lo que creíste, de hecho, sorpresivamente había vuelto las cosas menos trágicas para ti. Ya no eras una universitaria (tan) quebrada y comenzabas a tener amigos. De ser una chica perpetuamente estresada, quebrada, y solitaria, pasaste a ser sólo una chica perpetuamente estresada, pero nada tan terrible.
Jaemin, el chico que te había contratado, había desarrollado un lazo especial contigo. Ahora tenías alguien con quien quejarte de las tareas, los malos clientes, e incluso podías llorar en su hombro (hasta llenarlo de fluidos bastante asquerosos) porque extrañabas a tu mascota y a tus padres. Sus amigos, que trabajaban en el mismo lugar, se estaban volviendo los tuyos.
Hoy era uno de esos días no tan ocupados, el semestre estaba en su punto de ebullición. Nadie tenía tiempo para reuniones sociales, el "hot place" era la biblioteca, y los únicos que acudían al café, lo hacían con la intención de estudiar. Para ti también era algo conveniente, ya que podías adelantar deberes.
-Deberías estar practicando tu latte art, ¿por qué estudias sobre... -Jaemin leyó el título de tu libro y continuó. -matemáticas aplicadas?
-Porque mi jefe es demasiado comprensivo y me deja no arruinar mi vida universitaria.
-Tu jefe suena como una persona increíble.
-Lo es -dijiste con una sonrisa burlona.
-Qué agradable, pero no hay tiempo para seguir hablando de lo maravilloso que soy.
Sonrió y retiró el libro de tus manos, luego apuntó hacia la puerta principal, haciéndote saber que un cliente había llegado. Tú miraste el mostrador, normalmente Chenle tendría que estar ahí, pero no había rastro alguno del chico. Tu mirada viajó del mostrador, al cliente que acababa de entrar, y luego regresó a Jaemin. Sólo podía significar que tendrías trabajo extra que hacer. Un suspiro escapó de tu pecho y fuiste al frente, sería una tarde larga.... Muy larga.
-¡Hey! -saludó efusivo el recién llegado.
Al reconocerlo una sonrisa se posó en tus labios, no era ningún extraño sino Park Jimin, clase 207, teoría del arte.
Tú habías decidido tomar la materia como optativa. Se te facilitaba, te interesaba, y te ayudaba a desconectarte un poco de las materias frustrantes de arquitectura. Sin embargo, lo que él hacía en esa clase todavía era un misterio para ti, no tenías claro por qué un estudiante de ballet necesitaría lecciones de ese tipo.
-¡Hey! -saludaste de vuelta, sonrisa completamente a la vista, ojos a medio cerrar.
-No sabía que trabajabas aquí.
-Increíble, huh.
Él soltó una carcajada y miró el menú. Mientras lo leía, no pudiste evitar analizar su rostro. Nunca lo tuviste tan cerca, naturalmente estabas curiosa; antes de ese instante, no habías notado lo prominentes que eran sus labios, o la curvatura de su nariz, ni el color ligeramente bronceado de su piel que, por cierto, resaltaba con el beanie esmeralda que estaba usando y los lentes redondos que enmarcaban sus ojos.
-Tú eres la experta, ¿qué recomendarías?
Su voz te hizo regresar al mundo, un rosa pálido apareció en tus mejillas, deseabas que tu muy obvia admiración pasara desapercibida.
-Te sorprendería si te dijera por qué no soy la experta, pero tienes suerte, he probado todo en el menú y mi favorito es el frappé de moka con canela.
Tal como lo dijo, Jimin confió en tu juicio y ordenó justo lo que le habías sugerido. Después de preparar su orden y de intercambiar algunas palabras y sonrisas, tomó la bebida y salió del lugar.
6:30 se leía en el reloj de pared cuando Chenle y Seokjin iban entrando por la puerta principal. "Genial, llegan justo a tiempo", pensaste sarcástica. Al notar tu presencia, se acercaron a saludar y envolverte en un abrazo cálido.
-Qué suerte que sean lindos, estaba a punto de estrangularlos.
Chenle rió sonoramente ante el comentario y palmeó tu cabeza, Seokjin también lanzó una risa burlona y te miró de arriba a abajo.
-Mides como un metro, no representas una amenaza muy grande.
-Divertidísimo, Lele -contestaste sin mucho entusiasmo.
No era nuevo que Chenle se burlara de tu estatura, ambos solían hacerlo, aunque Seokjin era el más alto si los comparabas.
-¿Qué tal la jornada? Jaemin nos dió la tarde libre, Seokjinie y yo queríamos ir al cine... era importante, vida o muerte.
Rodaste los ojos, pero sabías que no podrías enojarte aun si quisieras. Antes de que te contrataran, los dos se hacían cargo de prácticamente todo, en ese entonces no había posibilidad de tener días libres, el descanso era bien merecido.
Chenle era de tu edad (menor por unos meses), y vivía en los dormitorios que estaban justo al lado de los tuyos. Sobra decir que siempre tomaban el mismo camino a casa. Las risas, las anécdotas, y lo que compartían al caminar de regreso, fue suficiente para deshacer la barrera "compañeros de trabajo" o "vecinos".
Seokjin era un año menor que ustedes, pero era amigo de Chenle desde que iban en secundaria. Ellos tenían el mismo humor ácido, por eso, a pesar de que iban en grados escolares distintos, se habían conocido en detención. Curiosamente habían sido castigados el mismo día, a la misma hora (porque el destino es así de cómico). Tiempo después ya eran inseparables. No había otra opción, si Chenle era tu amigo, venía otro gratis... Seokjin.
En un lapso corto te habías vuelto muy cercana a los dos; tres, contando a Jaemin, alias, el alma caritativa que te había dado trabajo, te había entrenado, y que te trataba como su hija pequeña. (Siempre argumentaba que era mayor que tú y por eso debía hacerlo, pero dos años nunca es demasiado, ¿no es así?) Además de comportarse como el padre de ustedes tres, siempre era el objetivo de todas sus bromas. Solía decir que un día los despediría a todos, a pesar de que sabía que no sería capaz, nunca podría hacerlo.
-Uno: gracias por abandonarme hoy.
Dos: no pasó nada interesante, excepto que tuve que trabajar más de lo usual.
-Vino Park Jimin ... solo...
Interrumpiendo tus quejas, Jaemin emergió de la puerta que daba al almacén de los ingredientes. Chenle y Jin abrieron los ojos sorprendidos, no sólo por la repentina aparición de Jaemin, sino por lo que había dicho.
-Pensé que Jimin no tomaba café.
Chenle interrumpió el silencio incómodo que acababa de formarse, haciendo que inconscientemente recordaras el momento en que le habías dado el frappé. Lo extraño era que nunca dijo que no tomaba café, ni siquiera había declinado la recomendación. Claro que tampoco era una bebida que llevara demasiados shots, pero de igual forma contenía un poco de cafeína. Después de pensarlo, les dijiste lo que había sucedido.
-No ordenó café, al menos no fue una bebida muy cargada.
-Aún así, él no suele consumir nada de esto. Es estudiante de ballet y no le permiten comer demasiados carbohidratos o azúcares, es una regla general de la carrera, pero Jimin es especialmente estricto con su dieta.
Jin hablaba con tanta firmeza que no pudiste evitar la curiosidad de preguntar cómo es que sabía todo eso. "Mi primo Taemin es su mejor amigo y estudia lo mismo", se limitó a decir.
Desde aquel día,Jimin visitaba frecuentemente el café y pedía bebidas al azar. A todos les parecía extraño, pero no lo suficiente como para cuestionarlo o confrontarlo, al final era otro cliente y debía ser tratado como tal. A veces también llegaba con sus amigos (eso era un poco más normal, según te habían comentado), pero tú no lo veías tomando nada, a excepción del agua embotellada que solía pedir. Su círculo de amigos, habías aprendido, estaba conformado por Taemin, que era el famoso primo de Seokjin; Taehyung, un estudiante de administración; Jungkook, que estudiaba música; y Yoongi, un rostro al que estabas acostumbrada, ya que también estudiaba arquitectura. Su mesa estaba llena de pasteles, bebidas, y sándwiches. Ninguno de los alimentos llegaba siquiera a rozar los labios de Jimin y todavía no sabías exactamente por qué, o qué hacía con las bebidas que compraba cuando iba sólo de entrada por salida.
-¿De nuevo está aquí?
Chenle estaba a tu lado observando la escena, de inmediato supiste a quién se refería.
-Es como la tercera vez en esta semana.
Lele arrugó la nariz y te miró expectante.
-¿Crees que deberíamos enviar a Seokjin a espiar? Podríamos hacer que le pregunte a Taemin si sabe algo.
-No, eso sería demasiado infantil. Además, literalmente no hay nada extraño en su comportamiento. Sólo es un chico platicando con sus amigos en un café, le estamos dando demasiada importancia.
-Wow, a veces no entiendo por qué eres tan aburrida, anciana.
-No olvides que tenemos la misma edad, Lele.
-Claro...
El chico río y se fue de nuevo al mostrador sin decir más.
Era viernes por la mañana, sinónimo de teoría del arte. El invierno estaba entrando, la tarde anterior había nevado pero era tu clase preferida y, aunque habías considerado faltar, decidiste que valía más la pena congelarte un poco, que perder una lección de arte renacentista. Al llegar notaste que tu lugar ya había sido ocupado, de inmediato miraste el reloj en tu muñeca, sólo 5 minutos "más tarde" de lo que usualmente llegabas. Quizá el debate previo te había hecho perder más tiempo del que creías. Optaste por sentarte en el otro extremo del salón. Poco después llegó Jimin y se sentó en el banco de al lado.
-¡Hola!
-Hola, Jimin -saludaste con una sonrisa.
Él miró hacia el otro lado del salón y volvió la mirada hacia ti, comprendiendo tu repentino cambio de lugar.
-Invadieron tu banco, ¿huh?
-Sí, lamento robarte espacio.
-Oh no, es agradable, creo que es la primera vez que podemos hablar en clase, siempre te sientas muy lejos.
Antes de que pudieras decir algo, entró Kim Namjoon, estudiante estrella y el único que tenía los números de teléfono de cada profesor de la facultad, al menos eso era lo que se rumoraba.
En la universidad ya no se usaba tener presidente de clase, pero el chico lo era, aunque nadie lo dijera en voz alta.Namjoon anunció que el profesor cancelaría la sesión, al parecer había pescado un resfriado por la nieve del día previo. "Increíble, este día cada vez va mejor", pensaste.
-Debí quedarme en cama, ¿por qué no lo hice? -esta vez lo dijiste en voz alta. -A nadie le hacen mal dos horas libres.
-Era mi única clase.
-Oh
-Sí, "oh".
Rieron sonoramente, decidiendo que era mucho mejor salir de ahí. Sin planearlo, terminaron pasando las dos horas en compañía uno del otro; tú le contaste toda la historia de cómo llegaste a Seúl, cómo casi moriste el primer mes en el Hospital Universitario, cómo entraste a trabajar al café, y tus sueños de ser la mejor arquitecta de tu generación. Él te escuchaba con tanta atención, que por momentos deseabas que no lo hiciera, sólo lograba que tropezaras las palabras y dijeras tonterías, sus ojos marrón eran excesivamente penetrantes, ¿¡por qué diablos eran así!? También te pareció que miraba tus labios, pero desechaste el pensamiento instantáneamente... claro que no, no podía ser, definitivamente no era.
Por otro lado, Jimin te contó que el haber visto 'Barbie, Lago de los cisnes' a los 7 años, lo había inspirado para convertirse en estudiante de ballet; cómo al principio sus padres se habían opuesto a la idea, cambiando de opinión al verlo en la sala de su casa haciendo un split perfecto. Cómo había conocido a sus amigos, "con los que va al café", completó tu mente. Cómo se le ocurrió que inscribirse a teoría del arte podría hacerlo aprender más sobre ballet, pero desde otra perspectiva, y cómo había tomado clases de prácticamente todos los géneros de baile que existían. En dos horas supiste más de él, que en las veces que había estado en el café o cuando lo veías en clase, pero te encantaba escucharlo hablar. Te diste cuenta de que era bastante apasionado con lo que hacía, algo torpe al mismo tiempo, y sobre todo muy divertido. No habías parado de reír en ningún momento, no sólo por su forma de decir las cosas, sino por su risa extraña, tan contagiosa como un virus. Entonces la realidad te golpeó, te gustaba Park Jimin. No el chico guapo del beanie esmeralda que había pedido tu opinión ese día en el trabajo, sino Jimin, el chico que bailaba ballet, amaba a sus perros, y que tenía a una foto de él siendo tacleado por sus sobrinos, como fondo de pantalla de su teléfono móvil.
Ese viernes por la tarde,Jimin apareció en tu trabajo. Jaemin lo atendió, sólo porque Chenle estaba demasiado ocupado ayudando a Jin con sus deberes de inglés.
-Hola, Jimin.
-¡Hola!
Jimin se quedó parado y sin decir nada, Jaemin hizo lo mismo, hasta que se tornó raro. -¿Vas a ordenar algo?
-Oh, sí, ¿podrías darme un espresso doble?
Jaemin asintió, después de cobrar se acercó a ti para pasarte la orden. Cuando le ibas a dar el espresso ya listo, te sonrió como si supiera algo que ignorabas, diciendo que tú misma tendrías que entregarlo. No comprendías a qué se refería, pero cuando fuiste al mostrador y viste a Jimin, te quedó claro. Jaemin había analizado la situación desde hacía ya varios días, y creía haber dado con la respuesta de las muy constantes visitas del chico. Claro que no iba a decir nada, pues esperaba que fuera algo tan obvio para ti, como lo era para él.
-¡Jimin!
-Hey, tiempo sin vernos
-Sí, como seis horas.
-Pero muy largas horas.
Su pequeña y sutil insinuación te dió un vuelco en el estómago. A estas alturas ya no te importaba si se tomaba el espresso, si lo regalaba, o si de verdad había algún misterio detrás de su presencia. Lo único que querías era seguir viéndolo ahí, aunque simplemente fuera a beber agua natural. Antes de irse, tomó el frasco de propinas y puso un billete, luego introdujo un papel más pequeño. Al hacerlo te miró con picardía por unos segundos, dió la vuelta y salió. Curiosa, tomaste el frasco y buscaste el papel entre todo el dinero. Cuando lo encontraste, lo desdoblaste y pudiste ver un mensaje escrito a mano, caligrafía algo torcida pero legible:
"No terminaste de contar la historia de por qué no bailas. Ahí tienes mi número, puedes decirme más tarde, si quieres(: 5xxx-xxx".
Llevabas quince minutos con el celular en mano, debatías sobre si mandar el mensaje que acababas de escribir. ¿Era muy pronto? ¿Estaría ocupado? Definitivamente tendrías que dar el primer paso, Jimin no tenía tu número, no había otra forma de hablar con él, salvo en clase o al ordenar su rutinaria botella de agua. Por fin te decidiste y presionaste el botón de "enviar". "La única historia detrás de por qué evito el baile, es que mi coordinación es nula, no soy talentosa", se leía en la ventana del chat. Nerviosa, metiste el celular detrás de la almohada para evitar la ansiedad de esperar a que respondiera. Para tu sorpresa, la respuesta fue casi inmediata.
"¿Bailas frecuentemente? Si no lo haces, no hay forma de saberlo. Podríamos intentarlo pronto(:"
Hablar con él era muy sencillo, cuando te diste cuenta, ya pasaba de la media noche. Básicamente habían conversado sobre baile, música, coordinación corporal, y todo lo que giraba en torno al texto que habías enviado inicialmente. Al final se había ofrecido a darte unas lecciones, a cambio de que tú lo ayudaras con la clase que compartían.
Una semana había pasado y se había vuelto algo cotidiano hablar con él por mensajería, o audios, o videollamadas, si es que la ocasión lo ameritaba. Cada noche conversaban hasta horas grotescas. También había cambiado el mecanismo de los viernes, pues ahora se sentaban juntos en todas las sesiones. Este viernes sería especial porque tomarías tu primera lección de baile.
-¿Me escuchaste?
Estabas tan emocionada porque tu turno en el café había acabado, que todo a tu alrededor estaba momentáneamente cancelado, Jaemin no era excepción.
-Lo lamento, estoy un poco distraída.
-Sí, desde hace como un mes, más o menos desde que Park Jimin comenzó a venir con frecuencia.
-Eso no tiene nada que ver.
-Por supuesto, sí... Igual creo que necesitas un descanso, no quiero que me demandes por explotación laboral. Tómate dos días de la próxima semana, tú escoges.
Jaemin guiñó y desapareció por la puerta del almacén. Sonreíste para ti misma, colgaste el delantal negro que solías usar en cada turno y tomaste tus cosas para irte, dos días de descanso seguro te caerían bien. Al salir te encontraste con Jimin, quien ya estaba esperando. El plan era visitar el estudio de baile en el que practicaba por las tardes y noches. Los viernes estaba vacío a esa hora, y los estudiantes podían usar los salones para tiempo extra de práctica, si es que tenían alguna presentación cerca.
Al llegar, se sentaron un momento para ponerse al día. El salón lucía como todos los estudios de baile que habías visto en la televisión y otros medios; piso de madera, barras, espejos por doquier.
Te sentías nerviosa, usualmente no bailabas... más bien nunca, y menos en público.
Querías aprender algo distinto al ballet, algo que pudieras poner en práctica al menos, por eso tu "instructor" te había sugerido aprender algunos pasos de baile urbano. Viendo tu outfit, no estabas preparada para la ocasión. Él usaba joggers, hoodie, calzado deportivo, ropa cómoda, en resumen. Tú en cambio, botas de montaña, jeans, y un suéter tejido en color ladrillo. "Wow, gran elección para hoy", te reprendiste mentalmente.
Se levantó, te dió la mano para ayudar a que te pusieras de pie, y ambientó con algo de música para comenzar a calentar. Por todo el espacio resonaba Pretty little birds de SZA, pues, según él, era una canción perfecta para hacer los estiramientos. Dijo que los mejores ejercicios para preparar el cuerpo eran los de ballet (y te convenció de hacer ese tipo de calentamiento, aunque no fuera el estilo de baile que aprenderías), pero claramente no eran sencillos, así que se acercó para ayudarte con cada uno. Te hizo sostener una de las barras, ya que así tendrías mejor equilibrio, luego te dio instrucciones para mejorar la postura y estirar los brazos. Su torso estaba en tu espalda, y quizás esté de más decir que sentirlo te alteraba el pulso. Sus manos estaban en tu cintura con la intención de ponerte recta, luego en tus brazos para lograr que los movieras suavemente y con gracia. Hizo que subieras y bajaras en esa posición, también que doblaras un poco las rodillas y los tobillos.
Su barbilla descansaba en uno de tus hombros, y a pesar del suéter que usabas, definitivamente podías sentir las vibraciones de su caja torácica cuando hablaba. Ya no sabías qué sucedía, ni qué te estaba explicando, su voz se había perdido en el fondo desde hacía mucho tiempo, desde el momento en que sus manos se deslizaban por tu torso, específicamente.
No estabas segura de si querías que el momento terminara, o si querías que esa cercanía se prolongara.
El frío regresó a tu cuerpo cuando se despegó, situándose ahora frente a ti. Te sonrió diciendo que "ya estabas lista para aprender los movimientos", y que "no corrías más peligro de lastimarte un músculo".
La música que había puesto había cesado, se acercó a poner otra canción. Esta vez, Sierra Leone de Frank Ocean inundó el estudio.
"Mira, te mostraré algunos pasos", fue lo último que lo escuchaste decir, antes de que se convirtiera en algo sobrenatural...
De pronto, Jimin no era más Jimin, era otra persona; la manera en que ondeaba la cadera al ritmo de la canción, la sombra oscura y espesa que inundaba sus ojos, y sus movimientos que parecían fluir como agua de un río, lo habían convertido en un ente que imponía, que te erizaba la piel, que hervía tu sangre. Pronto terminó su performance y el aire regresó a tus pulmones, de nuevo era él, de nuevo era el Park Jimin que irradiaba alegría.
-No hay manera de que logre hacer eso. Dijiste atónita para romper la tensión en el aire, aunque también para comprobar que no habías perdido la capacidad de hablar, después de presenciar todo aquello tan majestuoso. Él soltó una risita tímida y acomodó el cabello que se le había encrespado.
-Descuida, iremos despacio, tú pondrás el ritmo.
Y ahí apareció en su rostro, era la misma sonrisa genuina y pura a la que te estabas volviendo adicta, su tono de voz te aseguraba la sinceridad de lo que había dicho. Te gustaba oírlo decir eso, te gustaba que dijera que "irían despacio", aunque se estuviera refiriendo a bailar. Tú querías ir despacio con él, querías hacer las cosas bien.
Chenle y Seokjin se encontraban en tu cama, laptop en el regazo del más joven, los dos miraban una película de Marvel.
Al mismo tiempo tú intentabas escoger lo que usarías para presentarte en la biblioteca y darle tutorías al chico que no abandonaba tus pensamientos, o tu inconsciente, desde hacía mes y medio, aproximadamente.
-¿Qué tal este?
Caminaste frente a la cama, dando un giro para que los chicos pudieran ver mejor tus pantalones azules medio deslavados y tu blusa blanca.
Sin quitar los ojos de la pantalla, Jin contestó.
-Sí, usa ese, es perfecto.
Instintivamente tomaste unos jeans que estaban por ahí, y se los lanzaste bruscamente para que desviaran la atención de la pantalla.
-¡Ni siquiera lo vieron! No están ayudando. Jaemin habría sido mejor opción para esto, no sé por qué insisto en confiar en ustedes.
-Vamos, ponte lo que sea. ¿Cuál es la diferencia? Lo ves casi diario.
Sabías que Chenle tenía razón, pero mientras más tiempo pasabas con Jimin, más te importaba lo que pensaba de ti y cómo te veía.
-Ustedes son frustrantes.
-Relájate, no tenemos que trabajar hoy, en vez de ir a la biblioteca a estudiar, deberías salir con él a otro lado. En serio, ¿quién diablos va a la biblioteca en domingo?
-No,Seokjinie , prometí que le ayudaría a estudiar, a cambio de que me enseñara a bailar. Él ya está cumpliendo con su parte.
-Eres demasiado densa.
Contestó Jin, provocando que Chenle te mirara fijamente y asintiera.
5:45 y el sol comenzaba a ponerse, los reflejos en colores cálidos se filtraban por los ventanales del salón de baile. Hoy tomarías la cuarta lección, por fin usabas la ropa adecuada; leggins negros, sudadera violeta, calzado deportivo. Como se estaba volviendo costumbre antes de iniciar, ambos estaban sentados conversando, espaldas recargadas en el espejo de mayor tamaño.
-¿Alguna vez has notado lo mecánicos que son nuestros movimientos?
-¿A qué te refieres? -la pregunta te tomó por sorpresa.
-Sí, nos movemos, pero en realidad no tenemos plena conciencia de esos movimientos, somos muy mecánicos.
-Pues... no lo había pensado así.
-¿Haz intentado que alguien mueva tu cuerpo por ti?
De nuevo no comprendías lo que Jimin quería decir. Analizaste la pregunta por unos segundos.
-¿Cómo?
-Bueno, nosotros hacemos un ejercicio especial. Nos juntamos en parejas, uno se acuesta en el piso sin hacer nada, luego el otro mueve sus extremidades. La sensación es muy distinta a cuando tú mismo te mueves, es como si experimentaras el movimiento por primera vez, como si tomaras conciencia real.
El sentir que alguien más lo hace por ti es... peculiar.
-¿Lo es?
-Ya lo verás, ese será el ejercicio para iniciar nuestra rutina de hoy.
De pronto tu mente se nubló ¿Jimin iba a "mover" tu cuerpo por ti? Ese sería el contacto más íntimo que tendrían desde que comenzaron a tener esto, lo que sea que fuera. Usualmente mantenían contacto físico mínimo, a veces incluso era meramente accidental. Si se sentaban muy juntos, sus hombros y brazos llegaban a rozar, y sí estaban sentados uno frente al otro, sus rodillas. El contraste era casi dramático; fuera de ahí no había mucho contacto, pero en ese salón lleno de espejos y tubos y colchonetas, era como si al bailar se fundieran en una sola persona. Las manos del chico siempre encontraban un lugar en cualquier rincón de tu estructura corporal, era como si estuvieran hechas a tu medida. Te agradaba más de lo que te atrevías a decir, aunque fuera efímero.
El hecho de que esta vez le daría completo movimiento a tus brazos o piernas, era un nivel muy avanzado, un nivel no explorado. Sólo pensar cómo podía ser, te traía un vértigo inexplicable, tal vez no del todo negativo.
-Por cierto, en dos semanas es la demostración de baile del departamento. Es un evento abierto, pueden asistir todos los alumnos de la universidad.
Él habló despreocupado, tenía la mirada clavada en su reproductor de música, intentando elegir una canción para comenzar con el calentamiento.
-Me gustaría que fueras...
-¿Yo?
Dejó el reproductor de lado y te miró sarcástico.
-¿Ves a alguien más aquí?
Inevitablemente soltaron una carcajada, claro que te estaba invitando a ti, pero era una de las muchas veces que decías incoherencias por estar pensando en cualquier cosa relacionada con... él.
-Claro que iré.
-¡Promételo!
-¡Lo prometo! No faltaré, sin importar qué suceda.
La música comenzó a sonar. As you are de The weeknd, como si no hubiera ya suficiente tensión sexual en el aire. Te pidió que te acostaras en una de las colchonetas para no lastimarte la columna, luego se acercó lentamente. Mientras más cerca, más sentías que te faltaba el aire, y aún no te tocaba siquiera. La proximidad hizo que miraras sus labios fijamente, él lo notó. En tu mente lanzaste una maldición, no querías incomodarlo. Avergonzada preguntaste si podías cerrar los ojos, Jimin asintió.
Te temblaban las piernas, era un alivio que estuvieras acostada o habrías colapsado ahí mismo. Por fin tomó uno de tus brazos, lo dobló despacio, hizo círculos con tu muñeca, movió tus dedos uno por uno. Luego tomó tu brazo derecho, repitiendo todo el proceso. Tenía razón, la experiencia era distinta, nada que hubieras sentido antes. Te preguntabas si realmente era el ejercicio, o si sólo reaccionabas así porque era él, por lo que podía provocar en ti con sólo mirarte o tocarte. Se sentía como si te acariciara, absolutamente delicado, absolutamente gentil.
Uno de los mechones de tu cabello cayó cerca de tus ojos, y aunque cerrados, el suceso te hizo quebrar la frente en disgusto. Jimin lo vio y se inclinó para recorrerlo. Abriste los ojos al contacto.
Él trató de seguir moviendo tus dedos, pero eligió entrelazar su mano con la tuya, sus ojos penetrantes nunca abandonaron los tuyos.
Fue su rostro tan cerca, la forma en que se creó una fuerte conexión visual, y su mano entrelazada con la tuya, lo que te hizo actuar sin pensar (el hecho de que All to you de Sabrina Claudio sonara de fondo ayudaba aún menos). Ahora también te habías transformado en alguien que no reconocías. Tu mano, la que no estaba sosteniendo la suya, se trasladó hacia su nuca, lo atrajiste hacia ti.
Tres segundos bastaron...
Tal vez fueron dos...
Tal vez fue sólo uno...
Lo besaste.
Un beso lento, casi al ritmo de la canción. Su labio inferior atrapado entre tus dientes, pero definitivamente nada hambriento, simplemente delicado.
-¿QUÉ QUIERES DECIR CON QUE HUISTE DE AHÍ?
-Quiero decir -le diste un sorbo al latte que Jaemin te había preparado. -Que huí de ahí, literalmente huí. Me levanté del piso, tomé mis cosas, y salí corriendo.
-¿Sólo así?
-Bueno, no sólo así. Le dije que era muy tarde y que tenía tres ensayos que hacer.
Jaemin también le dio un trago a su café, y sacudió la cabeza, indicando que desaprobaba lo que acababas de contar.
-Lo besas y sales corriendo, gran estrategia, muy inteligente. -lo fulminaste con la mirada, acción que ignoró. -¿Y, bien? ¿Ya intentaste llamarlo?
-No, ese mismo día me dijo que su móvil estaba descompuesto.Jin lo vio con Taemin hace poco, me dijo que tenía un teléfono nuevo, creo que el otro no tuvo remedio y cambió de número.
-Tienes que dejar de evitarlo, tú fuiste quien lo besó.
-¡Ya sé que yo lo besé! Es sólo, bueno... aunque tenemos "algo", si es que aún lo tenemos y no me odia, no quiero pensar que él me gusta más de lo que yo le gusto. ¡Me asusté! ¿Okay? Me da miedo sentir todo un huracán por dentro, me asusta porque he notado que realmente quiero algo serio. Empiezo a vernos juntos en el futuro, estoy empezando a hacer planes inconscientemente. Quizá él no quiera algo tan comprometedor, no estoy dispuesta a que me rompan el corazón, Jaems. -suspiraste y continuaste, tu voz menos exasperada. -Sé que lo he arruinado todo. Me la he pasado llegando tarde, a propósito, para no platicar demasiado en teoría del arte, tengo pavor de que me cuestione sobre lo que pasó, y lo peor es que le prometí que iría al evento del departamento de ballet... ¡Es en tres horas! No sé qué diablos voy a hacer.
Hundiste la cabeza entre tus manos como gesto de desesperación, Jaemin te abrazó sin pensarlo. Sus abrazos lograban reconfortar a cualquier persona, tú lo sabías mejor que nadie. Revolvió tu cabello y rió suavemente.
-Eres una tontita, ¿lo sabías?
-¿Disculpa? -dijiste un poco ofendida, liberándote de su agarre para poder mirarlo seria.
-Hay algo que debería contarte. -hizo una pausa para pensar brevemente en lo que había dicho. -O que no debería contarte... pero viendo el desastre que eres, creo que terminaré haciéndolo, es lo único que evitará que te vuelvas loca.
Jaemin comenzó su relato con un "Jimin lleva más tiempo enamorado de ti, de lo que tú crees que llevas enamorada de él", sólo eso bastó para que se te helara la sangre y se te detuviera el corazón por unos segundos. Por supuesto, después del shock, quisiste escuchar la explicación completa. Jaemin te dijo que todo había sido un plan inocente, orquestado por Taemin; de hecho, él mismo les había contado todo hace algunos días. Resultaba que Jimin hablaba 24/7 sobre una "muy hermosa chica" de su clase de teoría del arte. De sus hermosos ojos, de sus participaciones muy inteligentes, de su sonrisa... básicamente todo lo que ella hacía le parecía maravilloso. Hablaba tan seguido de tal persona, que comenzó a cansar a Taemin, pero no porque le molestara verlo tan fuera de sí, sino porque no veía que Jimin tuviera la valentía suficiente para hacer algo al respecto. Fue así que su mejor amigo se propuso investigar quién era, simplemente para darle un pequeño empujoncito a la situación y que él se atreviera a hablarle. Cuando supo de quién se trataba, se sintió aliviado, mucho más porque sabía dónde podía encontrarla. Alguien le había dicho que trabajaba donde Jin, (la verdad es que a él también le pareció verla una vez ahí, pero en ese momento no sabía que era ella), eso bastó para que pusiera todo en marcha.
Un día envió a Jimin al café, pidiendo que le comprara una bebida y se la llevara a su clase. La bebida que fuera, la que se le ocurriera. Claro que al chico le pareció raro, pero no dudó en hacerlo, al final sólo le estaba haciendo un pequeño favor. De todos modos ya sabía que Taemin se daba algunos gustos, no estaba de acuerdo con todo el asunto de la "dieta estricta". Inicialmente no tenía ni idea de con quién se iba a encontrar ahí... Hasta que la vio, vio a la chica que no le permitía respirar con normalidad. Entonces se desencadenó todo lo que tú ya sabías porque lo habías vivido en carne propia...
Concretamente, lo que Jaemin estaba diciéndote es que, la chica de la que Jimin estaba enamorado desde hacía tanto, la de los ojos hermosos, la que era muy inteligente...
Eras tú...
Fue eso lo que te hizo reaccionar impulsivamente, miraste el reloj y te levantaste de forma abrupta.
-¡Hey! ¿Qué haces? ¿A dónde vas?
Jaemin te cuestionó y se levantó al mismo tiempo, pero tú ya ibas a medio camino. Alcanzaste a gritar desde la puerta del café "tengo que irme, el evento de Jimin es en un par de horas. Gracias por la información y el café".
Sonrió y siguió bebiendo su café, sabía que había hecho lo correcto.
Estabas frente al espejo de la habitación, observaste tu vestido primaveral rojo con flores amarillas y azules, tus converse blancos. Hiciste contacto visual contigo misma por última vez, tenías que hacerlo, tenías que decirle a Jimin lo que sentías.
Tomaste tu bolso y saliste de ahí, habías perdido tiempo arreglándote, pero valía la pena. El outfit que usabas más temprano era depresivo (a decir verdad, reflejaba muy bien tu estado de ánimo en ese momento). De camino aprovechaste para comprarle flores, es decir, es pleno siglo XXI, las chicas también podían comprarle flores a los chicos y, en tu caso, el obsequio podría cumplir una doble función; por un lado, sería una forma de disculparte por haber actuado tan distante e inmadura. Por otro, sería un reconocimiento por el esfuerzo que ponía en el escenario.
Corriste y corriste para llegar al lugar, pero te ganó el tiempo. Entraste lo más cautelosa posible porque el evento ya había empezado. Todo estaba lleno, así que te colocaste cerca de un ventanal en el fondo, por fortuna todavía no era el turno de Jimin.
Un chico que estaba a tu lado tenía el programa en mano, así que lo inspeccionaste de reojo, sin que se diera cuenta.
Él tenía algunas participaciones en grupo, pero su solo era lo que cerraba el evento, iba justo después del solo de Taemin. No sabías demasiado sobre los eventos de ballet, pero sí habías escuchado algunos rumores; uno de esos, era que los alumnos más destacados solían cerrar las presentaciones. Al recordarlo y ver el nombre de ambos chicos, sentiste orgullo. A Taemin no lo conocías mucho, pero Jaemin,Jin, y Chenle se encargaban de enterarte sobre sus increíbles habilidades. De todos modos, aunque no supieras demasiado sobre él, tenías presente que le debías mucho. En cuanto a Jimin, claro que lo habías visto bailar antes, te quedaba claro que era talentoso, no te sorprendía que también en su clase lo consideraran un prodigio. Cualquier persona, supiera de baile o no, podría darse cuenta de lo bueno que era y lo mucho que amaba lo que hacía, la pasión que desbordaba, y cómo dejaba el alma al bailar.
El evento transcurrió rápido, pudiste ver el solo de Taemin (confirmando lo que tus amigos te habían dicho sobre él), y por fin llegó el momento de Jimin.
Era poco decir que estabas hipnotizada, amabas verlo en su "hábitat natural", te encantaba verlo haciendo lo que más amaba y disfrutando el escenario, amabas verlo feliz. Era lo que más querías.
Por fin terminó la demostración, sabías que él no podía verte porque estabas lejos, tendrías que apresurarte si querías que hablaran. Se hizo un cúmulo de gente y se complicó encontrarlo entre la multitud. Después de buscarlo con la mirada, lo viste alejándose, iba caminando rumbo a la salida, pero decidiste que no podías dejarlo ir, otra vez no.
Corriste, y corriste, y corriste más (al parecer, hoy estabas en una carrera contra el tiempo), ibas chocando con cada persona que se atravesaba, pero no te importaba en lo más mínimo. Gritaste su nombre una y otra vez, hasta que pudiste alcanzarlo. Un ardor se hizo presente en tus pulmones y en tu garganta.
-¡Oye! - Jimin sonrió. -¡Viniste!
Querías responderle, pero aún no podías hablar, intentabas recuperar el aliento lo más rápido posible. Mientras lo hacías, estiraste la mano y le diste las flores.
-Son -respiraste profundo. -Para -respiraste de nuevo. -Ti.
Sus mejillas se tornaron rojizas, pero las aceptó. Se le escapó una risita y te agradeció. -Hiciste un trabajo excelente, de verdad, lo hiciste muy bien, vi todo. Llegué un poco tarde, pero no demasiado, llegué antes de tu turno y el de Taemin. Por cierto, quería hacerte saber que lamento mucho todo lo que pasó, quiero decir, bueno, la verdad no lamento todo, lo malo nada más. Lamento haberte evitado y lamento haberme comportado así, fui una tonta.
Tus palabras apenas eran comprensibles, no sólo por tu falta de aire, sino por lo rápido que articulabas cada una. Aunque parecía que rapeabas, en lugar de hablar, Jimin te miraba con adoración en sus ojos, la sonrisa no desaparecía de su cara.
-Pensé que ibas a molestarte conmigo, no es que no tuvieras razón si lo hacías, ahora sé que no pasó, pero, o sea, en ese momento realmente pensé que sí y tuve miedo, entonces no supe qué hacer y comencé a portarme rara, pero no fue mi intención. Jimin tú realmente me... Una sensación familiar te inundó hasta el alma, su mano en tu cintura, y ese sabor que habías probado antes. Sus labios estaban en los tuyos, se sentía mucho mejor que en el pasado, ahora no tenías miedo. Tus manos se instalaron en su cuello, aunque te costaba un poco alcanzarlo por la diferencia de estaturas. Tu corazón latía fuerte, incluso más fuerte que cuando habías corrido para alcanzarlo. Aún con los ojos cerrados, sentías que él sonreía cuando te besaba, algo te decía que Jimin sentía algo parecido en el estómago, el mismo revoloteo incomprensible que sentías tú. Ese beso había creado toda una revolución en los dos, haciéndose cada vez más profundo pero, de nuevo, era una profundidad sin llegar a la rudeza, era suave, cálido.
Sí, definitivamente este había sido mejor que el otro, más satisfactorio, más explosivo.
Sus labios se despegaron para poder tomar aire, él juntó su frente con la tuya. Sus ojos aún cerrados, descifrando lo que acababa de suceder.
-No estoy molesto contigo, no tienes que decir nada más. -sonrió y te miró con ternura, tomando tu mano y entrelazando sus dedos. -te dije que tú pondrías el ritmo, ¿no es así, bonita?
Y sonreíste porque sabías que ese era el principio de algo grande, algo que atesorarías y cuidarías con tu vida de ahora en adelante, era el inicio de tu historia con Park Jimin, el chico que no tomaba café y no comía azúcar, pero que era el chico más dulce que habías conocido.
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~Sugar Free.~
FanfictionEsta Obra no me pertenece (yo no lo escribí, la creadora es una de mis mejores amigas) pero me pareció tan genial que quise compartirla con ustedes, y de igual menea esperar a que se anime a subir más historias, espero la disfruten, solo consta de u...
