Parte 19

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01:57 * Héctor: vas mañana al botellón?

Solté el móvil sobre la cama, como si me quemara. Me senté, apoyando la espalda en la almohada y agité las manos, nerviosa. El corazón me latía a una velocidad alarmante, pero aun así mi boca dibujó una sonrisa enorme que era incapaz de borrar por mucho que me mordiera los labios. Estaba emocionada: Él me había escrito. A mí. Para invitarme al botellón. A mí.

Me sequé el sudor de las palmas de las manos en las sábanas y cogí de nuevo el móvil. No podía dejar pasar demasiado tiempo antes de contestar o Héctor pensaría que yo era una desequilibrada obsesionada con él que le escribía de madrugada. Él también me había escrito tarde, pero tendría un buen motivo para escribirme a esa hora. Quizá había estado sirviendo copas a algún dios.

01:59 * Yo: sí

¿Sí? ¿Realmente quería ir al botellón con la gente del instituto? ¿Y si lo preguntaba para evitar cruzarse conmigo? ¿Y si había oído que Elena me había invitado y quería impedir que fuera? ¿Y si no? Días atrás me había dicho que teníamos que hablar de algo, pero si aún quisiera hablar me habría escrito un mensaje ¿no? ¿NO?

01:59 * Héctor: ok

¿"ok"? ¿Eso qué significaba? ¿Qué clase de respuesta era esa? ¿Para qué quería saber si iba? ¿Estábamos quedando? ¿Estaba pasando lista?

De entre todas las preguntas que me asaltaron había un tema que me angustiaba especialmente: ¿Y si no sabía que era mi número? ¿Y si me había confundido con otra persona? ¿Y si me presentaba en el botellón y solo recibía indiferencia, o peor, más amenazas por su parte?

Tuve que salir de mi habitación e ir al baño a lavarme la cara para que se me pasaran los nervios. Pero en cuanto regresé a mi cama le contesté, tenía que aclararlo antes de que fuera aún más tarde.

02:05 * Yo: soy Cuervo

02:05 * Héctor: lo sé

Miré la conversación completa en WhatsApp. Tan solo dos líneas antes de que me hablara hoy, Héctor me preguntaba quién era y yo le contestaba "Cuervo".

Idiota, no podía ser más idiota. Clavé las uñas en almohada para evitar gritar de la rabia.

Fui corriendo a la nevera a meter el móvil antes de escribir alguna tontería más. En realidad, fui de puntillas, porque mi tía dormía en el salón y no quería despertarla. De puntillas, pero rápido.

Di tantas vueltas en la cama que la ropa que tenía tirada empezó a liarse con las sábanas y se formó una gran bola de tela que me aprisionó una pierna. Tuve que encender la luz y aun así tardé un rato en conseguir liberarme. El siguiente reto era hacer que la cama estuviera cómoda, dejar solo la almohada, la sábana y la manta. También me costó. Tenía que ordenar, pero cómo iba a hacerlo cuando mi cabeza echaba humo.

Era muy posible que Héctor quisiera que yo fuera a ese botellón. ¿Y si quería vengarse de nuevo? ¿Y si se había enterado de lo de Mario y Álvaro y de algún modo me culpaba por no decírselo? ¿Y si le habían expulsado del instituto por mi culpa, por pegar a Jorge, y quería vengarse?

Fui al baño a hacer pis, y cuando terminé me miré al espejo. Tenía el pelo peor que nunca y ojeras incipientes, y quizá fuera que el cansancio me hacía ver algo borroso, pero me vi guapa. Si el móvil no hubiera estado en la nevera me habría hecho un selfi. ¿Y si Héctor me veía así? ¿Y si quería verme por eso? Al momento recordé que era gay y volví apesadumbrada a la cama. Me tapé, cerré los ojos y caí en la cuenta de un detalle que no había tenido en cuenta: Héctor me había besado.

La sonrisa de boba volvió a mi cara y me llevé dos dedos a los labios. Sí, era gay y me odiaba, pero me había besado. Me había agarrado, me había acercado a él y me había besado ¿Eso cómo se explicaba? Cuando sucedió ambos actuamos como si no hubiera pasado nada, pero pasó. Pasó ¿O quizá no? ¿Me lo imaginé? Maldita agua de Madrid.

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