Capítulo 1; Infierno en el cementerio.

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–Otra vez tarde.– La voz de mi padre me detuvo en seco.
–Lo siento.– Dije cabizbaja.
–No es la primera vez, de cualquier modo, ¿Dónde estabas?– Dijo sin siquiera mirarme, levanté la cabeza y con un susurro apenas audible respondí.
–En... el cementerio.– Levantó la cabeza de golpe, desde ese momento se sintió como cambió el ambiente, las venas de la cabeza le sobresalían.
–¿Qué hacías ahí?–Intentaba sonar tranquilo, lo sé.
–Me pareció escuchar un alma perdida, pensé que...
–¿Que qué?–Interrumpió, sus labios estaban pálidos, de verdad se estaba esforzando en no estallar.
–Que podría ayudarle a encontrar el camino a casa.
–¡Suficiente! Ese es el trabajo de los Itaes. Una tarea, no puedo pedirte UNA sola tarea porque aprovechas para traicionar mi confianza.– Gritó y comenzó a caminar de un lado a otro, desesperado, consumido por la ansiedad.
–Papá... sé que quizá no debí haber ido, pero, ya no soy una niña pequeña a la cual debes tener bien vigilada a cada uno de sus pasos.
–No, no eres una niña, no más... pero aún no debes de andar por ahí sola, y menos en un lugar como el cementerio.– Suspiró ruidosamente y después de unos instantes, me  miró... ahí lo vi todo. Su mirada era suave, pura y tranquila nada que ver con la furia andante que era hace apenas unos segundos, se acercó y con delicadeza, tomó mi rostro entre sus manos y me acarició la mejilla con el pulgar– Escucha, Rydell sé que en esa cabecita hay miles de preguntas, y muchísima curiosidad, la cual no es mala, pero muchas veces te domina y hace que te pongas en riesgo sin darte cuenta... pero también sé qué hay mucha inteligencia dentro de ella, aprende a equilibrarla, solo ella te dirá que hacer en los peores momentos.– Besó mi frente y desapareció por la puerta principal.
Subí a mi habitación, procurando hacer poco ruido, al llegar a esta, cerré la puerta con seguro y me dirigí a la ventana, la abrí y me senté al borde de esta, con los pies colgando hacia fuera.
La vista panorámica era preciosa, algunas nubes rozaban mi piel, me sentía tan cerca de las estrellas...me levanté sobre el marco de la ventana y justo cuando me disponía a salir volando por los aires con destino directo al cementerio, vi que algo se acercaba a lo lejos... no, algo no, alguien... ¡Cristobal! mi gran y mejor amigo, sus grises alas brillaban como ninguna bajo el brillo de la noche, entré a mi habitación de nuevo seguida por él. Estaba semidesnudo, lo único que cubría su cuerpo era unos jeans negros que atesoraba, pero que ahora estaban rotos y sucios, su mirada era aterradora, su abdomen bien marcado ahora tenía un par de rasguños un poco profundos.
–¡Tobal! ¿Qué ha pasado? –Dije al ver que no emitía palabra alguna.
–Es el... cementerio...–Dijo con la mirada hacia la nada y voz ronca–Rydell, no debes volver ahí por mucho tiempo, corremos un riesgo enorme.
–Pero...¿Qué ha pasado? ¿Por qué suenas como mi padre?–Pregunté confundida, Cristobal se dirigió a mi cama y se acostó en ella, cruzando los dedos sobre el pecho, cerró los ojos, me senté a su lado, inquieta esperando una buena explicación.
–Mi padre me ha enseñado más acerca de lo que somos, así que me ha estado dejando ir a la metrópoli humana, cada miércoles, pero eso es algo que ya sabes, así que me saltaré esa parte. Estaba terminando mi turno, todo parecía marchar bien, estaba listo para regresar a casa, cuando una luz naranja salió disparada de la nada, provenía de un lugar, lo sé. Volé hacia donde me llevaba la luz, era el cementerio. Me pareció extraño, pensé que quizá sería un alma perdida o alguna broma de los pesados de los Mortem, pero no, era algo más... oscuro y misterioso. Era un agujero, profundo.–Se incorporó de golpe y me miró a los ojos, después, su tono era aún más bajo, como si fuera a contarme un secreto y hubiera mil personas alrededor que no pudieran escuchar– Rydell, de el provenían gritos, aterradores. Fue cuando me di cuenta de que era una trampa, pero entonces, fue demasiado tarde, me sujetaron los tobillos con cadenas de azufre haciéndome caer, ¡Malditos demonios!...cuatro, para ser exactos.
me torturaron con artefactos extraños que jamás en mi vida había visto,pero que sin duda alguna, fueron creados para lastimar a un Ángel. No sé cómo lograron salir del infierno ni por qué me dejaron ir... lo que sí sé es que se aproxima el caos, con ellos fuera del infierno, no habrá más que destrucción, y guerra. Rydell, debemos huir, no podemos quedarnos aquí.–Se acercó sin previo aviso y me abrazo, debo admitir, que me tomo por sorpresa, se me escapó un pequeño grito entre los labios al sentir sus fríos brazos rodeando mi débil cuerpo, a los pocos segundos sentí su cuerpo vibrar bajo el mío, me asusté, y me separé de él rápidamente, mientras se desvanecía sobre el suelo pude ver gotas de sudor sobre su rubio cabello y frente blanquecina, estaba asustada, desesperada y angustiada. A mi mejor amigo de la infancia, se le estaba yendo la vida entre los labios y yo no podía salir de mi ensimismamiento.
–Papá... pa... ¡Papá! ¡Papá, por favor ven!– Comencé a gritar entre sollozos y angustia.–¡Papá! ¡Papá! ¡Cristobal! ¡Ayúdame por favor! ¡Papá ven ya!–Intentaba levantarme para ir corriendo en busca de ayuda, pero mis piernas no me lo permitían, me sentía tan frustrada, a los pocos instantes, llego mi padre abriendo las puertas de mi habitación de par en par. Después de eso, no recuerdo mucho, pues me desmayé perdiendo el conocimiento por 3 días, en los cuales, se habían llevado a Cristobal en estado grave a un lugar cuyo nadie me quiso decir cual era, nadie sabría, solo sus padres, pues era para tenerlo a salvo de los demonios y en recuperación, fue un gran alivio el saber que estaba vivo, por ahora, no quería que empeorara y pasara... lo que tiene que pasar.
3 días en los cuales, fueron suficientes para que una metrópoli de Ángeles se levantaran en protección a su pueblo y listos para combatir a los Demonios, a pesar de que estos no habían dado ningún rastro de que hubieran huido del infierno. Y finalmente, a las 2 semanas de lo ocurrido, la mitad de la metrópoli, solo hablaba de que Cristobal había inventado todo, que solo quería un poco de atención, que era imposible que hubiera salido con vida de un ataque de 4 demonios; "Pobre muchacho, tan apuesto, tan joven, tan carismático, ha enloquecido, ¡Me compadezco de él y sus padres!", esas fueron las palabras de una de las vecinas de Cris, la escuché el sábado pasado, y estaba segura que así eran los comentarios de los demás. por lo tanto, todos retomarían sus actividades habituales, dejando de lado, lo sucedido con Cristobal.
Miles de ideas bombardeaban mi cabeza, las pupilas dilatadas por el miedo y terror de los ojos de mi mejor amigo me visitaban todas las noches en mis pesadillas, seguida de sus palabras en un eco tenebroso; "Rydell, debemos huir, no podemos quedarnos aquí."
Desperté sobresaltada, el corazón a mil por hora, sabía que Cristobal jamás me mentiría, Cristobal había vivido eso en carne propia, esos demonios lo habían torturado hasta el alma, y si él decía que corríamos riesgo, es porque así sería. Todos estos días había seguido las reglas de mi padre al pie de letra, no salir de casa, pero no más, iría al cementerio a saber qué es lo que había pasado una noche como hoy, hace 18 días.

Lágrimas de un ángel.Histórias para pegar e não largar. Descubra agora