-Hace diez años cometí algo horrible -murmuró Nakia. Sus pasos resonaban en un patrón errático sobre el suelo metálico del laboratorio mientras caminaba en círculos, apretando con fuerza violenta una pila de informes del portal G-230. Los folios de papel se arrugaban bajo el temblor incontrolable de sus dedos.
La joven vestía una bata blanca ajada y arrugada, manchada de reactivos secos, evidencia física de días enteros ignorando el descanso. Su cabello plateado, antes pulcro, caía deslucido y desordenado alrededor de un rostro pálido. Debajo de sus ojos, grandes ojeras purpúreas acentuaban el cansancio de una culpa antigua que la consumía por dentro.
-Dejé atrás a mis compañeros en una misión fallida... -continuó en un hilo de voz que apenas quebraba el constante humillar del equipo electrónico. Giró el rostro hacia la penumbra de su escritorio.
Sobre la superficie de madera reposaba un marco metálico, una fotografía, cuatro jóvenes cazadores sonreían con la confianza de quienes se creen invencibles. Entre ellos estaba ella, más joven y sin la sombra que ahora la apagaba, y justo a su lado su mejor amigo Nekan, sosteniendo la mirada a la cámara con una sonrisa cálida.
-He pasado estos diez años intentando expiar mi error... Ayudando a cuanta persona puedo con mis habilidades sanadoras, curando cazadores heridos en primera línea, asistiendo en evacuaciones caóticas y ofreciéndome como voluntaria en rescates suicidas... Pero nada de eso borrará lo que hice...
Un zumbido agudo y ensordecedor perforó el ambiente, haciendo vibrar los cristales del recinto. Las luces del techo se apagaron para dar paso a un parpadeo frenético de alarmas rojas que bañado el laboratorio en un tono carmesí. En el centro de la sala, la colosal estructura circular del portal G-230 comenzó a convulsionar, soltando chispas y arcos eléctricos de color violeta. La grieta dimensional se rasgó de golpe, desatando una ráfaga de viento helado y feroz.
El vendaval arrasó la estancia con la fuerza de un huracán contenido: sillas giratorias fueron volcadas, las mesas de trabajo se desplazaron pesadamente y miles de documentos salieron disparados como una tempestad de papel. El portarretratos sobre el escritorio voló por los aires y se estrelló violentamente contra la pared opuesta, haciendo añicos el cristal, cuyo sonido se perdió en el rugido del portal.
-¿¡Qué está pasando!? -exclamó Nakia, entornando los ojos y cruzando los brazos sobre la cara para protegerse del polvo y los fragmentos que volaban.
De la neblina resplandeciente del vórtice emergió una figura. La masa oscura cayó pesadamente contra la plataforma central, haciendo retumbar el piso de metal. Apoyó una rodilla desgastada y las palmas de las manos contra el suelo, jadeando con violencia.
La ráfaga de aire comenzó a ceder poco a poco y la densidad del humo dimensional se dispersó. Nakia bajó lentamente los brazos. Al enfocar la vista en la silueta, la circulación pareció congelarse en sus venas y su respiración se cortó en un jadeo seco.
-¿Nekan?... -susurró. Un nudo le oprimió la garganta mientras las lágrimas colmaban sus ojos y comenzaban a derramarse por sus mejillas sin control- No puede ser... ¡Eres tú!
Desorientado, el hombre erguido sobre la plataforma levantó la cabeza. Su cuello crujió levemente al recorrer el laboratorio con la mirada, ya no quedaba rastro del muchacho delgado de la fotografía: su musculatura era voluminosa y magra, su piel lucía marcas de cicatrices brutales y su estatura superaba con creces la barrera de lo humano, pero lo más aterrador residía en sus ojos: las pupilas dilatadas al límite reflejaban una ferocidad desprovista de cordura, la mirada pura de una bestia acorralada.
Al fijar la vista en Nakia, la brutalidad de sus facciones se endureció, un chispazo de reconocimiento distorsionó su rostro en una mueca amarga,se puso de pie con una lentitud amenazante, proyectando una sombra enorme sobre la joven.
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Calamidad
Science Fiction"No soy su marioneta" Traicionado por la ambición de la organización y dado por muerto durante una década, Nekan ha vuelto del portal convertido en una bestia imparable, Nakia carga con la culpa de haberlo abandonado; él, con las cicatrices de diez...
