Capítulo único - Se ha dicho todo [EDITADO]

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¨Frente a cualquier fuerza omnipresente dirigente del mundo, justo aquí como sino; juro con la solemnidad y pureza de mi corazón, mi profundo amor por ti. Desafiante a cualquier desgracia que signifique nuestra temporal separación, pues, aquí mismo, sigo el juramento de volvernos a encontrar, sea en esta vida o la siguiente¨. Ambos pares de manos se hallaban entrelazándose con infinita ternura y perspicaz determinación: pactando entre el letargo de sus cuerpos mallugados y la noche, que no podían ver, su improvisada unión, desesperada y conmovedora para el alivio de sus condenadas almas. ¨Te tomo a ti, Levi, como mi legitimo confidente y amante, hasta que el cielo de arriba como el infierno de abajo culminen en cenizas y desaparezcan, junto a todo lo que se conoce, tal a lo que nunca se conocerá jamás.¨. El susodicho, Levi, reprimía un lastimero sollozo, apretujando entre sus manos las del hombre que le juraba un legítimo amor eterno. ¿Era posible sentirse repentinamente tan dichoso entre medio de la inminente desgracia? Él creía que sí. Erwin, conmovido, devolvió el gesto tierno, tratando con ello brindarle un poco de compostura. El hombre más bajo aclaró la garganta con un carraspeo, alzando la cabeza; digno para sellar sus votos. ¨Esperaré por ti, pues, la injusticia sobre nosotros y nuestro amor será recompensada algún día, en alguna de las eras consiguientes. Donde no sea más condenada la ternura y el amor sea aceptado en todas sus implicaciones genuinas. Confío encontraré el resplandor de tus ojos nuevamente, llenos de vitalidad y dignos de ser mis guías en este mundo tan oscuro y desahuciado.¨. La voz, siempre suave y melódica, temblaba conforme pronunciaba sus votos, junto a su pequeño cuerpo. Encontró la fuerza para proseguir: ¨Te acepto a ti, Erwin, como mi legitimo compañero de existencia carnal u etérea, en cualquier forma y esencia. Por seguro retornaré para encontrarte, inclusive si tu alma se encuentra confundida y extraviada en este basto mundo.¨. Erwin, quien se mantuvo medianamente firme, colapsó en brotes de gruesas lágrimas, quienes descendían por su alargado rostro hasta perderse en el escondrijo de su cuello. ¨Te amo¨ musitó e inmediatamente fue correspondido con un dulce toque en los labios, sellando así su poderosa unión, declarada en tiempos tan difíciles para los hombres que decidían amarse. Se besaron con ternura conforme el alba se alzó; melancólico y majestuoso para ellos, mutando a un matiz azafranado cuando dio paso a las primeras horas del día... y el fin, tanto el comienzo para ellos.





(...)





De pie, frente a un tumulto de espectadores; quienes arrojaban piedras y vegetales en descomposición de lleno a ellos. No podían protestar u hacer algo al respecto, solo se miraban de soslayo, para darse paz el uno al otro. Tenían las manos atadas tras la espalda y prontamente un saco les haría juego en la cabeza. Un despiadado verdugo se aproximo a colocarles los lazos alrededor del cuello, indiferente a la agonía prematura de los desgraciados; iban a ejecutarlos por ahorcamiento en la plaza pública del pueblo cerrado e ignorante. Era impresionante como en el mismo lugar donde celebraban bodas, fiestas decembrinas y bautizos, también escupían a los condenados de inmoralidad.

¿No era inmoral, pues, atentar con un par de enamorados?

El alcalde recitó un discurso y el sacerdote algunos versos bíblicos, y al final, dándose esos aires de hombres dignos qué, curiosamente los alcaldes y sacerdotes no proyectan, les otorgaron la oportunidad de redimirse ante Dios y morir.

Pero ellos no eran Dios, eran hombres y mujeres cegados por la inmundicia y la carencia.

El Dios en el que Levi y Erwin creían, jamás les hubiese condenado, jamás les hubiese negado la oportunidad de vivir.

El condenado de cabellos endrinos y ojos grises, apretó la mandíbula, con la cabeza alzada con orgullo, mirando a los ojos a cada uno de los prepotentes ignorantes que un día antes les habían encarcelado en una inmunda fosa, y en el fondo de esta, sólo pudo observar entre los tablones de madera la luz del sol y la luz de la luna, otorgada por el mismísimo sol incluso en la noche. Y nada de eso importó, nada de eso lo doblegó, no mientras tuvo a su lado a aquel hombre de ojos color cielo y cabello color sol, y no importaba nada si lo tenia a un metro, y no importaba nada si estaban en la misma condición. ¨Sólo tengo una cosa que decir, escuchen bien.¨. Se tomó un momento, verificando tener la atención de la multitud bajo la tarima que los alzaba frente a ellos. Erwin bufó, acomodando su cabello con un ademán de cabeza, que caía despreocupado sobre su frente y sobre sus cansados ojos color cielo, que pese a todo seguían brillando. Negó con la cabeza, sus labios se estiraron en una sonrisa de media luna, viéndose venir lo inevitable. ¨Cada uno de ustedes...¨. Volvió a tomar palabra el hombrecillo de ojos fríos; ¨Pueden besar mí inmoral y homosexual trasero, cerdos¨. Tan irascible permanecía, que sólo sonrió satisfecho, pese al bramido colectivo de disgusto. El regordete alcalde enrojeció, colérico y el sacerdote se persignó, escandalizado. Ordenaron entre maldiciones al verdugo, para que moviese de una vez aquella palanca, que olvidara siquiera ponerles el saco sobre la cabeza, para darles fin de una vez a aquellos sinvergüenzas que osaban ensuciar la gloria de Dios. ¨Por otra parte, faltan mis palabras finales¨. Le detuvo, el condenado bien parecido, poniéndose derecho para comunicar a la no tan grata audiencia, sus deseos: ¨Damas y caballeros, resumiré brevemente; púdranse.¨. Una nueva ola de maldiciones y bramidos les rodearon. En cuanto a su amante, a su amor, no había nada más que comunicarle, se había dicho todo en la intimidad que les brindó una fosa desamparada. Esas personas no merecían escuchar las palabras de amor de un par de almas afines.

Finalmente, se observaron una última vez, comunicándose lo que ya sabían y pensaban a través de sus miradas angustiadas, y al mismo tiempo, tan llenas de infinita paz, seguras.

Ambos cuerpos cayeron, y los lazos les asfixiaron, los ángeles de la muerte les reclamaron, pese a sus espasmos de inútil resistencia.

Y todo desapareció, y todo fue negro; y todo culminó.

Hasta que volviesen a encontrase, hasta que volviesen a nacer, donde el mundo les recompensase las injusticias y sacrificios que tuvieron que hacer.

Porque ¨Las injusticias que caen sobre las almas nobles, siempre serán recompensadas por la bondad de un mundo cruel. ¨.

Bondad. (Eruri)Stories to obsess over. Discover now