Chupito Quest {One-Shot}

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Sobredosis.

Así le dicen al término o concepto de tener algo una única vez y volverte adicto a ello, deseándolo una y otra vez al punto en que este mismo concepto, esencia o elemento te consume  y termina por superarte hasta destruírte, un tren sin frenos, un camino sin salida, "no hay regreso aquí" y todo eso que se podría decir poéticamente pero que importa una puta mierda. Una sobredosis es cuando tienes algo, quieres más y lo conseguirás como sea.

Y precisamente esta es la historia de mi primera adicción y sobredosis, en múltiples partes.

Sergio Norambuena, un joven adulto de excelencia académica, simplemente por ser culto, ni siquiera inteligente en exceso o astuto en demasía, solo sabio, que "se las sabe todas y conoce de lo necesario", ni siquiera sabio en el sentido espiritual o cual pavada como esa, no. 20 años de edad, lo que le hace, bueno, me hace mayor de edad en mi país, Chile, así con en la mayoría de otros directamente. ¿Y cual es mi gracia? Yo diría que ninguna, más que jugar videojuegos, saber cosas que usualmente otros no, nunca estar atrás en términos de cultura general y específica y poco más.

Aquel día me encontraba jugando alguna weá tipo Resident Evil o Call of Duty, francamente ni me acuerdo, pero era un juego donde tus reflejos y tu observación del campo eran necesarios, saber donde, cuando, cómo y atacar, ¡boom! y listo, algo que jamás haría en la vida real porque la guerra se me hace jodidamente aterradora y porque no soy un hombre de acción, uno que no actúa en pos de cualquier interés que pueda nacerle o salirle de cierto agujero de nombre misterioso, un cobarde, en pocas palabras, y ya. Pero alguien no concuerda conmigo o quiere que no sea el caso, mi único mejor amigo.

Nicolás Fuenzalida, alias "Vikingo", un hombre alto, un año mayor que yo y por lo menos diez y tanto centímetros más alto que yo también, rubio, de melena no tan larga pero suficiente para hacerle popular por su absurdo físico además de su simpatía infinita, un carisma que podía devorar a un agujero negro, que en términos de física moderna no tiene sentido, pero con él, fijo que sí, demás. Rubio, alto y simpático, mi compadre siempre me decía: "Weón, tení que aplicarle, erí bakán, salta a la weá no más, choro", o algo así en sus efusivas palabras con una sonrisa que podría seguramente cegar a los entes más oscuros en alguna dimensión perdida. Básicamente, el weón es una luminaria en nuestro campus universitario, dicho sea, lo cual me hace pensar: "¿Por qué es mi amigo de todos modos?"

Y no, no pienso presentar aún a quién falta, me da vergüenza, ciertamente. Pero el punto es ese. Con esa intro larga y latosa estoy echado en uno de mis sillones o sillones-cama o lo que sea, jugando con mi consola y estación de tele a lo lejos, puesta en lo alto para mayor comodidad (flojera pragmática, le llamo yo en términos altamente científicos y humanistas) a lo que considero que será otra noche perdida, inútil, basura, como todas, porque bla bla bla, no soy siquiera el tipo edgy habitual nihilista pero tampoco puedo ser un normalfag feliz y brilloso como... ¡Oh mierda! ¡Oh no! Ahí viene, y él sabe que lo hace, total lo dejo venir siempre y sabe que la puerta no está realmente cerrada. ¿Pero por qué ahora? Si él debería estar saliendo o algo... Agh, en fin.

- ¡Hey, mi hermano! ¡Sergio, weón, despierta! ¡Coooooooompa!

Su voz como el bramido de un Gyallarhorn anunciando la caída (¿o ascenso simbólico?) del Yggdrassil de los nueve mundos de los dioses nórdicos me hizo despertar, teniendo que chafar mi nuca contra la comodidad de mi sillón y pausar el juego. Pausar el puto juego. Agh. Miré a Nicolás, rubio, alto, simpático, un ente cósmico que no tenía ningún lugar en un mundo podrido, excepto quizá curarlo, ¿pero por qué? ¿sin paga? Suspiré y miré al hermoso cabrón en cuestión. No era necesario siquiera decir "No homo" porque no solo eramos best broes, niggahs de la vida, sino que su grandeza lo hacía trascender toda idea de sexualidad o, em, ya, vale, entendéis, no me hagáis explicároslo que no me gusta explicar cosas innecesariamente.

Chupito QuestGeschichten, die süchtig machen. Entdecke jetzt