Capítulo 1

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—¡¡EL MUNDO ME ODIAAAAA!! —gritó un joven chico de cabello negro y tez blanca ante la tragedia, según él, frente a sus ojos.

Era el inicio del año escolar, y nuestro amigo pelinegro había empezado con el pie izquierdo:

Primeramente, su alarma no sonó y junto a ello se dio cuenta que su teléfono no se cargó en toda la noche y por eso no hubo alarma, así que ya van dos. Tercero, su madre se fue ese día a casa de su abuela a cuidarla porque se encontraba enferma, olvidándose por completo de su pobre hijo el primer día de clases. Cuarto, el día anterior no se hicieron las comprar correspondientes así que prácticamente no había nada en la despensa para hacer el desayuno. Quinto, no le dejaron dinero para el autobús, pues su madre salió tan apurada que lo olvido, por lo que le tocaría ir caminando, corriendo, al instituto. Sexto, camino a clases tropezó con una mujer que paseaba un par de cachorros y uno de ellos escapo, por lo que tuvo que ir a buscarlo sino quería que la señora lo asesinara con uno de sus tacones. Séptimo, cuando llego a la institución el portero le cerró la puerta en la cara, le rogó que le abriera la entrada antes de que apareciera la rectora o alguno de los del consejo estudiantil.

Y, por último, antes de que empezara el acto de bienvenida, se topó con sus mejores amigos y uno de ellos le brindo una bebida de la máquina expendedora que, para concluir sus desgracias del día, estaba algo agitada, por lo que al momento de abrirla, soltó suficiente espuma como para hacer que el muchacho se sobresaltase y, luego de que la espuma se dispersó, solo le quedaba poco más de la mitad de la bebida.

—Oh por favor, no exageres —habló el más alto de sus amigos—, solo se derramó un poco —el muchacho lo miró de mala gana—. Ok, se derramó mucho.

—No es eso —interrumpió a su amigo—, es solo que no ha sido una buena mañana.

—Bueno —dijo el menor de los tres—, pero eso puede mejorar.

—¿Ya está todo listo? —preguntó el pelinegro a sus compinches.

—Obviamente, ¿por quién me tomas? —contestó, con fingida indignación, el delgado alto de cabello castaño.

—¿Te he dicho cuánto te amo? —hizo un gesto de querer besar a su compañero y este solo estampó su mano en su cara para alejarlo.

El más pequeño solo se reía de la divertida escena que hacían sus amigos.

Luego de una pequeña pelea por parte de los mayores, los tres amigos se dirimieron a la parte trasera de la sala de actos y, después de una rigurosa inspección de la zona, entraron por la puerta que allí se encontraba.

Al entrar inspeccionaron nuevamente en busca de alguna señal de vida, pero nadie asomaba sus narices en el lugar.

—Perfecto —susurró el pelinegro—. ¿En qué lugar lo colocaste, Jun? —le preguntó al castaño a la vez que cerraba la puerta.

El alto señaló a un costado del lugar y todo se dirigieron a esa dirección. Detrás de algunas cajas se podían divisar unas sábanas, los chicos rodaron las cajas y retiraron las sábanas para revelar los preparativos que habían acordado.

—Excelente.

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Nota del Autor:

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No sé... Solo digo, como sugerencia. Usted decide que hacer, mi estimado lector.

ATTE: Bennett Firulays, hámster escritor.

Rompete Una Pierna (Vol. I)Stories to obsess over. Discover now