Mi rutina era monótona, despertaba, me cambiaba, intentaba desayunar algo y me preparaba mentalmente para soportar otro día. Llevaba toda mi vida en la misma ciudad y conociendo a las mismas personas, sin embargo, llevaba un par de meses sin alegrarme de poder pisar el Sweet Amoris, meses desde que mi vida se había vuelto un infierno.
Debrah, una chica que había llegado a principios del semestre había flechado a medio mundo. Era linda y simpática, pero como era de esperarse, había puesto sus ojos en Castiel, mi mejor amigo y por supuesto que yo empecé a ser una amenaza. Todo había comenzado a ser sutil, exclusiones de salidas, rumores, cizañas con las otras chicas, poco a poco fue todo escalando, hasta que llegamos al punto en donde me encontraba en ese momento: aislamiento completo.
Ni siquiera recordaba con claridad cuándo es que había dejado que mi vida completa cayera en manos de una simple compañera de clases, pero había llegado al punto de temerle, porque si me negaba a alguna de sus mañas, ella comenzaba a fingir y todos me acusaban de atacarla. Por supuesto que ya había intentado de mil formas explicarle a la directora y a mis padres que todo lo que decía era falso y que, al contrario, era ella quien me atacaba a mí, pero nunca nadie me creía.
Había tenido cientos de tardes en conversatorios después de clases, cientos de castigos y por supuesto, miles de conversaciones con mis padres sobre los celos, la envidia y el amor, pero seguían sin escucharme, porque la voz de Debrah seguía siendo mucho más alta.
Con el paso del tiempo, me había rendido y entendido que estar sola era mejor que luchar contra ella. Me había cansado de llorar y no tenía las suficientes fuerzas como para huir o seguir pidiéndole ayuda a alguien. Sin embargo, recuerdo que aquel día algo cambió.
Me despedí de mis padres, cabizbaja como siempre, pero ellos me detuvieron para preguntarme si todo estaba bien.
―Su, cariño... –Habló mi madre. ―¿Estás segura de que quieres ir al instituto? No luces muy bien hoy... –Preguntó en un tono suave.
―Si, estoy bien –respondí esbozando una sonrisa.
―¿Estás segura? No lo sé... Te noto algo extraña.
―Anoche no dormí bien, solo es eso.
―¿Segura?
Levemente asentí con la cabeza y acomodé mi mochila. Tampoco supe explicar el porqué, pero ese día mis ganas de quedarme en casa eran incluso más grandes que antes.
―Está bien –suspiró fingiendo una sonrisa. ―Si necesitas algo, avisa en inspectoría, estaré atenta a mi celular, ¿Si?
Yo volví a asentir y caminé hasta la parada del bus.
El camino se me hizo eterno y cuando llegué, observé la hora en mi reloj y corrí a esconderme en los baños.
La rutina fue la de siempre, traté de evitar toda la mañana a Debrah, quien, como siempre, estaba siempre rodeada de gente. Creí que sería otro día en donde todos pasarían de mí, pues ya casi era la última clase, sin embargo, en el último receso, Debrah logró encontrarme en el jardín.
–Hasta que al fin te encuentro –sonrió de forma burlesca. ―Iba a pedirte los deberes de mañana y por un momento pensé que debería ir a ver al tonto de Nathaniel, pero por suerte Iris te vió aquí.
Mi primer reflejo fue guardar todo en mi mochila y prepararme para correr.
―¿Acaso no me escuchas? Te dije que necesito los deberes para mañana –me lanzó su cuaderno.
―N-No... –Titubeé sin procesarlo.
―¿Qué?
Yo guardé silencio. Generalmente cedía sin problemas, porque sabía que era lo que pasaría si me negaba.
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Ya No Soy Aquella - Corazon de Melón AU
FanfictionDespués de un tiempo fuera por un incidente que la dejó hospitalizada, Sucrette debe volver a su antiguo instituto. Pero nada es como lo recuerda: pasillos llenos de secretos, voces que parecen susurrarle recuerdos y rostros que esconden más de lo q...
