Prólogo

42 12 9
                                        

INVIERNO, 2019






Copos de nieve descendían desde el cielo con el grosor de unos instantes.


Tan solo fue necesario el pasar de unos segundos para que Aidan Phoenixe pudiese sentir la presencia de su amada hermana, pudo sentirse tan lejos como su ser y alma alcanzarán a avisarle entre la frialdad de aquella invernal noche. Lo sintió como si su nombre resonara en su cabeza, y su ser se exparciera en el lugar el que se encontraba, tan cálido pero tan frío a la vez. En una noche en la que el silencio engullía la ciudad, podía escuchar claro y fuerte la voz de su hermana. Pero estaba solo; tan solo como se podría estar en éste mundo lleno de frialdad.

Sentía como todos los apacibles y letárgicos copos de diminuta nieve blanca se expandían entre su piel, los contemplaba, como un espectador en una película bajo una noche sin estrellas.

Todo pasaría a volverse envuelto en una nublosa nieve de nostalgia y tristeza.

Agarró su gorro negro, decorado con stickeres y colores oscuros perdidos en la niebla, y se lo quitó. Liberó todos y cada uno de los mechones de cabello que se encontraban encerrados entre kilómetros y kilómetros de lana cálida que los encubría de la blanca nieve; no tardó mucho antes de sentir el frío que durante tanto tiempo lo estaba esperando en su propia vanidad nocturna.

"Es una noche demasiado oscura para ser verdad", pensaba. Pareciera como si el universo le hubiese montado aquel escenario solo para recordar a su hermana, cosa que le salió a la perfección. Katie, su hermana, era en lo único en lo que podía pensar aquella noche. Recuerdos de nostalgia y melancolía inundaban cada pequeña zona de su cabeza. Recuerdos que ahora, se podían sentir más nítidos y tristes convirtiéndose prisionero de sus propias memorias.

Recuperó la razón, dejando de lado su ensimismamiento, mientras que poco a poco, pudo escuchar pequeñas pisadas de nieve que se hacían más fuerte a cada segundo. Algo de lo que le restó importancia.

— ¿No te sientes sólo aquí afuera? — preguntó Bryam, su voz se notaba densa y triste, de lejos podría deducirse que estaba pasando por un mal momento. ¿Y quién lo culparía?, por su puesto Aidan no.

Fue entonces cuando chocaron miradas, dos personas indiferentes entre sí que en aquellos momentos colapsaban en el mismo sentimiento de infelicidad y vacío. ¿Quién diría que un abrumador momento reuniría finalmente a dos polos opuestos destinados a odiarse?

Un momento basto, para que Aidan viera y sintiera la tristeza que ocasionó la pérdida de Katie en los ojos de Bryam. Sus ojos se notaban vacíos y sin color, unos ojos cristalizados y nublados que reflejarían un sufrimiento eterno de dolor y culpa.

— ¿Qué quieres que te responda, Waldden? — argumentó Aidan, mostrando una cara de infelicidad y angustia que, aún entre la neblina y la nieve, se irradiaba el dolor que lo quemaba por dentro — Estar allá adentro es lo mismo que acá afuera, solo un ambiente de tristeza y dolor pero en diferentes escenarios.

Bryam se quedó perplejo con tal respuesta, pudo notar la agudeza en sus palabras, casi como si un gran mar de lágrimas estuviese ocultando.

— ¿Fue por algo que hice? — Bryam alzó levemente la voz, algo que lo hacía notar quebradizo y roto. Al borde de casi decaer en un mar de agonía hecha por su propia mente.

— ¿Qué habrías hecho tú, Waldden? — respondió Aidan quién comenzaba a alterarse — Tú ni siquiera habrías estado cerca de ella para hablarle, o a lo mínimo molestarla.

Un estruendoso silencio volvió a rodear aquellas siluetas que comenzaban a deprimirse en su furia. Aidan sacudió su cabeza, contorsionaba sus labios con auguria y se mordía la parte inferior de su lengua. Agarró a Bryam en su hombro izquierdo, quien comenzaba a sentirse agobiado por él mismo perdiendo la mirada. Aidan se sostuvo en su hombro con naturaleza, mientras una gran ráfaga de viento invernal se asomaba entre los dos con suavidad.

— Quise cambiar Aidan. Créeme que lo intenté — la voz quebradiza de Bryam resongaba casi entre dientes, evitando lo que parecía ser una marea de llanto — Pero no fuí suficiente para protegerla, ni siquiera aunque hubiese estado cerca pude ayudarla.

— Tampoco te agobies, Waldden. No habría sido tú culpa.

Ambos en ese momento sentían como el dolor era continúo y la culpa era compartida, entre los dos podían sentir como tenían culpa por haber dejado a Katie atrás, justo en el momento en que ella los necesitaba.

— ¿Recuerdas cuando Katie nos hablaba sobre la vida? — comentó Bryam, observando fijamente a Aidan a los ojos — Recuerdo que ella nos dijo que un día como este llegaría, y que no debíamos entristecernos por que ese día llegaría. Ya que creceríamos y siempre tendríamos sus recuerdos grabados en nuestras memorias.

— Ese día fue historia... — respondió un cansado y rendido Aidan, alguien que ya no entendería el sentido de lo que es vivir — Ya no somos los tres brillantes, Waldden.

— ¿Recuerdas cuando hablamos sobre nuestro futuro, Aidan? ¿Qué creerías que diría Kat si te viera de esta manera? — Bryam suspiró por unos segundos y continuó —, ella quisiera que cumpliera a tus sueños. Estoy seguro que ver a Aidan de esta manera era lo menos que esperaría.

A pesar de ya no ser un niño, y verse como una persona madura. Pareciera como si Bryam no dejara de ser el niño que Aidan alguna vez conoció.

"A pesar de estar en la peor situación, siempre habrá alguien que te alentará a ser mejor persona". Palabras de Katie que comenzaron a rugir en la mente de Aidan, pareciera como si Katie hubiese tomado el control de Bryam para soltar aquellas palabras. No podría creerse lo que acababa de suceder. Bryam Waldden finalmente había ayudado, por primera vez a Aidan Phoenixe.

— ¿Qué me dices, Aidan? — agregó Bryam, quien se veía entusiasta.

— Haré lo que sea, sólo por Katie.

— No lo hagas por ella, hazlo por tí.

Miró a Bryam con la repentina sensación de haber despertado de golpe, era como si él le hubiese abierto los ojos a la nueva perspectiva que en él se encontraba. Era como si hubiese renacido de nuevo.

Sonrió recordando aquellas frases que sus padres le habían intentado implantar en aquel entonces.

"Si quieres a alguien que no está a tu lado, será mejor olvidarlo. Ya que en ese alguien no será necesario el verdadero interés"

No sonrió por aquella frase, sonrió por qué finalmente podía demostrar que sus padres estaban equivocados.

PROTOCOLO 13  [PAUSADO] Stories to obsess over. Discover now