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Lo conocí en una de las tantas pistas de baile que visite después de haber tocado fondo. Fue en una de las más concurridas en esos tiempos que lo vi, recuerdo que el hizo suya esa pista con tan solo su presencia. Siempre fue el mejor bailando, en donde sea que el estaba ponía a relucir sus movimientos y sé que es esa una de las cosas que más me gustaron de él; el cómo parecía que al bailar iba contra el mundo, tenía energía ilimitada, contagiaba alegría a todos los que se detuvieran aunque sea una milésima de segundo a obsérvalo. Era magnético.

En esa pista, en esa noche, comenzó nuestra historia.

Cuando mis ojos se posaron en el no pude apartarlos, y mucho menos después de que me sonriera de esa manera. Está claro que sabía lo que causaba en las personas y lo que causo en mí. Cuando me hizo señas para que me acercara a él, ni siquiera lo pensé. Yo nunca fui el mejor bailarín y lo supo, pero eso no nos detuvo nunca. Esa noche bailamos cada vez más cerca y para el amanecer no nos pudimos separar. Es por eso que terminamos en mi cama haciendo un baile diferente, uniendo nuestros cuerpos de una manera en la cual nos pareció que nunca podríamos ser separados. Éramos magnéticos.

Así fuimos por un tiempo, un tiempo en el cual esa pista se convirtió en nuestra.

Nos fuimos conociendo un poco más en cada cita, hablábamos todos los días de diferentes cosas y los fines de semana bailábamos en esa misma pista donde nos conocimos y en la cual una noche le pedí que fuera mío y yo ser suyo, que fuera mi novio. Me respondió que si con una de sus mejores sonrisas para después sellarlo con un beso. A eso le siguieron meses de diversión juntos y de amor expresado de las maneras más lindas que te puedas imaginar.

Nosotros amábamos pasar tiempos juntos. Confieso algo, yo nunca podría haber estado a su nivel en el baile, y que nos hayamos conocido de esa manera era algo irónico, pero lo volvía algo especial. Las personas que nos conocían siempre destacaban que teníamos una relación muy linda y divertida. Era verdad, mi nene siempre fue alegría e inevitablemente me la contagio.

Fue una lástima que él se haya divertido con muchos más.

Así comenzó el fin.

Después de una semana de responsabilidades llegaban los fines de semana pero mi nene ya no quería compartir sus noches conmigo, no dejaba que vaya a nuestra pista, ni me invitaba a bailar a las nuevas que conocía con sus amigos. Yo solía pensar que necesitaba de más tiempo con sus amigos y eso estaba bien; pero algo había cambiado. Pasaban los días y nosotros peleábamos, es que yo no entendía las razones de sus desprecios hacia mí, no entendía porque me ignoraba, porque no me dejaba tocarlo, ni porque la persona que más amaba se había convertido en alguien que parecía no conocer. Quise hablar, saber que estaba mal, pero las respuestas eran "no tengo tiempo", "todo está en tu cabeza", "no hay nada de qué hablar, todo está bien", en fin no me quería explicar. Paso el tiempo y todo siguió igual, incluso llego a tratarme muy mal y decir que todo era producto de mis inseguridades... le creí; es que ¿cómo no creerle a la persona que me había ayudado a salir de los lugares más oscuros de mi ser, a la persona que me devolvió la alegría?

Pero las discusiones se volvieron algo habitual en nuestra relación y me di cuenta que no podía seguir mintiéndome, pensaba que me amaba pero creo que eso jamás lo hizo.

Le dije que debíamos dejar lo nuestro muchas veces y en todas ellas me hacía creer que eso no era lo correcto porque lo necesitaba, y no solo para divertirnos, sino para no volver a hundirme. Le creí. Los cinco días que pasaron parecieron volver a lo que una vez fuimos, me sentí aliviado pero algo en mí no terminaba de sentirse bien, y ahora lo sé. Mi nene, jugo con mi corazón. Mi nene siguió conociendo pistas de baile sin mí, cambio nuestros días y noches juntos por bailar solo; mientras que yo cambie los días juntos por días solitarios y las noches divirtiéndonos en noches de lágrimas, todas las que puedas imaginar.

Perdí la cabeza.

Una de esas tantas noches no atendió su teléfono, no me aviso si se encontraba bien, ni siquiera volvió. A pesar de todo espere que mi nene llegara, no sé muy bien por qué... quizá no estaba del todo seguro de poder seguir sin alguien como él, supongo que tenía una última esperanza de salvar algo de lo que fuimos. Básicamente, no estaba seguro de que ese tenía que ser nuestro final.

Y cuando una semana después mi nene apareció en nuestro departamento como si nada hubiese pasado, me beso y dijo que me extraño mucho, que su teléfono había dejado de funcionar y muchísimas excusas más que ya no importan; me sentí confundido, sorprendido y con un mínimo destello de esperanza. Esperanza que quedo atrás, esperanza que murió y fue entonces cuando estuve muy seguro que era el fin.

Fueron las marcas en su cuerpo, esas que intento disimular sin éxito mientras se dirigía a la ducha que me demostraron que ya no solo se trataba de salir a divertirse con sus amigos. El verlas me hizo recordar nuevamente que no podía seguir mintiéndome a mí mismo. Ni siquiera quise discutir, el por el contrario por primera vez quiso hablarme, explicarme y antes hubiera podido convencerme muy fácilmente pero, en ese momento aunque me hubiese dicho miles de cosas para que me quede, ya no iban a funcionar. Podría haber dicho lo que sea, de la forma o manera que sea pero realmente no iban a funcionar. No iba a funcionar porque el amor ya no estaba ahí.

Ya no me quedaría a extrañarlo ni un minuto más, ni a pasarme los días pensando en que falle, en cómo podríamos solucionar todo, ya no me quedaría a desear que quiera bailar conmigo, ni a recordar por las noches los momentos divertidos que pasamos juntos. Solo sé que nadie podrá amarlo del modo en que yo solía hacerlo. Pero el amor no es justo, y yo le jure que esa vez ese era el fin.

Así fue. Así se terminó nuestra historia.

Yo: Le escribí una nota dejándola en la cama, me dirigí a la puerta y salí de ahí.

El: Volvió a la pista apenas atravesé la puerta.









~ I L E N ~

The end.Mga kuwentong kahuhumalingan mo. Tumuklas ngayon