—¿Cómo dice que es la raza?
—Chartreux, Char-treux.
—¿Yatrou? Qué lindo nombre para un gatito... ¿es ruso?
—Francés y no es el nombre, es la raza. La gata se llama Filantofuplix, pero prefiere que le digan "Fifu".
—¿Y está seguro que no es de Cleotilde? Juraría por mis dos hijas que la vi dándole de comer mientras bailaba con el tocadiscos sonando a todo volumen, ¡qué bella música!, aunque no consigo recordar el nombre de la canción.
—El nombre no es importante, la melodía es lo que perdura en nuestra mente, la que te lleva a ese momento de felicidad donde veías a Cleotilde alimentando a su gato, bailando al ritmo de esa armoniosa música que te brindó la paz que no tenías al llegar a la casa de tu amiga. La escasa valoración que recibías de parte de tu marido, enterarte de su traición y decidir permanecer a su lado pensando en la seguridad económica de tus hijas fueron golpes duros, pero esa hora diaria que pasabas con tu amiga te brindaba las fuerzas necesarias para aguantar. Toda tu vida fuiste una luchadora y toda luchadora sabe que cuando no quedan combates en los que pelear, abrazar la paz es su mayor recompensa.
—Cleotilde me vino a buscar, puedo verla, dice que viene a llevarme con mis padres... ¿es hora de partir?
—Tu cuerpo partió de esta tierra hace semanas, tu alma se quedó presa dentro de estas paredes, ahora ya conocés el rumbo a seguir, tomá su mano y unite a ellos para compartir la eternidad.
—No se angustien, siempre voy a estar con ustedes...
Luana abandonó la mesedora donde diariamente se sentó durante los últimos diez años, su espíritu era liviano, sus pasos tan lentos como decididos.
Cleotilde estaba frente a ella tendiéndole la mano, aún conservaba el brazalete verde con el que la encontraron muerta hace nueve años, esa madrugada donde la mitad de Luana desapareció con su partida.
La octogenaria miró por última vez a sus dos hijas, quienes sollozaban divididas entre la incredulidad y la devastación emocional, extendió su mano alcanzando la de Cleotilde y se desvaneció en el aire junto con su compañera.
Filantofuplix saltó de la mesita de luz desde la cual observó sin parpadear la unión entre los espíritus de las mujeres, las dos hijas de la fallecida seguían, con sus ojos aún empapados en lágrimas, la breve marcha de la gata hasta reunirse con Jonathan.
—Como pudieron observar gracias a la proyección de mi amiga aquí presente, conseguí que su madre encuentre el camino correcto, su espíritu partió y se reunió con su alma gemela para descansar en paz por toda la eternidad. Servicio completo podríamos decir.
El demonólogo, médium, psíquico y experimentado parapsicólogo guardaba en su valija una extraña caja antigua que había estado iluminada mientras conversaba con Luana.
—Nunca creí en la posibilidad de ver partir a mi madre, se lo agradezco desde el fondo de mi corazón —agregó una de las hijas estrechando la mano de Jonathan.
—No tenés nada que agradecer, disfruto ayudando a que espíritus estancados encuentren el rumbo que los lleve a la paz, sin mencionar que con esto pago el alimento de esta ambiciosa felina, insiste en que le compre el más caro... ¿podés creerlo? —contestó Jonathan evidenciando su interés por la gratificación económica.
—Vamos a pagarle lo que nos pida, pero nunca nos dijo el precio, le imploro tenga piedad que acabamos de enterrar a nuestra madre hace semanas y apenas nos alcanza para vivir —agregó una de las hijas de la fallecida apenada.
—3.500 pesos en gastos funerarios, del resto se encargó la obra social. Cobraron hace pocos días 18.745 pesos al igual que cada mes y por última vez, el geriátrico también era cubierto por la obra social, por la cual ustedes abonaban 1.745 pesos más 400 pesos de plus por el carnet de cada una de ustedes. Si mis cálculos no fallan y difícilmente lo hagan, gastaron 6.045 pesos provenientes de la pensión de Luana, y a menos que se hayan pagado un crucero por el Caribe les sobran 12.700 pesos los cuales no pueden argumentar que utilizan para subsistir ya que las dos tienen trabajos fijos y medianamente bien pagados —sentenció Jonathan dejando a las mujeres pasmadas, pero sin atreverse a preguntar de dónde obtuvo la información.
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PolterCat
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