01; El pasar de los años

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—Andy, despierta —Grito desde la cocina a mi hermano, mientras caliento dos tazas de café y unto mantequilla en dos rebanadas de pan

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—Andy, despierta —Grito desde la cocina a mi hermano, mientras caliento dos tazas de café y unto mantequilla en dos rebanadas de pan. A nosotros dos nos gusta con azúcar encima—, vamos, debes ir al colegio y yo a trabajar.

  A Ethan le gustaban las tostadas con azúcar. Así, en seco. Ni siquiera le untaba algo de jalea o, mantequilla. Sólo pan tostado con azúcar.

Cada mañana recuerdo cuando hacía un plato para los tres. Recuerdo que él bajaba rápidamente y, mientras me ayudaba a preparar el desayuno de Andy, comía su tostada con azúcar.
Es una buena forma de empezar el día.

Han pasado seis años, y la prueba más grande de ello es que, mi Andy, ya es todo un adolescente. Tiene dieciséis años, está terminando la secundaria y quiere estudiar Odontología. Lo mejor de todo es que está rodeado de amigos, que vienen casi todas las tardes a casa. Adoro verlo reír. Más sabiendo toda la historia de su infancia.

—Buenos días—Dice, a mi lado. Es más alto que yo. ¡Y pensar que hace unos siete años lo cargaba en mi espalda! Probablemente si ahora lo intentara, me rompería una cadera—.

  Aún no acostumbro a oír su voz grave. Es raro.

—¿Cómo has dormido?—Pregunto, mientras él me da el típico beso en la mejilla de todas las mañanas.

—Bien, ¿y tú?

  Toma las dos tazas y las pone en la mesa, y llena un vaso de agua helada para él. A mí no me gusta tomar agua por las mañanas. Demasiado fría.

—Bien—Respondo, y luego recuerdo que hoy hay, creo, un evento algo importante—. ¿Estoy drogada u hoy tienes exámen de algo?

—No, no estás drogada. Tengo exámen de Química.

    Sonrío de lado.

—Te irá muy bien—Le digo. Él heredó el ser autoexigente de Ethan, por eso siempre le doy muchos ánimos cuando debe presentar una materia o un proyecto. Es muy estudioso, y tiene buenas notas—. Además has estudiado bastante, ¿verdad?

—Ajá.

   Una vez ya listo el desayuno entero, él toma el plato con las dos rebanadas de pan y lo lleva a la mesa. Caminamos y nos sentamos frente a frente, con la tabla de madera redonda entre medio nuestro.

—¿Hoy vendrá algún amigo tuyo?

   Andy le da un mordisco a su pan.

—No.

—Oye, te hará bien despejarte un poco. ¿Quieres que te dé dinero para que luego de la escuela vayas con los chicos a tomar algo?

  Le doy un mordisco inmenso a mi pan, algo distraída. El azúcar pasa por mi garganta y la mantequilla se queda en mi paladar. Hago una mueca, asqueada.

—No hace falta. Primero: no quiero estar con los chicos hoy, estoy cansado. Y segundo; si quisiera ya tengo dinero en mi mochila. Así que no.

   Bebo un sorbo del café, tratando de apaciguar el mal gusto en mi boca. Y apaciguar un poco la mala onda de mi hermano.
Mi teléfono vibra, y Andy lo observa.

—Es Delilah—Dice, y me lo alcanza—.

  Abro al pequeño aparato y me topo con un mensaje de texto de mi mejor amiga.

  Delilah:

     Paso por tí, ¿sí? ¡Besis!
   
                                         Yo:
                       
                       ¡Bien, gracias!

¿Qué cuenta?—Pregunta. Quito mi mirada del teléfono, y lo cierro.

—Nada, dijo que pasará a buscarme.

   Cuando traje a mi mejor amiga por primera vez a casa, Andy tenía trece años. Y, se enamoró por completo de ella. Obviamente, Delilah sabe eso y siempre le da ternura el ser su amor platónico.

—Oh—Murmura, desilusionado. ¡Está muy enamorado, joder!—..

—¿"Oh.." qué? ¿Te quieres casar con mi amiga y no sabes cómo?

  Él me dedica una mirada llena de furia. Odia que lo gaste. Siempre le faltó un poquito de sentido del humor. O, bueno, quizás yo me paso un poco... Prefiero decir que le falta sentido del humor.

—Cállate.

    Suspiro y me levanto. Él desayuna más rápido que.., no lo sé. Que un perro comiendo un hueso por primera vez en su vida.. ¡Pero qué metáfora me he mandado! Bueno. El punto es que a él no le gusta pasar mucho tiempo conmigo por las mañanas. No sé el porqué. Pero no le agrada tanto, y yo, no le reprocho nada de nada. A cambio de algún que otro favor, claro. Esos son secretos de hermanos.

  Cuando era pequeñín me refería a él como una muñeca de porcelana. Tenía miedo de romperlo, pues todo estaba estallando y estallando. Pero ahora que ya no podemos perder nada y ya está mayorcito, puedo hacer lo que las hermanas mayores hacemos; manipular, extorsionar, sobornar y joder. ¡Sí! Me agrada mucho hacerlo de una vez por todas. Además me la debe. Podría irme a vivir sola pero me quedo con él, pues no es mayor de edad. Así que debe resistir cualquier tipo de trato.

   Sale de la cocina y se va al baño a lavarse los dientes y demás.., lo que uno normalmente hace por las mañanas, ya saben. Camino hasta el fregadero y comienzo a lavar el plato y las dos tazas con algo de fastidio.
No sé si pensaron que la rutina mañanera iba a ser algo como: "y estamos saltando agarrados de la mano agradeciéndole a Dios que tenemos trabajo y educación." No. Para nada. Si pudiéramos alquilaríamos pelis y pasaríamos todo el maldito día mirando la televisión.

En realidad, eso es lo que hacemos todos los domingos. Andy prepara algún pastel—Porque él heredó la habilidad culinaria de mi papá, no yo—, y yo alquilo películas. Pasamos asi horas y horas hasta que todas terminan y el maratón cinematográfico finaliza.

  
   Tocan la puerta, con cinco golpecitos atropellados. Reconozco esa manera de tocar la jodida puerta como una ardilla.

—Pasa, Deli—Grito, mientras veo su auto más viejo que su abuela a través de la ventana. Es de un color amarillo y le faltan algunos pedazos de pintura. A veces se queda barada y me toca ir a ayudarla a empujar el maldito auto desde donde sea que estemos—.

—Hola—Dice, y entra a la cocina con total confianza—, ¡Cenicienta!

  Río estrepitosamente.

—Me suena que tú serías Anastasia. ¿Cómo estás? ¿Pasaste tu noche con..

—¡Ash! A ese ni lo puedo nombrar. El innombrable, es un tarado.

—Tuviste una noche fatal—Respondo, y termino de enjuagar al plato. Lo pongo en un pequeño armario que hay al lado de la nevera, junto con las tazas—.., ¿quieres algo?

—Quiero un novio decente—Dice exageradamente haciendo una mueca. Se sienta en la mesa, y se cruza de piernas—. Pero no, de comer, nada.

   Me siento enfrente de ella, sobre la mesada. Y ambas nos miramos fíjamente.
Mi mirada cambia a una pícara cuando siento que Andy se acerca, a paso lento.

—Aquí viene tu galán, pedófila.

  Ella suelta una risilla nerviosa.
Y mi hermano aparece con su mochila en su hombro izquierdo, colgando de él como un cadáver de lo pesada que se ve. Él observa a Delilah con cierto pudor. Pero mi amiga lo saluda tiernamente con un ademán de mano y una sonrisa pequeña.

—¿Cómo estás, Andy?—Le pregunta, entretenida. Andy se rasca la cabeza con ansiedad. Quiere irse de aquí.

—B-Bueno, e-eh, estoy bien—Responde, haciendo su mayor esfuerzo. Traga en seco y parece recuperar la compostura—, estoy bien. ¿Y tú?

   Delilah me mira.

—Bien.

 

     

Eres Inefable Where stories live. Discover now