Indagar.

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Una nueva y larga noche daba comienzo en la calle Baker. Las estrellas poco a poco comenzaban a aparecer ante los ojos de la pequeña Rosie, quien yacía sentada sobre el regazo del gran detective asesor, Sherlock Holmes, que ya estaba algo cansado de cuidar a la pequeña que aún no lograba superar los tres años; la ventana abierta permitía entrar una ligera y fría brisa nocturna, los parpados del hombre de cabellos rizados pesaban como nunca puesto que ese día había estado cuidando de la bebé por varias horas ya que John estuvo ocupado haciendo compras y asistiendo a una cita que al final no había salido realmente bien.      John había llegado hace algunos escasos segundos, veinte para ser exactos, se había quedado parado observando tal escena en la que aquel gran detective se encontraba totalmente exhausto, cabeceando mientras intentaba hacer dormir a la bebé rubia entre sus brazos, sin embargo, quien poco a poco sucumbía ante el sueño no era Rosie, sino el mismo Sherlock. Watson sonriente soltó un largo suspiro para a continuación acercarse a aquel par en el sofá y retirar con cuidado a su hija de los brazos de su mejor amigo, la pequeña al percatarse de la presencia de su padre no pudo evitar emocionarse y saltar en su lugar, alzando los brazos para apurar al mayor a que la cargase.

—Hola, cariño. —dijo a Rosie para después depositar un profundo beso en su mejilla suave y regordeta. —Lamento haber tardado tanto.

—Hola, John. —saludó Sherlock desperezándose aún en su lugar, intentando despabilar para así poder hablar con su amigo al que no había visto desde la tarde, que fue cuando llegó de dejar las compras, se dio un baño y salió jubiloso, esperanzado de que las cosas fuesen bien, así que ante lo observado en la tarde se animó a preguntar: —¿Cómo te fue en tu cita?

—Me ha ido peor. —dijo paseándose con Rosie en los brazos —¿Y tú? La señora Hudson me ha dicho que no quisiste aceptar su ayuda.

—Claro que acepté, no mucha, pero acepté algo. —se acomodó en el mullido sofá en el que estaba sentado, aún algo adormilado pero lo suficientemente consciente como para sostener una conversación que luego podría recordar.

—¿Y qué hay de tus casos?

—Resolví los pocos interesantes que tenía. Debo de decir que Rosie fue de gran ayuda, a pesar de que sólo balbucea eso me recordó mucho a ti.

John sonrió ante aquel comentario, últimamente había estado pensando muchas cosas, cosas que su yo de antaño hubiese visto como meros disparates en los que no consideraría volver a pensar aunque le pagasen por ello, pero actualmente John no era aquel de antaño, ¿verdad? Por supuesto que no. Habían pasado muchas cosas desde que conoció al gran Sherlock Holmes, habían pasado por muchas cosas, muchas muertes que debieron superar juntos, pero al fin estaban medianamente en paz, por supuesto el peligro nunca se iba, después de todo continuaban resolviendo aquellos casos que tanto encantaban al sociópata y para qué mentir, también encantaban a John Watson.

La pequeña Rosie se había dormido en brazos de su padre, apoyando su mejilla en el hombro de aquel bajo hombre, aferrando sus pequeñas manos a la ropa que había abrigado aquel día a John. Se sentó en su sillón aún con Rosie dormida. Sherlock en ningún momento había apartado la mirada de ambos Watson.

Los pensamientos de John volvían a llenar su cabeza, a pesar del gran silencio que había en la habitación, en la mente de John desbordaba un gran alboroto. Últimamente había llegado a su cabeza ese pensamiento y hoy se había reforzado ante la cita fallida; la chica no era fea, al contrario, era hermosa con aquellos cabellos oscuros y su piel nívea, pero honestamente John al transcurrir la cena notó que aquella bella mujer no le llenaba, en lo que duró la cita recapacitó en que no quería a una mujer normal en su vida y que de hecho era muy peligroso si llegaba a pasar.

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⏰ Last updated: Jan 09, 2019 ⏰

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Indagar || Johnlock OneShotWhere stories live. Discover now