La tranquilidad de aquella placentera tarde de París se vio interrumpida por la persecución de Luna del Río tras un escuálido hombrecillo con una gorra de los Lakers que corría sujetando una gran bolsa de viaje de Mickey Mouse.
-¡Detengan al ladrón! -Gritaba con desesperación la morena -¡Por favor, que alguien lo pare!
La mayoría de las personas la ignoraban, puede que en gran parte porque ella hablaba español o simplemente porque no les importaba lo más mínimo si a ella le habían robado o no. Son las ventajas de vivir en un mundo de egoístas, nadie momera un dedo por ti a no ser que reciban algo a cambio. También hubo un grupo de asiáticos que hicieron fotos de la persecución.
Luna intento seguirlo hasta llegar a un enorme parque en el que le perdió la pista a esa rata. Puede que ese no fuera un buen día para llevar unos altísimos tacones y un veraniego vestido azul cielo pensó. También pensó que la idea de abandonar su casa en aquel pueblecito de Valencia y viajar hasta París para convertirse en una gran artista del pincel no habría sido tan buena idea como se le antojaba en un primer momento.
Su vida había trascurrido hasta ahora en un pequeño pueblo costero a una escasa media hora de la capital valenciana, donde el mayor peligro al que se había enfrentado eran las medusas y las algas asquerosas que llegaban a la orilla. A pesar de haber perdido de vista al ladrón ella seguía corriendo. Su cabeza estaba centrada en arrepentirse de haber cogido ese tren en lugar de concentrarse en esquivar los posibles obstáculos que pudieran estar en su camino hacia ninguna parte. Pero de eso se dio cuenta cuando ya fue demasiado tarde.
Ahora se encontraba tirada en la polvorienta tierra del parque, encima de alguien contra quien había chocado. Levantó la cabeza y lo primero que vio fue a aquella hermosa joven intentando quitarse las gafas de sol para ver mejor quien había arremetido de aquella manera contra ella. Sus ojos azules se toparon con sus ojos café que la miraron con incredulidad, preguntándose qué había sucedido. Brillaban con un toque de diversión e iban acompañados de una sonrisa cómplice.
Su sonrisa.
Su sonrisa podría detener el mundo si se lo propusiera, pensó Luna.
Una pequeña ráfaga de aire hizo que las puntas lilas de su cabello chocolate volaran por encima de su rostro, arrastrando consigo un aroma a piña colada y a un detergente de estos en los que pone suavidad y frescura en la etiqueta, un aroma que le resulto de los más particular. Notó las constantes miradas de la gente que pasaba por allí y se levantó a toda prisa arreglando su vestido y pidiendo disculpas con las mejillas a punto de ebullición.
-Perdona, iba muy rápido pensando en... lo siento, de verdad. -Su acento francés dejaba bastante que desear. -Disculpa soy un desastre.
Extendió sus brazos para ayudar a la hermosa joven, que continuaba en el suelo riendo sutilmente. La joven agarró sus manos y se impulsó para levantarse. Luna sintió una especie de chispa recorrer su piel en el momento que sus manos se encontraron con las de la muchacha. La piel de aquella desconocida era bastante cálida, casi se podría decir que demasiado. Agacho la cabeza ante la descarga y pensó si ella también la abría sentido. Algo como aquella sacudida de energía fue algo que nunca antes había sentido. Había notado como un vacío en lo más profundo de su ser se llenaba con suma satisfacción. Un vacío del cual ella no tenía conocimiento pero que aquella joven había sacado a la luz.
Por encima de sus pestañas intento dejar atrás sus pensamientos y observo el gran charco que había formado el café al derramarse. Se maldijo a si misma por dentro.
-Oh, mierda. He tirado todo tu café, lo siento mucho... ¿Pu-puedo invitarte a otro café, eh...
Volvió a elevar la cabeza y se encontró peligrosamente cerca de los ojos café de la joven, tan luminosos que hacían que París se viera más hermoso reflejado en ellos. Un ligero movimiento y podría hacer que sus labios se encontrarían con los suyos. Pestañeo varias veces intentando alejar aquella idea de su mente.
Le resultaba extremadamente difícil aparta la mirada de su perfecto rostro.
La silueta de su cuerpo se encontraba oculta tras una larga falda negra y una camisa blanca con un par de botones desabrochados que dejaban ver la puntilla del sujetador blanco, pero aun así se podían intuir las curvas tras toda aquella tela. Una mujer a la que definitivamente Afrodita envidiaría.
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Salvatore Club // Demi Lovato
Fanfiction"PARA SALIR DEL AGUJERO, PRIMERO TIENES QUE ENTRAR" Luna Deroeux, una joven con una rareza muy particular, sueña con ser una gran artista del pincel y viaja hasta París para comenzar con su carrera, pero no empieza tan bien como ella siempre había i...
