Falling for u.

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El sutil tintineo de la campanilla anunciaba la entrada de un individuo más. Este se desplazaba con tanta familiaridad dentro del establecimiento. Ordenaba lo acostumbrado y procedía a ubicarse donde habituaba. Su serenidad se instalaba en el ambiente como si fuese de su propiedad, dificultando el pasarlo desapercibido. La música de fondo, propia del lugar, se atenuaba al grado de desaparecer para escuchar su silencio.

Desprendía gracia con el simple hecho de permanecer sentado y más cuando llevaba la taza a sus labios en un movimiento recto y sin prisa, haciendo una pausa en el proceso para deleitarse con el aroma de lo que estaría por beber, mostrando una expresión tan pura y sincera que abstenía incluso al ser más perverso de arrebatársela.

La gélida ventisca, que se filtraba eventualmente con el abrir y cerrar de la puerta, se aseguraba de adquirir una temperatura superior antes de acariciar sus mejillas. Sus palmas rodearon la taza, permitiendo que el calor de esta se fundiese con el de su piel.

¿Cómo es que aquella vajilla tenía la suerte de tener un contacto con él?

La yema de su índice se deslizaba por la superficie del objeto mencionado, circulando en sentido anti horario. A veces le daba la sensación de que quería retener el tiempo, sin embargo, el resultado era el mismo.

Nada perturbaba su estancia, tampoco debía; no hasta que ambas tazas de café estuviesen vacías y le dedicara una sonrisa gentil antes de retirarse. JeongHan simplemente seguiría con la mirada su recorrido hasta que lo perdiese de vista, suspirando con arrepentimiento por nunca saber cómo corresponderle y tristeza por la persona que siempre dejaba esperando al muchacho de presencia cándida.

Pero lo que JeongHan desconocía era que el adverso lo divisaba por las mamparas de la cafetería y que era la razón por la que se había atrevido a cruzar la entrada del establecimiento y consumir el producto dentro de este. Que ignoraba los cambios de temperatura desatados porque desde aquel sitio lograba contemplar con facilidad cada facción delicada de su rostro. Que moría por recorrer con sus dedos toda la longitud de su larga y hermosa cabellera. Que le interesaba iniciar una plática sobre el libro que siempre lo veía leer. Que cuando sus ojos se encontraban, se había prometido ir y abrazarlo de una vez.

Sin embargo, Joshua era muy indeciso.

Siempre discutía consigo mismo si debería hablarle o no, concluyendo que aún no estaba preparado para ello y que sería muy forzado. La solución más factible fue ordenar una taza de café extra y ubicarla frente a él, en señal de invitación, convirtiéndose en un hábito. La respuesta siempre quedaba en el aire y solo atinaba a agradecerle, esbozando una sonrisa por permitirle admirarlo una vez más.

Empty cups; JiHanWhere stories live. Discover now