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Para empezar a lo primero que recuerdo fue un estridente e irritante ruido. Mis ojos se abrieron lentamente, no podía ver nada con nitidez. El techo de la sala era tan blanco que mis ojos dolían al mantenerlos mucho abiertos. Mi cabeza calló hacia mi derecha provocándome un leve mareo, veía todo distorsionado; me sentía ida, no me gustaba. Me enfoqué en el ruido desagradable, mis ojos viajaron hacia una máquina, mi pulso estaba siendo monitorizado ¿Por qué mi corazón iba tan rápido?
Intenté que ese ruido saliera de mi cabeza, ignoré el horrible sonido para intentar analizar donde me encontraba, aunque era obvio que me encontraba en un hospital, mi brazo derecho tenía una vía intravenosa con un líquido espeso de color azul oscuro. Quise sacarme la vía que me estaba suministrando aquel líquido raro, pero mi brazo izquierdo estaba esposado a la cama.
En ese momento no comprendía nada de lo que pasaba a mi alrededor, ¿Por qué demonios estaba en este maldito hospital?
La puerta de la sala se abrió de golpe para después cerrarse de un portazo, eso hizo que mis sentidos se agudizaran y empeorara la migraña. Me incorporé todo lo que me permitía el dolor de cabeza y las esposas, Vi a un chico llegar completamente agitado y con un hilo de sangre corriendo por su nariz, vestido con un mono amarillo. El desconocido corrió hasta la ventana y la abrió antes de que pudiera decir nada, dejó entrar a otros dos chicos de aproximadamente su misma edad.
Dos de ellos se acercaron a la camilla donde me encontraba, mientras el otro se quedaba en la puerta. Cuando los chicos estuvieron a unos pasos de mí, me aparté con miedo, sus ojos eran raros, todo en ellos era raro, no quería que se me acercaran. Cuando uno levanto su mano empecé a temer, mis piernas se acercaron a mi cuerpo y mis ojos se cerraron esperando lo peor.
Noté un leve dolor en mi brazo derecho, ¿Me sacaron la vía? Mi respiración se cortó, mis ojos se abrieron lentamente, agarré mis piernas con mi brazo y empecé a temblar un poco. Otro chico hizo que las esposas desaparecieran, literalmente, de la nada. No paraban de hablar, quería descifrar lo que decían, pero mi dolor de cabeza impedía que estuviese en mis cinco sentidos, aún veía todo borroso y mis oídos estaban demasiado sensibles. Las manos de uno de los chicos fueron a mi cuello y lo echó hacia delante, no me negué, no tenía fuerzas para luchar. Escuché un ruido fuerte, no me moví, notaba como algo detrás de mi cuello era manipulado, también sentía y escuchaba sonidos cerca de mi oído. Cada vez me notaba más mareada y más débil, mi cuerpo calló a un lado de la cama, mis ojos seguían abiertos, pero cada vez era más borroso y mi campo de visión disminuía continuamente, a pesar de poner todo mi empeño en mantenerme consciente. Se empezaron a escuchar ruidos de personas intentando entrar a la habitación, pero los chicos que entraron por la ventana intentaban impedir el paso.
Mi cuerpo acabó en brazos desconocidos, me notaba en una nube, una nube cálida y acogedora. Mis ojos se cerraron viendo por última vez el pecho del chico con el mono amarillo.
Me sentía atrapada, quería escapar.
Sentí como si algo o alguien me estuviera siguiendo por lo que empecé a correr. Mientras más seguía corriendo, más crecía la vegetación impidiéndome el paso, me paré en seco al escuchar el grito desgarrador de una mujer a lo lejos. Intenté seguir corriendo, quería alejarme de los gritos, quería alejarme de todo, pero no podía, no podía correr, lo intentaba, pero no podía escapar, solo corría en círculos, viendo las mismas rocas, los mismos árboles. No podía más, parecía que hubiese corrido por horas, pero no podía detenerme, los pasos de algo o alguien hacia mí no cesaban y eso me desesperaba. No quería que me encontrasen. Giré mi cabeza hacia atrás, divisando a lo lejos un pequeño espacio entre dos grandes rocas, corrí hacia ella sin importarme estar retrocediendo, sin importarme ir directo para estar más cerca de ese perturbador sonido. Cuando llegue estaba todo oscuro, me senté en el suelo y empecé a contar hasta 121, la solución siempre era 121.
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