No recuerdo con exactitud, pero en alguna parte de mi vida DECIDÍ ser feliz.
Fue eso, una decisión que tomé una vez entendí que *esa felicidad que todos buscamos nadie más que yo iba a brindármela. Entonces pensé que debería escribir sobre eso, y me puse a ello... Escribir por qué, cómo y cuándo decidí ser feliz... Compartir la mejor venganza jamás escrita.
Viví una buena vida, siempre teniendo motivos para sonreír, siendo amada y bendecida con salud. Claro, como cualquier ser humano, hubo altos y bajos, pero no he vivido una vida realmente difícil y aun me muestro agradecida por el dolor, las tristezas y los malos ratos, así que sí, fui feliz.
¿Se han preguntado cómo todo eso empieza a cambiar? ¿Cuándo nuestra visión de la vida sufre una metamorfosis, llevándonos al presente, a los sentimientos que almacenamos y a los pensamientos que desarrollamos? Estoy segura de que aquello empezó para mí cuando empecé a tomar decisiones. Es decir, siendo pequeño*, las preocupaciones las dejas en manos de los adultos. Eres capaz de reír, de jugar, vivir sin sentir miedo real...
Sí, el miedo real. Viene de la posibilidad de errar; ese instante donde tomas la decisión que te llevará al destino o, en su defecto y como yo lo llamo... a cagarla.
Bueno, tener temor me llevó a tomar ciertas decisiones, es verdad. Viviendo un estilo de vida fácil, bajo el cuidado de mis padres y hermanos, siendo la menor de la casa, protegida y respetada, solo debía tomar las decisiones correctas para no perder esos privilegios... Saqué buenas notas, no salí lo suficiente de casa y me mantuve en mi límite de diabluras todo el tiempo. Obtuve un título en la universidad, en una carrera corta que me apasionó en aquel tiempo y ocupé parte de mi tiempo entre empleos seguros que me permitían costear mis gastos... Era sencillo.
Incluso tomé una buena decisión al enamorarme. Él me respetaba, me adoraba y me demostraba su cariño con acciones, así que también fue una buena decisión aceptar casarme al pasar el tiempo. Por supuesto, para ese entonces él tenía un empleo estable que le permitiría vivir conmigo una vida común y... Feliz. Él no necesitaba escalar más, aunque nunca reproché por el cambio en nuestro estilo de vida como los zapatos nuevos, el cambio de departamento y las salidas ocasionales familiares.
Y yo, real y sinceramente, le amé. En el pasado, sí. Pero lo hice y eso nadie debería ponerlo en duda. Con locura, con devoción, con pasión y sin límites, yo le amé. Así que, supongo que todo el mundo se sorprendió cuando sucedió lo que sucedió... El fatídico día en que lo abandoné.
Bueno, se podría decir que el proceso tuvo diferentes tiempos de comienzo, es decir, fueron diversas y diferentes las situaciones que me llevaron a tomar esa decisión. Pero, partiendo de un punto clave en mi línea del tiempo, podría decir que todo comenzó la mañana de mi vigésimo sexto cumpleaños.
Contrario a como algunos supondrán, yo viví un matrimonio bastante complejo* y satisfactorio. Me encargaba de las tareas de mi hogar por completo durante las mañanas y, dado que nosotros aún no teníamos hijos, yo ocupaba tiempo del día para mí. Cosas como salir a pasear, ver películas o visitar a mi familia y amigos, yo podía ocupar mi tiempo en eso. Y una vez llegara la hora, volvía a casa para preparar la cena o agendar una cita en algún lugar, e invitaba a mi marido una copa, brindándonos agradable compañía. Sus días de descanso eran para mí y* tal vez algún plan familiar. Y en ocasiones nos colábamos en fiestas de extraños, solo para pasar un rato divertido. También se nos ocurrió salir de vacaciones sin planearlo y conocimos muchos lugares juntos.
También había mucho sexo en nuestra relación... Yo no me había rendido o conformado sobre la conquista de mi pareja a esas alturas de la relación, y me consideré con un apetito saludable al respecto, un apetito que compartí con él. Por tanto, mientras estuviéramos juntos y yo considerara que él no estaba cansado de su día, yo podría saltar a su regazo y seducirlo incontables veces.
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Una V en felicidad
Short StoryNo recuerdo con exactitud, pero en alguna parte de mi vida DECIDÍ ser feliz. Fue eso, una decisión que tomé una vez entendí que *esa felicidad que todos buscamos nadie más que yo iba a brindármela. Entonces pensé que debería escribir sobre eso, y...
