La mañana era soleada en el reino dorado y tanto los campesinos como los artesanos, trabajaban arduamente en sus quehaceres. El mercado del reino estaba repleto de ciudadanos en busca de víveres y elementos de contención contra los vendavales y lluvias que se aproximaban.
Cada año era la misma imagen: días antes de que las lluvias estivales cayeran sobre Asgard, sus habitantes corrían por los mercados en busca de provisiones y los campesinos, fatigaban sus fincas recolectado a toda prisa las cosechas en jornadas de trabajo interminables (ya que, de lo contrario, perderían todo, producto de las inundaciones).
Desde el seno de la familia real la orden era clara: ningún asgardiano habría de pasar necesidades o permanecer a la intemperie durante la época de lluvias, aún si eso significaba darle asilo dentro del propio palacio. Y es por ello que, año tras año, los emisarios del rey bajo el mando del mayor de los príncipes, recorrían el reino en busca de los hambrientos y desamparados para ayudar en lo que fuera posible.
Thor comandaba el mejor ejército en los nueve reinos y no en vano había recibido tal honor de parte de su padre, el rey; puesto que, además de resultar invencible en batalla, el rubio había aprendido muy bien las técnicas de ataque, la organización de ejércitos y sobre todo, las tácticas para vencer a las tropas enemigas en el campo de batalla. Montaba su caballo con orgullo y recorría las estrechas callejuelas del reino con esmero y dedicación desde hacía casi una semana. Cuando los habitantes del reino lo veían pasar, reverenciaban y quedaban admirados por su porte y elegancia. Las mujeres más hermosas le hacían la corte y se vanagloriaban aquellas dichosas que habían tenido la increíble oportunidad de pasar por sus aposentos.
Todo marchaba de acuerdo al plan y aunque los vientos soplaban con fuerza aquella mañana y Heimdall había advertido que los vendavales podrían llegar de un momento a otro, la paz y la tranquilidad reinaba entre los asgardianos.
Thor se había detenido en el centro de la plaza principal del reino a escrutar con cautela todos los movimientos y nada parecía salirse de lo normal: algunos niños jugaban alegres en grupos, los mercaderes intentaban vender sus últimas piezas y muchos reforzaban las puertas y ventanas de sus hogares.
- El sector sur se encuentra asegurado, mi señor- le hizo saber un soldado que llegaba a caballo.
- También el norte, su majestad- le comunicó otro.
El rubio asintió con orgullo y dándose por satisfecho, indicó al resto de jinetes que volvieran al palacio. Sin embargo, apenas hubo volteado su caballo, un extraño y enceguecedor haz de luz blanca se abrió frente a sus ojos a unos cuantos metros de dónde se encontraba, haciendo descender con él una desconocida silueta negra. Esta cayó tan suave y grácilmente que todos los allí presentes, juraron que se trataba del descenso de un ángel (criatura de la que muchos sabían por cuentos, pero que nunca habían visto antes).
El Dios del trueno, sin embargo, habiendo reacostumbrado sus pupilas a la molesta intensidad de aquella luz, tomó posición de batalla sobre su corcel y con el Mjolnir ya dispuesto firmemente su mano derecha, avanzó sin dudar. Pero enorme fue su sorpresa al descubrir que lo que había "caído" del cielo, no era otra cosa más que una joven de cabellos platinado cual luna brillante y tez clara y pálida como la nieve. Su cuerpo yacía tendido sobre tiernas briznas de pasto recién crecidas y por un instante, el poderoso dios la creyó muerta. Sin embargo, el pecho de la joven subía y bajaba lentamente, señal de que respiraba.
El rubio, entonces, descendió de su animal y levantó en brazos a la débil y desconocida criatura, al tiempo en que otros jinetes llegaban a su encuentro.
- La llevaremos al palacio
- Pero mi señor...
- Es una orden
El aludido reverenció con respeto, ayudó al príncipe a subirse nuevamente al caballo y acomodó a la joven entre sus brazos.
Dada la orden, la cuadrilla partió hacia la casa de los reyes ante la atónita mirada del pueblo y algunos susurros por lo bajo. Thor, por su parte, sentía su corazón latiendo y no podía evitar que los sentimientos más nobles aflorasen en su alma: cada tanto, bajaba la mirada hacia la joven y temía que aquella debilitada criatura muriera en sus brazos sin remedio. Así de frágil se la notaba.
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La caída
FanfictionUn haz de luz sumió al reino dorado en desesperación y todos corrieron. Todos excepto los aguerridos príncipes, quienes tomaron posiciones de batalla. Entonces la vieron descender con suavidad hasta tocar el suelo. Había caído de los cielos en forma...
