Sonreí ante cada una de mis memorias, diciéndome a mi mismo que mi vida fue buena.
Minnie subió a la cama, pude sentir el colchón hundirse suavemente debido a sus ocho kilos. Se acercó con sigilo a mi, como si tratase de analizarme. Cuando se dió cuenta que aún respiraba comenzó a restregar su rostro en la mano que mantenía la almohada presionada contra mi cabeza, sin muchos ánimos comencé a acariciar su suave pelaje y sus ronroneos no se hicieron esperar.
-A decir verdad.- Murmuré suavemente, creyendo que incluso sin articular el felino podría entenderme.- Nunca me gustaron los gatos.- Detuvo sus estocadas a mi mano y terminó por acurrucarse a un lado de mi sin detener el motor en su garganta que me prometía paz.
Pensé en mi pequeña y cálida familia, en sus abrazos y en sus palabras. En las comidas llenas de amor que mi madre servía todos los días. En su ceño fruncido cuando me atrapaba pasando los vegetables al plato del alfa más grande, en los tactos suaves y llenos de cariño que le hacía a mi padre. En su delicadeza y su juventud incluso cuando pasaba los cincuenta, en su suave y reconfortante olor a durazno y vainilla. Pensé en que no podría haber deseado nacer en otro lugar, deseé su felicidad por sobre todas las cosas pues esa mujer se había convertido en mi heroína. Fuerte, pura, sencilla, amable, cálida.
Pensé en mi padre y su característico aroma a tierra mojada, menta y ligeros toques de tabaco. Pensé en sus sabias palabras y su bella forma de ver el mundo. Cómo se esforzó incluso cuando todo apuntaba a su contra, cómo el amor le hizo cumplir hasta lo imposible. Recordé cuando me subía a sus hombros y corría por el jardín, cuando con sus grandes e inexpertas manos construyó aquella casa de madera sobre el viejo roble que adornaba nuestra casa. Cuando con mucha paciencia me explicaba los problemas matemáticos que debía llevar por tarea.
Son afortunados de tenerse.
De mis labios salió un quejido incontenible, estaba cerca. Lo sabía, mi lobo lo sabía, incluso los pajaros que esta tarde se olvidaron de venir a cantar a mi ventana lo sabían.
Minnie se acerco más a mi, escondiéndose en un espacio que él mismo se hizo entre mis brazos y lamió con consuelo la palma de mi mano que se había desprendido de la almohada en un intento vago de volver a acariciarle.
"Llamemosle Minnie".
Sus palabras resonaron en mi cebrero.
Reproché ante la idea y sus labios se contrajeron en un suave puchero.
"No vas a llamar al gato como tu, Jimin. Ponle algo más común, "bigotes" o "panzas" suenan bien".
"¿Quién demonios llama "panzas" a un gato?".
"Alguien genial como yo".
Su hermosa risa sonó, era mi perdición. Podría obtener lo que deseara con sólo dejarme escuchar su bonita risa.
"Minnie será. A lo mejor y así le agarras cariño más fácil".
"Eres imposible".
Le besé con tanto cariño mientras le daba la victoria.
Yo ya había ganado con tenerle en mi vida.
"No me gustan los gatos, Jimin. Sueltan pelo y roban tu atención de mi".
"Ya, hyung. Sólo estás celoso".
"El gran Min Yoongi no se pone celoso de una bola de pelos".
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I don't like cats ‹ ✨ Yoonmin ✨ › ×Omegaverse×
Fanfiction"Su esponjosa extremidad se meneaba de un lado a otro sobre mi cara, con esta noche era la cuarta seguida que ocurría. Abrí mis ojos refunfuñando, no había conseguido conciliar el sueño hasta hace un par de horas y ahora, me encontraba siendo levant...
El Gato de Jimin
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