Prólogo

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- Hace mucho tiempo, cuando nuestro mundo empezaba a surgir y la luna amagaba con guiar nuestras almas, nacieron dos almas de lobo, un alfa y un omega; los primeros, los puros, los originales.

Un lobo alfa nacido al norte, en una de las primeras manadas que existieron, creció y se convirtió en adulto. Notablemente diferente a los demás, era enorme, mucho más que los otros alfas. De pelaje tan negro como el oscuro cielo nocturno, de ojos como las preciosas esmeraldas, grande, fuerte, sabio y hermoso.

Un Alfa perfecto.

Más que digno de ser líder.

(...)

Al mismo tiempo, al sur, un pequeño lobato también crecía, una criatura hecha para dar amor: un omega. Era simplemente hermoso, aquel ser de pelaje blanco como la luna y ojos azules como el cielo, siendo mucho más grande que los demás omegas, denotaba superioridad incluso sobre los alfas. Rebosante en fuerza y belleza, un lobo tan majestuoso que hasta la luna podría tener celos de su existencia.

Pero, con un destino tan enredado como era el de aquellos dos lobos, todo se podía volver para mal. Quien hubiera pensado, que dos almas nacidas para estar juntas fuesen enemigas; las manadas del norte y el sur habían entrado en guerra. Tanto así era su conflicto que día tras día, el río de muerte crecía. Acabada en los sangrientos enfrentamientos, ya no había vida; alfas, betas y omegas, se hallaban muertos.

En fin de encontrar una última solución a aquella guerra, los líderes de ambas manadas se reunieron. Enorme sorpresa la que se llevó el Alfa del norte, cuando se enteró de que el líder de la manada sur era un omega, era ese precioso omega.

Ah, maldito sea el destino quien seguía jugando en su contra cuando cayeron enamorados.

Presos entre el odio de sus propias manadas y el amor que se profesaban, no tuvieron más opción y por el bien de los suyos, se separaron. Abandonaron a su pareja, a su mitad, solo por el bienestar de su familia, de los que los amaban.

Grave error.

Sus almas enlazadas, empezaron a morir, perdieron su vitalidad, su fuerza, su esencia. Ahora solo eran cuerpos vacíos, viviendo únicamente porque aún no podían morir. Tristes, abandonados, y sin vida, fue muy tarde cuando las manadas se dieron cuenta de aquella situación.

Ya no había marcha atrás, estaban condenados a morir.

En un último intento por salvar a sus amados Alfas, acordaron juntarlos de nuevo. Pero qué triste, lo hecho, hecho está. A mitad de camino entre los territorios, donde habían acordado encontrarse, la desgracia se volvió a tender sobre aquella pareja. Aquel dulce omega ya no podía más, sin su alfa, si su mate, no encontró salida al oscuro manto que el destino posaba sobre él. A unos instantes, solo a unos pocos instantes, de encontrarse de nuevo, aun sabiendo que volvería a ver a su pareja, fue muy tarde. Con un último aullido lo llamó, a él, quería que escuchará su dolor, su tristeza, su último Adiós...

- ¿Y qué pasó de después mamá? - Preguntó el cachorro.

- Nadie sabe... Pero se cree que el alfa murió después de que su omega partiera. No sabemos si aún en el más allá ellos lograron estar juntos. Pero nuestra leyenda cuenta que los espíritus de aquellos lobos nunca pudieron volverse a encontrar aun en el mas allá, y han de volver a la tierra en algún tiempo para poder estar juntos al fin.

- ¿Mami, y eso cuando pasará?

- No sé mi a... - Fue interrumpida por el sonido de los árboles crujiendo fuera de la casa. El viento golpeaba ferozmente las ventanas de la habitación. El tiempo parecía anticipar para mal. - Mi bebé... mi niño, mami siempre te va a amar. – Dijo volteando a ver al pequeño entre sus brazos. - Mami siempre te va a cuidar, pero mami ahora se tiene que ir con papá para ir a buscar... comida. Ahora, duérmete mi conejito.



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"Again in the World" ~Vkook (Omegaverse)La tua prossima ossessione. Scoprilo ora