Soy Irina, una joven de tan solo 17 años: tez blanca, ojos color miel, cabello castaño claro, de mediana estatura, dulce, amable, cariñosa, amorosa, cursi. Era la joven más linda, tanto física como sentimentalmente de mi pequeño pueblo natal.
A mis 17 años, era tan deseada por los jóvenes de mi edad que toda las chicas me odiaban, pero mi corazón solo le pertenecía alguien en especial, a Christian, mi novio, con el cual ya llevaba 4 años de una hermosa relación estable.
Un día, mientras caminaba a casa, vi a Christian con una chica de mi clase. Cuando vi su cabello rojo encendido, supe que se trataba de Karla, una chica como cualquier otra, lo único que la diferenciaba del resto era su forma de tratar a los hombres, en pocas palabras, era una zorra.
Toda la sangre que fluye por mi cuerpo comenzó a hervir.
¿Qué hace ella con mi novio?
Si fuese otra chica, no habría tanto problema, ¡pero es Karla! ¡La zorra de mi grupo! Habiendo tantas otras chicas, tenía que ser ella.
Los sigo disimuladamente hasta verlos entrar en la casa de Cristian, y mi sangre hierve un poco más.
Tranquila Irina, tal vez solo harán un trabajo.
No seas tonta, esa tipa se quiere acostar con tu novio.
—Peleo en mi subconsciente—
Busco la manera de poder entrar a la casa pero no consigo abrir la puerta, así que decido entrar por la puerta trasera, entré silenciosamente para no provocar ningún ruido que haga saber que estoy aquí.
Un ladrido.
¡Duque!
El gigantesco y peludo animal comienza a ladrar y a mover la cola de felicidad.
¡Cállate!
Obviamente no se va a callar, no sabe leer tu mente
Cierto
—Hablo en mi subconsciente—
—Shhh —le digo al perro—. Silencio
El perro corre hacia mi haciendo que mi ligero cuerpo caiga al suelo.
—¡Cállate Duque! —grita Christian desde el segundo piso.
El perro mete la cola entre las patas y se quita de encima mio, me sacudo el uniforme y me pongo a la estatura del perro.
—¿Por qué dejaste entrar a esa zorra? —le digo al perro mientras acaricio su cabeza.
Sonrió con gracia porque sé que no recibiré una respuesta.
Me pongo totalmente de pie y me dirigí hacia las escaleras y comienzo a subir una, por una, como si fuese un ninja.
—¡Oh! ¡Sí! ¡Christian! —escucho cuando llegó al segundo piso.
No. No. No. Tiene que ser una broma.
Camino con rapidez hacia la habitación de Christian, abro la puerta con brusquedad y veo a Christian desnudo, encima de Karla. Christian gira la cabeza con brusquedad y se queda paralizado al ver mi figura en la puerta.
—No es lo que crees...
—Y según tú, ¿qué creo? —digo con un nudo en la garganta.
—Pues... Que me acosté con Karla...
Imbécil.
—Yo no creo eso, yo creía que le estabas dando clases de sexo —dije con sarcasmo—. Ambos se pueden ir al carajo.
Salí de la habitación con las lágrimas bajando por mis mejillas, baje las escaleras con rapidez y salí de la casa con un terrible hueco en el corazón.
¿Por qué? ¿Por qué? Yo siempre le di todo, amor, comprensión, cariño, mi atención, ¡todo! ¿Y así me paga?
Llegué a mi casa, mi madre esta en la cocina y se da cuenta de mi presencia ya que al entrar azote la puerta a mis espaldas.
—¿Irina? —sale de la cocina.
Yo no le hago caso, quiero llorar, quiero estar sola, quiero desaparecer por un momento.
—¡Hija! —grita mi madre a mis espaldas—. ¡Irina!
Subo las escaleras con rapidez, llegó a mi habitación, cierro la puerta a mis espaldas para después ponerle seguro.
—¡Irina! —grita mi madre del otro lado de la puerta— ¡Irina! ¡Abre la puerta!
—¡Déjame sola! ¡No quiero ver a nadie!
—¡Hija! Por favor, ¡abre la puerta!
Me tumbo en mi cama y comienzo a llorar, me tapo con las cobijas esperando quedarme dormida, y al despertar decir:
"Solo fue un sueño".
YOU ARE READING
El Principio Y El Final De Una Promiscua
Teen FictionUna promiscua es aquella persona que mantiene relaciones sexuales con diversas personas, y eso es Irina. Su promiscuidad la lleva a quedar embarazada de un desconocido y al mismo tiempo encontrar su verdadero amor. OBRA ORIGINALMENTE MÍA. NO SE ACEP...
