>Capítulo 1

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Un bache. Lo que necesitó Ellie para despertarme. Abrí los ojos con pesadez, era de día ya. Piqué en el cristal que me separaba de la cabina de conducción.

—¿Qué pasa, tío?— dijo en tono amistoso, Tommy.

—¿Cuánto lleva Ellie al volante? No me digas que desde que salimos...— la cara de circunstancias de mi hermano me dejó claro mis temores—. ¡Ellie, frena!— grité por encima del motor, y la chica me hizo caso.

—¡Uo! ¿Qué pasa?— los ojos de la chica me observaban sin comprender.

—Baja, conduzco yo.

—¿Qué? Espera, ¿qué?— no comprendía, como de costumbre. Así era aquella adolescente mayor de edad—. Joel, no. Hace nada que he cogido el volante. ¡No es justo!— en ese momento se escuchó el característico sonido de infectados atraídos por nuestras imprudencias.

—Venga, tú atrás. Te divertirás más intentado pegar unos buenos tiros a esos chasqueadores— ella bajó haciendo rodar los ojos y alzando las manos como si aquello se tratase de un atraco. La idea no la entusiasmaba pero no iba a dejar que condujera alguien que no había dormido en más de 12 horas.

Puse en marcha el motor y en nada empezamos a escuchar los tiros de Ellie. Nos largamos de ahí tan rápido como aquel cacharro nos lo permitió. Los tiros cesaron pronto.

—Eres muy duro con ella— me recriminó Tommy. A pesar de todo, era una reprimenda vacía.

—No puedo creer que la dejaras conducir tanto tiempo— él se encogió de hombros—. Entiendo que esté progresando en esto, que te guste ver cómo aprende bien y rápido lo que le enseñas; pero sigue necesitando sus horas de sueño.

—Lo sé, lo sé— dijo él entre risas—. Sólo digo que vuelvas a darle aquella pequeña confianza de antes. O de lo contrario se pondrá en tu contra. Ya sabes cómo son a estas edades. A pesar de que haya madurado antes que todos nosotros.

No dije nada, no respondí. No podía llevarle la contraria porque tenía razón, pero no se la iba a dar. Había vuelto a aquella sobreprotección tras lo ocurrido con Eddy. Y la verdad, me costaba volver a antes, a cuando podía dejar de tenerla en mi campo de visión por prácticamente todo un día. ¿Cómo podía hacerlo, si había visto aquel día, en sus ojos verdes, la misma mirada que cuando el maníaco David se la llevó?

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