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Miré hacia atrás por segunda vez para asegurarme de que se había ido. Y si, ya no estaba. Con la manga de mi camiseta sequé la única lágrima que me había permitido llorar y respiré intentando calmar mis pulsaciones.

-Señorita, debería darse prisa.-interrumpió la azafata mi monólogo interno.

Sin vacilar más me adentré en el pasillo que me llevaría al avión. Sujeté con más fuerza la asa de la maleta y caminé con seguridad.

-Buenos días, que tenga un buen viaje.-me dijo aquel hombre trajeado, como a todos los que habían subido al avión. Por lo menos parecía tener buena pinta como piloto.

Me senté en mi asiento correspondiente agradeciendo que fuera al lado de la ventana y suspiré. Suspiré porque me sentía un poco mejor al poder dejar este país lejos de mi, porque podría vivir un poco más tranquila en mi nuevo destino. Suspiré de puro alivio...

Cogí el iPod y puse a reproducir la lista de canciones depresivas que me caracterizaban. Y así me quedé esperando a que pasaran las horas de vuelo lo más rápido posible.

Ese deseo no fue cumplido.

El vuelo me había parecido eterno y agotador ya que no había conseguido pegar ojo en ningún instante. Las doce horas más largas de mi vida. Pero por fin estaba en tierra esperando a que pasaran mis maletas. Por lo menos sólo eran dos más sin contar la que ya llevaba en la mano.

Cuando por fin cogí mis maletas me dirigí a la salida de aquella gran sala de recogida de equipajes. Al otro lado de aquella puerta había otra sala donde supuestamente esperaban los familiares, amigos o parejas. En mi caso era aquel taxista que sujetaba un cartel que ponía:

Lauren Jauregui

Me acerqué a él y le expliqué que yo era la persona a la que esperaba. Salimos del aeropuerto y le di la dirección a la que debía llevarme. Sólo fue media hora de trayecto en la que yo admiraba por la ventana la preciosa ciudad. Ya se estaba haciendo de noche por lo cual al llegar podría ir directamente a dormir.

-Señorita Jauregui, ya hemos llegado.-dijo el taxista.

Le pagué dejando una generosa propina y salí del coche. El piso donde me alojaría era bastante lujoso ahora que lo observaba. Parecía un buen barrio y no había demasiado tráfico ni mucha gente andando por la calle. Sin duda alguna un lugar tranquilo y bonito.

Me adentré en el piso llegando a recepción, había una mujer joven con expresión aburrida mirando hacia el ordenador que tenía al frente. Me acerqué.

-Perdone, ¿podría decirme en qué piso se aloja Normani Hamilton?-pregunté a la mujer llamada, según decía la placa de su camisa, Paula.

Soltó un suspiro de frustración sin dejar de mirar al ordenador. Como no me contestara rápido me iba a enfadar y se lo acabaría sacando a golpes.

-Veo que le pagan por nada.-dije seria.-¿Me va a contestar a lo que le pregunté o qué?-seguía sin dirigirme la mirada y su rostro seguía con la misma expresión aburrida.

-Mire, no le puedo dar información de los residentes así que larguese sino quiere que llame a la policía.-habló con aires de suficiencia y sólo escuchar su voz me hizo querer golpearla. Era una voz muy aguda e insoportable.

Cuando clavó sus ojos con los míos vi como el miedo comenzaba a recorrer su cuerpo. Una de las pocas cosas que había heredado de mi padre era la mirada asesina. A veces, aún que odiara a mi padre, le agradecía mentalmente que me hubiera dado semejante poder.

Al final me dijo lo que quería saber e incluso me ayudó con las maletas. Al llegar a la puerta de Hamilton, la mujer me pidió disculpas por última vez y se fue por donde vinimos. Supongo que a su puesto de trabajo.

Dark secrets (Camren)Tempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang