Capítulo 0

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10 MESES ANTES

Me acurruqué en el sofá con la manta por encima mientras reía de la broma que había hecho Marcos desde la cocina. Alcancé el mando y empecé a buscar una película que me interesara de los centenares disponibles.

—Deja que lo adivine —le dije alzando un poco la voz para que me oyera—. Esto de tener tantas películas disponibles es cosa de Héctor, ¿verdad?

Oí cómo abría la puerta del horno y, poco después, el ruido de las palanganas.

—Yo no pagaría diez euros al mes para ver películas, ya lo sabes —respondió mientras cortaba las pizzas, o eso intuí por los ruidos que hacía—. Elige la que quieras, ahora vengo.

Pasé un rato leyendo los argumentos y echándole un vistazo a los tráilers, pero pocos minutos después oí a Marcos apagar la luz de la cocina y entrar en el salón. Dejó la bandeja con los trozos de pizza en la mesita que tenía delante del sofá y me quitó la manta de encima, por lo cual yo me quejé y solté una especie de gruñido.

— ¿Tienes frío? —Preguntó mientras se hacía un hueco detrás de mí en el sofá, tumbándose y pegando su pecho a mi espalda y echándonos la manta por encima—. ¿Y ahora?

Me reí y le di un codazo, a lo que él respondió envolviendo mi cintura con su brazo.

—Ahora no tanto. —Allí me sentía bien, segura y querida. Estar con Marcos significaba paz—. Todas formas no te pongas tan cómodo, ¿eh? La pizza se va a enfriar.

Intenté incorporarme, pero Marcos no me dejó y me volvió a acercar a su cuerpo.

—Oh... Me dejas por comida —bromeó mientras me acariciaba distraídamente el vientre—. Aún queman, las acabo de sacar. A ver, ¿qué película has escogido?

Solté un resoplido mientras empezaba a buscar alguna. Llevaba diez minutos mirando y ni una me convencía.

—Sabía que aún no te habrías decidido, y eso que me ha dado tiempo a hacerte la cena y todo. —Me quitó el mando y empezó a bajar por la lista de películas tan rápido que no me dio tiempo siquiera a leer los títulos. Luego paró y le dio al play a una película al azar sin pararse a mirar siquiera el argumento—. Ala, arreglado.

Así era Marcos: conciso, directo. No le daba muchas vueltas a nada, lo tenía todo muy claro. ¿Yo? Yo era lo contrario. Siempre he tenido tendencia a plantearme mucho las cosas, incluso las más insignificantes. ¿Marcos? Marcos no. Quizá por eso conectábamos tan bien: éramos opuestos.

Esa noche su jugada al azar no le salió bien y después de terminarnos la cena, decidimos dejar la película en pausa de tan mala que era y ponernos a hablar. Con él nunca se me acababa la cuerda, podría estar hablando días y días con él sin interrupciones y nunca se me acabarían los temas. Me apoyé sobre su pecho, pegando mi mejilla contra la tela de su camiseta, sintiendo la calidez de su piel a través de ella.

— ¿Por qué Héctor no vendrá hoy a dormir aquí?

Héctor era el mejor amigo de Marcos y su compañero de piso. También era mi amigo, de hecho gracias a él nos conocimos, aunque de eso hacía ya casi tres años. Disfrutaba de la intimidad que nos ofrecía tener la casa para nosotros solos, pero me extrañó que no pensara volver a dormir.

—Ha ido a visitar a su hermano y de paso va a quedarse allí a pasar la noche —respondió mientras me acariciaba la espalda por debajo de la camiseta de forma distraída—. Es una hora de viaje en coche, así que ha preferido quedarse y de paso aprovechar el tiempo y ver al resto de la familia.

Sonreí y colé la mano por debajo de la cinturilla de su pantalón. Aún con la cabeza apoyada en su pecho, la ladeé y lo miré. Noté cómo reaccionaba a mi tacto, anticipándose a lo que sabía que pasaría después, consciente de mis intenciones.

—Entonces hoy podremos hacer ruido...

Y sus ojos pasaron de reflejar cariño a excitación al oír mis palabras. Yo no solía ser así de directa ni así de segura, pero con él podía ser yo sin miedos. Él me adoraba y yo le adoraba a él. El sexo no se basaba en simple deseo: mediante el sexo nos decíamos que nos queríamos, intentábamos transmitirlo todo al otro, luchábamos por hacerle sentir bien. No solo se escuchaban jadeos y gemidos, también susurrábamos "te quiero", aunque no hacían falta palabras.

Marcos coló la mano por debajo de mi pantalón y me apretó contra él.

Y lo que pasó después me lo guardo para mí, como todos los recuerdos que tengo de él y con él. Todos los besos que nos dimos, todas las palabras que nos regalamos y todo el amor que sentimos. Todo lo guardo como un tesoro que nunca voy a soltar. 

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⏰ Letzte Aktualisierung: Mar 12, 2019 ⏰

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