Capítulo 1: Un héroe en el Viejo Mundo.

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Nueva ERA. Recuerdo del protagonista.

  Nuestro Viejo Mundo se asemejaba a todo un paraíso compuesto de paisajes con variadas fisonomías y deslumbrantes panoramas. La belleza de los extensos terrenos naturales, únicos e incomparables, eran legado de lo que un tiempo abarcó todo el planeta. Hoy en día, sólo queda una porción habitable de éste, algo así como un Cuadrante Iluminado que se salvó de la ira de los Dioses.  

 No pudo saberse con exactitud qué sucedió. Años atrás,la devastadora guerra entre las pueblos habitantes y los Invasores había acabado con todo. Los incesantes combates habían despertado la furia de la naturaleza, pisoteada por ejércitos, machacada para aprovisionar guerreros y destruida sin fin por doquier. Cuentan los ancestros de nuestro pueblo,que un día el Viejo Mundo se cobró venganza por sí mismo, y no dejó nada. Casi la totalidad de la tierra se oscureció por nubes en demasía, ocultando al mismísimo sol. 

Algunos relatan que no fue la naturaleza ni los Dioses, sino una artimaña propia del pueblo Invasor. He oído que el mítico ser de Aura resplandeciente intentaba controlar la mente de la criatura más poderosa que jamás haya existido, para utilizarla contra nuestro pueblo en resistencia. Sin poder lograrlo, la colosal bestia enfureció y golpeó la tierra con tal ira que desgarró el propio corazón del mundo. Volcanes y erupciones estallaron sin cesar durante días, y nubarrones de cenizas y gases se acumularon, concentrándose en el cielo. 

Fábula cierta o no, nuestro mundo no vio más la añorada luz. Densas nubes bloquearon el sol, fuente única y primordial de vida para toda la vegetación. La escasez de plantas y frutos pronto acabó con los animales, y con ellos todas nuestras posibilidades de proveernos de alimentos. Sin sol para cosechar, ni comida para cazar, los pueblos comenzaron a tener un problema mayor que combatir a los Invasores. Las temperaturas descendieron rápidamente y regiones enteras se helaron. La propia subsistencia estaba en juego. Reinos enteros, habitantes e Invasores sucumbieron ante el hambre y las tinieblas.  

  Cuentan nuestros ancestros que los pocos que sobrevivieron le debieron su gracia al azar. Sin entender que sucedía, el Rey Hilarión del Viejo Mundo dejó todo por salvara nuestro pueblo. A medida que en las alturas se apelmazaban nubes y regiones enteras se oscurecían, ordenó a todas las comarcas desplazarse rápidamente a zonas aledañas, donde la claridad del cielo persistía. Los pobladores se fueron conglomerando en pequeñas aldeas y ciudadelas que aún contaban con luz, aunque la vida era sin más caótica. Con alimentos escasos para tanta plebe, harto desesperante las nubes y la oscuridad se acercaban por el oeste mes tras mes.Siendo estos ya los últimos rincones bajo dominio de nuestro antiguo Reino, y de la propia luz, ocurrió la mayor tragedia.   

  El Rey Hilarión ordenó desestimar la guerra y cruzar terrenos neutros y enemigos, siendo ahora mayor amenaza la propia oscuridad y hambruna. Atrás quedaron los dominios del reino, sus castillos y fortalezas. Aunque no todos estuvieron dispuestos a marcharse. Muchos Oficiales y Lugartenientes,personas de noble rango, decidieron desoír las órdenes, y optaron por quedarse. Nunca más se volvió a saber de ellos. No sobrevivieron. O no al menos en la forma de vida que estábamos acostumbrados. Algunos creen que... es difícil saberlo, pero algunos sostienen que la reciente aparición de engendros de sangre fría, ha sido por la brutalidad con la que vivieron en la oscuridad, matándose entre sí, comiendo a todo ser vivo sin diferenciar entre hombres y animales. Otros, sostienen que son más de las criaturas conjuradas por los Invasores. Personalmente no lo creo. Lamentablemente he tenido la oportunidad de verlos de cerca, y esos seres despiadados actúan por sí mismos, sin quien los controle.

  En la Nueva Era, o así llamamos a lo que queda del Viejo Mundo, hace ya añares desde que alguien se aventura por fuera del cuadrante aún iluminado. Los más ancianos puntúan que en las breves expediciones sólo dan con rastros de cadáveres y esqueletos de antiguos animales y personas, en un ambiente helado y sombrío. Ya no hay nadie que pueda atravesar ni andar por las tierras oscuras. Quienes han osado explorar no han avanzado más que unas cuantas yardas y encarado la vuelta ante la nula visibilidad. Por más alimentos que se lleven consigo no hay manera de conservarlos, y las antorchas se apagan rápidamente ante las constantes ventiscas. Lo cierto es que no hay motivos reales por los cuales volver. Quienes han permanecido allí por mucho tiempo han muerto de seguro.Incluso los temibles Invasores, azotes de nuestro mundo, han escapado de la oscuridad. 

La E.R.A.: Eterna Rabia de los Antípodas IStories to obsess over. Discover now