Las luces eran demasiado brillantes.
No sabía cuánto llevaba sentada mirando a la nada. Todo parecía lejano, como si mi noción del tiempo hubiera desaparecido. Mis extremidades estaban adormecidas. Solo existía una sensación, el recuerdo fresco de la incesante lluvia golpeando mi cara... y el olor de la sangre.
—Empiece desde el principio —la voz del oficial me trajo por un segundo de regreso.
El cubículo no era más que un espacio improvisado.
Una camilla vacía a un lado, una bandeja metálica con instrumentos olvidados y esa cortina delgada que apenas lograba aislar el resto de la sala de urgencias. A través de ella se filtraban voces, pasos apresurados, el pitido constante de los monitores.
Ahora podía oler el antiséptico, todo era más real.
Mi cuerpo temblaba ligeramente por el frío de la ropa húmeda pegada a mi piel, o por el shock, no estaba segura. Miré mis dedos manchados de sangre seca sobre mis piernas.
—Solo estaba esperando a que pasara la lluvia —murmuré—. Quería llegar a casa.
El oficial de pie frente a mi no dijo nada. Solo anotó.
—¿Y el hombre? ¿Lo había visto antes?
Negué lentamente antes de responder. Por un segundo, volví a verlo caer.
Su cuerpo contra el asfalto.
Tragué saliva.
—No, pero vi... cuando lo hirieron.
Silencio.
El oficial intercambió una mirada con su compañero.
Apenas si podía recordar. Era tan imposible como en la misma noche yo regañaba a Sara por engañarme a aceptar la más vergonzosa doble cita de mi vida, y al segundo siguiente estaba atrapada en mi auto presenciando un posible asesinato.
—¿Se salvará? —pregunté, incapaz de contenerme.
Hubo un breve silencio.
—Aún es pronto para saberlo —dijo finalmente —. Ahora necesitamos que nos cuente con detalle lo sucedido.
El aire pareció desaparecer de la habitación.
Nada estaba claro en mi cabeza, solo existía una cosa, una pregunta:
¿En qué diablos me había metido?
...
La lluvia caía con fuerza, golpeando el parabrisas con una violencia constante. Me acomodé en el asiento de mi auto, apenas lograba ver más allá de las luces distorsionadas de la calle.
No debía estar ahí.
Giré mal. Tomé una calle equivocada, quizá varias. Decidí que sería mejor aparcar y esperar antes que sufrir un accidente en la concurrida ciudad.
Pero terminé frente a un callejón oscuro de una calle vacía.
Estuve quizá veinte minutos esperando con el motor y las luces apagadas. Por mi mente pasó dormir un poco. Después de un largo día de trabajo eso es lo que me esperaba al llegar a casa, pero fui engañada para ir a una cena donde me esperaba una cita propuesta por mi mejor amiga. Me reí, tenía buenas intenciones, aunque a veces rebasaba mis límites.
Entonces pasó.
Al principio eran sombras. Luego escuché los golpes.
Secos. Brutales. Acompañados de quejidos de dolor.
Mi respiración se detuvo.
Mire al gente y dos hombres ya rodeaban a alguien. Apenas distinguí las siluetas. Lo tenían inmovilizado mientras lo golpeaban. Estaba paralizada.
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Malas Decisiones
RomanceCamille había aprendido a convivir con los recuerdos que alguna vez la destrozaron. Convertirse en enfermera y construir una vida tranquila, parecía finalmente estar funcionando. Hasta la noche en que encuentra a un hombre malherido y decide salvarl...
