El efecto relajante del alcohol era dueño de mi cuerpo, su agarre se imponía cada vez más sobre mis extremidades, el murmullo iba desvaneciéndose progresivamente; Las luces ya no brillaban, la música ya nos sonaba, la tensión aumentaba y mi control se agotaba.
El frío calaba en mi cuerpo, su toque se esparcía por todo mi alrededor. El sentimiento de pudor no se expresaría hasta la mañana siguiente, pero yo no paraba de ver la gotera de la canaleta y mis intentos de salir eran en vano.
Las penetraciones no paraban, el seguía ahí, dentro de mí, sin ningún ímpetu se apoderaba de todo, quitándome lo poco que me quedaba.
Recobrando un poco de fuerza, me levante de ese piso frío y mojado. Solo tenía que llegar a casa, recuerdos sueltos y sin sentido me abrumaban; la visión se me nublaba y mi fuerza disminuía.
Desperté de la nada, sudada y con la ropa desgarrada. El dolor, ese dolor, era el peor que podía existir, y la sangre esparcida sobre la cama me perturbaba en cada mirada. Los días pasaban y las pesadillas se volvían más frecuentes, cada noche se repetían las mismas imágenes en mi cabeza, esas en las que el cellaba mis gritos y sus jadeos se expandían; aquellas, en las cuales sus fluidos terminaban sobre mi y mi piel como un pegajoso gel; Y la forma en que el se retiraba y yo quedaba rendida sin aliento.
El temor me superaba, ya era el momento de revelarlo, ya no podía mantener escondido el secreto.
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Sálvame.
Misterio / SuspensoUn relato profundo, confuso y un poco perturbador. En esta historia se pueden mezclar las cartas del amor y el terror. Simple, oscuro y corto. Una nueva expresión del dolor.
