Sus miradas me discapacitaron.
Con su primer observar logró intimidarme.
Sufrí descomposición al instante después de que me tocara la piel con su mano izquierda.
El era la muerte.
Y cuando me abrazo, desvió su vista de nuevo hacia mi.
Observante se introdujo en mi universo.
Allí sentí una enorme energía; era como volver a nacer, como llorar después de algunas palmadas en los omóplatos, como germinar por fin. Acarició mi espalda con sus dedos derechos, logrando la vuelta de lo que yo tanto anhelaba, lo misma que se había perdido en un olvido insufrible.
El era la vida.
Cuando bajaba la mirada se le notaba triste y eternamente angustiado.
Tal vez se había reflejado alguna vez en las aguas, dejándose a si mismo en el limbo de la propia soledad, evacuado por su propia grisácea mirada.
El era la oscuridad.
Pero cuando recordaba que estaba allí conmigo, levantaba de nuevo la mirada, llenando sus ojos de lágrimas alegres y un enorme sentimiento afectivo hacia sí mismo.
Lagrimeaba con sonrisas y permanecía paralizado frente a mi, elevandome por el cielo con sus enormes alas plateadas. Tocando el cielo con apenas las puntas de los dedos, supe que su abrazo era lo que nunca tendría.
El era la luz.
Él era en sí, perderse por las noches en un inmenso bosque de melancolía, donde la luna es el único brillo que pueda amparar a nuestras almas.
Vestía de azul celeste para revivir a los que fueron difuntos e incluso a los que continuaban muriendo.
Tenía la mirada gris y enorme, nos embestía con sus ojos de dualidad, nos confundía y luego de golpearnos nos asesinaba, para que viviéramos solo dentro de el, olvidándonos de toda existencia individual.
El era Deus, el inmortal.
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For the love of life
PoetryDesde tan antiguos tiempos, cuando todo era oral, la literatura ha sido el núcleo de nuestra raza; cada tribu y cada pueblo necesito de ella para ser reconocidos y hacer que trascendieran sus creencias, leyendas y pensamientos. Al surgir la poesía...
