Año 1852.
Sur de Londres...
-¡Maldita seas, Eleanor! -farfulló Dalhia frustrada, viendo cómo su hermana se había vuelto a quedar inconsciente, como tantas otras veces, con la frente apoyada contra la columna del arpa.
Y no era para menos. La posición en la que estaba no podía resultar más incómoda, su espalda se encogía ligeramente hacia adelante y los brazos se suspendían en el aire, como si permaneciera atrapada en un instante infinito. Eleanor se asemejaba a una estatua viviente de la antigua Grecia, con su cuerpo petrificado y rostro invadido por la calma más absoluta.
Ya era costumbre...
-No se preocupe -decía Mariam, la criada, en un intento por calmar a Dalhia-, yo la ayudaré a llevar a la señorita Hudson a su cuarto.
-¡Estás loca si crees que voy a dedicar un solo minuto más de mi día a cuidar de mi hermana! -protestó la más joven con una expresión de incredulidad en su rostro.
No era común que accediera a ayudar a su hermana, pero sabía que si se negaba, tendría que soportar las interminables reprimendas de su padre. Y eso era algo que quería evitar a toda costa, entre muchas cosas porque afuera le esperaba una cálida tarde de primavera, perfecta para dejarse caer sobre el amplio césped que se extendía por los confines de la imponente propiedad de los Hudson.
-Esto me pasa por haberme ofrecido a ayudar la semana pasada... -susurraba apenas audible, mientras lamentaba su decisión.
-¿Ha dicho algo, señorita Dalhia? -la cuestionó Mariam.
La joven negó con la cabeza. Solo una vez se ofreció a cargar con Eleanor y los criados parecían haber adoptado su acción por costumbre.
-Está bien... -cedió con cierta resignación.
Ambas hermanas habían crecido junto a Mariam, quien no solo cumplía el papel de criada, sino también el de figura materna. Debido a esta razón, se le otorgaba el privilegio de ejercer cierta autoridad sobre ellas.
Y hasta cierto punto...
En mitad de dicho pensamiento, alguien impidió que Dalhia diera un paso adelante.
-¡No se preocupen! Yo me encargaré de llevarla a su habitación.
Era Nolan, el mayordomo de la familia.
Nolan suponía una presencia constante en cada situación en la que la menor de las gemelas más lo necesitaba. Al igual que un ángel guardián silencioso, dispuesto a protegerla y ayudarla en todo momento, solía aparecer en el momento más inesperado.
-Agradecemos su ayuda, querido Nolan -decía Mariam, mientras dejaba escapar un leve suspiro de alivio-. Cargar con la señorita Hudson nos llevaría una eternidad.
El hombre asintió con la cabeza y con sumo cuidado, levantó el delicado cuerpo de Eleanor sobre su hombro. Se dirigió escaleras arriba, sintiendo la mirada de ambas mujeres fijas en él.
-¿Ahora puedo irme? -espetó Dalhia en cuanto los perdió de vista.
La criada no respondió, simplemente asintió.
Era sorprendente lo diferentes que eran ambas hermanas, pese a haber nacido con apenas un minuto de diferencia. Era innegable que existía una marcada disparidad entre ellas, dado a que la diferencia entre ambas era notable, no solo a nivel físico sino también personal.
Dalhia constituía la cara visible. Su presencia era sinónimo de éxito y a menudo atraía la atención de los círculos más prestigiosos de la alta sociedad. Su naturaleza extrovertida la convertía en un imán para la atención; su indudable belleza y rebelde cabellera color caoba capturaba más de una mirada, mientras sus ojos eran como cristales de mar. Eleanor, en cambio, encarnaba lo opuesto. Su carácter esquivo y reservado la llevaba a preferir la soledad. Podría decirse que era una solitaria empedernida, acostumbrada a refugiarse bajo la sombra de su hermana.
BẠN ĐANG ĐỌC
Silent Pulse | Yoongi (BTS)
Kinh dịYoongi y sus hermanos abandonan su país de origen para mudarse con la nueva pareja de su madre a la ciudad de Mensfield. Allí convivirán junto a dos hermanas gemelas que esconden, al igual que ellos, un siniestro pasado. En el presente, continuarán...
