Habían pasado dos años.
Exactamente dos años desde que el profesor se marchó.
Ahora podía decirlo perfectamente. El profesor Layton se había ido. Le había abandonado. Como quien se da cuenta que ha estado malgastando precioso tiempo de su vida en algo que no vale en absoluto la pena.
Era una actitud pesimista el pensar de esa forma, pero así fue como sucedió.
-Luke, cariño. No te quedes muy atrás. Va a llover y queremos regresar pronto a casa, ¿si?
El niño levantó su mirada al salir de sus pensamientos y siguió rápidamente a su madre, Brenda.
Luego de que el profesor se marchó ya no pudo seguir viviendo en su apartamento, y mucho menos sólo. Su padre Clark fue a buscarle, sin querer contarle demasiado de lo que estaba pasando. De lo que le estaba pasando a Londres y ahora vivía con su madre en el hogar que tenían allí, mientras su padre trabajaba en altos cargos del estado.
Su madre sabía lo mucho que le había dolido esa marcha. Ese rotundo corte en al conexión con su profesor. Ya ni siquiera le animaba hablar con los animales, casi ni los escuchaba en aquellos tiempos tan tristes. Por eso ella intentaba animarle. En aquellos dos años estuvo con él y su relación con su madre se había estrechado. Casi se había olvidado del profesor...
Casi.
Debía admitirlo. El primer paso es la aceptación o eso dicen, ¿no? Le echaba de menos. Su forma de ser, su paciencia y tranquilidad, su actitud paternal y segura hacia él. Porque sí, Hershel Layton había sido como un padre para él, pero sobre todo había sido su mejor amigo.
Nunca desconfiaban el uno del otro, siempre habían resuelto cualquier problema por simple que fuera juntos. Cuando le admitió que podía hablar con los animales, Hershel no se lo cuestionó, no dudó en su palabra. Confió en el desde el primer momento. Aquello había sido muy importante para él.
Los recuerdos, los buenos recuerdos no se iban y por ello, por mucho que las noticias y periódicos dijeran, Luke Triton no podía dejar de extrañar al hombre que alguna vez fue su profesor y el mejor amigo que jamás tuvo.
"Rápidamente abrió la puerta. La cabina se veía agradable, cómoda y hogareña. Con una sonrisa llena de ánimo se lanzó a correr y entró, dando vueltas para ver todo.
-¡Este lugar es increíble! -dijo el muchacho divertido, viendo al hombre que comenzaba a entrar junto a él con cuidado de su sombrero.- ¿No lo cree así, profesor?
Hershel Layton tenía una sonrisa agradable, dispuesto a disfrutar de un viaje que aunque no era de placer, seguro tendría agradables vistas.
-Francamente. -contestó observando el vagón que les había tocado.- Por eso dicen que el Molentary Express es un yate de lujo sobre raíles.
Para cuando observó a su aprendiz, este estaba en los sillones saltando con gran alegría.
-¡Hahaha! ¡Es maravilloso! -comentaba entre risas.
Layton sólo sonrió de manera comprensiva.
-Luke, un verdadero caballero siempre debe mantener la compostura. Esté donde esté."
El profesor siempre le daría consejos de ese tipo y él siempre los tendría presentes. Como si fueran normas inquebrantables. Y mientras los periódicos y noticias no le contaban y explicaban cómo en dos años el profesor se había convertido en el Primer Ministro de Londres, los recuerdos importantes seguían solemnes en su corazón.
"Observó con decisión al hombre junto a él.
-Señor Layton...-recibiendo una mirada llena de confusión y curiosidad en el nombrado.-...quiero ser su aprendiz.
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La gente cambia, pero Hershel Layton no.
FanfictionHabían pasado casi dos años desde que el profesor se marchó aquella noche de primavera. Sin explicaciones, sin sentido, y dejando a un Luke muy confuso a un lado de sus planes. Mientras que en tan breve periodo de tiempo las cosas parecen cambiar a...
